miércoles, 20 de enero de 2010

La literatura hondureña en 2010

Portada Ficción hereje para lectores castos de Giovanni Rodríguez (Mimalapalabra. 2009).

Portada Corral de locos de Murvin Andino. Mimalapalabra. 2009.
Haciendo un recuento de los libros que nos dejó el año anterior, podría mencionar que sobresale por ejemplo el debut de mimalapalabra como editorial con un poemario y una novela. Murvin Andino presentó Corral de locos, un libro áspero por su temática existencial, diría el mismo autor, (yo). Giovanni Rodríguez presentó vía internet desde España su novela Ficción hereje para lectores castos, para reafirmar su "juego" de la literatura, según dijo la noche de la presentación en el mítico antro Klein Bohemia de la ciudad de San Pedro Sula.
Para 2010 podemos anunciar algunas de las obras que figurarán seguramente en la literatura hondureña, propuestas ingeniosas y renovadoras bajo el sello mimalapalabra, como será sin duda el poemario La piel de la ternera, del limeño-progreseño Otoniel Natarén, libro recién salido de imprenta. Giovanni Rodríguez ya alista su segunda novela, Teoría de la noche, y Mario Gallardo nos presentará sus dos recientes obras Limatown blues y Escribir poesía en el país de los imbéciles. Gustavo Campos nos dará su tercer poemario, Bajo el árbol de Madeleine.
Jorge Martínez nos promete su novela El mundo es un puñado de polvo y Las causas perdidas en poesía. Karen Valladares publicará Ciudad inversa (poesía). Luis Alonso Ávila debutará con su novela Con la misma memoria. Por otro lado, Murvin Andino alista su segundo poemario, Premoniciones. Además Marco Antonio Madrid prepara La secreta voz de las aguas, su segundo libro de poesía.
Podría, además, agregar algunos autores más jóvenes que pujan por un lugar en la literatura de nuestro país, quizá Darío Cálix con Pesadillas, Carlos Rodríguez -no tan joven- con Rutina y por allí algún otro poeta o narrador que olvidé en este momento. Así que el 2010 traerá buena literatura, buena poesía y quizá el despegue de la narrativa como género predilecto de los escritores nacionales.

Maxine Swann y los hijos de la contracultura

Maxine Swann

No hay reglas para los cuatro hermanos de Niños Hippies. No hay límites, no hay horarios, no hay nadie que grite, cuando ya está oscureciendo, "hora de entrar". Lu, Maeve, Clyde, Tuck —dos niñas y dos niños— "son libres de correr hacia donde quieran cuando quieran, así que lo hacen". Se pasan la vida arriba de los manzanos, bailan bajo la lluvia, se cubren el cuerpo con barro y se secan al sol. Ven a sus padres y a los amigos de sus padres bañarse desnudos en el arroyo.
Maxine Swann tuvo una infancia similar a la de los hermanos de Niños Hippies (Emecé, 2009), en una granja de Pennsylvania, donde nació en 1969. "Una crianza sin límites te permite muchas aventuras, pero, por otro lado, te provoca miedo y mucho sentido de la responsabilidad. Tenés que formular tus propios límites", dice, vía e-mail, desde Nueva York, donde se encuentra dictando clases de Escritura Creativa en la Universidad de Columbia.
La novela está estructurada en ocho relatos, que varían de la tercera a la primera persona (en la voz de Maeve, la segunda hija de la familia y alter ego de Swann) y que tienen ritmos y tonos diferentes. Cuentan, como si alguien estuviera marcando la estatura de los niños en una pared, distintos momentos de la particular crianza de los cuatro hermanos: una visita a la casa en ruinas de los excéntricos abuelos paternos, un viaje en auto con el padre (una figura por momentos adorable y por otras odiosa, pero siempre presente) y su nueva novia, la entrada en la adolescencia y los primeros pudores. En cada nuevo relato, los hermanos han crecido uno o dos años.
El salto temporal de los capítulos tiene su correspondencia en el tiempo que le demandó a Swann concluir el libro. El primer relato fue escrito en 1997 y ganó el premio O.Henry, el Pushcart, el Ploughsares ´Cohen y un lugar en The Best American Short Stories. Luego, la escritora postergó el proyecto. "Escribí parte del libro cuando tenía 22 o 23 años, pero me di cuenta que no lo podía hacer de una manera satisfactoria. Por eso escribí otro libro y después volvía a él. Niños Hippies es entonces una suerte de colaboración entre dos personas, una en sus tempranos 20 y otra doce años mayor", dice y nombra cuáles fueron las lecturas que le resultaron fundamentales para escribir su novela. "Las historias de Katherine Mansfield sobre su niñez. También las de Ingeborg Bachmann, la escritora austríaca. Es difícil, y hasta puede ser embarazoso, hablar de la influencia de Proust. Pero como estaba escribiendo una tesis de post-grado sobre su estilo mientras redactaba esta novela, su escritura estaba permeando mi cerebro", revela.

Tomado de: Clarin.com

viernes, 8 de enero de 2010

Y usted, ¿por qué escribe?



Por: Juan Gabriel Vásquez

HAY PREGUNTAS TONTAS PERO simpáticas, inteligentes pero pedantes, banales pero interesantes, serias pero aburridas.

Entre las que recibe un escritor en el curso de una entrevista, hay sólo una que es absurda, a pesar de que parezca la más pertinente de todas: y usted, ¿por qué escribe? La pregunta parece pertinente porque el acto de escribir —ficción, se entiende— no es normal: no es normal dedicar ocho horas al día, más o menos, a imaginar en completa soledad las vidas de gente que nunca ha existido; no es normal dedicar seis años, como Tolstoi, o diecisiete, como Joyce, a contar un cuento. Y la pregunta es absurda porque hay un rasgo esencial que distingue a los novelistas (o poetas, o dramaturgos, o cuentistas) del resto de los usuarios del idioma: y es que nadie, o casi nadie, tiene realmente claro por qué hace lo que hace.
Por supuesto que todos se cargan de razones, todos hacen malabares más o menos sofisticados para encontrarle una justificación a esta actividad injustificable. William Gass, a quien estoy traduciendo por estos días, dice: “Escribo porque odio”. García Márquez famosamente dice: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Pero lo cierto es que muy pocos novelistas comienzan a escribir en la edad adulta, muy pocos deciden a los veinte o treinta años sentarse a contar una historia sin haberlo hecho de niños, y los niños, ya se sabe, no suelen preocuparse demasiado por justificar sus intereses. Es más o menos lo que decía Jean Cocteau: “Sé que la poesía es indispensable, pero no podría decir para qué”.
Estaba yo pensando en esto cuando me encontré, hace poco, con la entrevista que le dio Paul Auster a la Paris Review en 2003. Está hablando de los lectores que se vuelven escritores: “Un verdadero lector sabe que los libros son un mundo en sí mismo, y que ese mundo es más rico y más interesante que cualquiera que hayamos visitado con anterioridad. Creo que eso es lo que convierte a un joven en escritor: la felicidad que se descubre viviendo en los libros. Uno no ha vivido lo suficiente para tener gran cosa que contar, pero llega el momento en que se da cuenta de que nació para hacer esto”. Me gusta esta última línea: el futuro escritor no escribe porque tenga un tema, pues pocos tienen temas a la edad en que comienzan a escribir. La idea me parece más justa, pero sobre todo más sugestiva, que esa vieja y cansada banalidad de escribir para expresarse, esa idea más propia del Querido Diario de un adolescente o de un libro de Paulo Coelho (muchas veces superado en interés y honestidad por el Querido Diario de un adolescente: pero éste es otro problema).
En ese librito maravilloso que es Leer y escribir, Naipaul cuenta que tenía once años cuando sintió por primera vez el deseo de ser escritor, pero que durante mucho tiempo esa ambición fue una especie de farsa: Naipaul acumulaba plumas finas y cuadernos bonitos, pero no escribía nada, porque no tenía nada que escribir. La ambición de ser escritor le llegó muchos años antes de encontrar sus historias. La obsesión vino antes que el tema. Escribir como actividad gratuita, irracional; escribir como fin, no como medio. Escribir porque uno no sabe hacer otra cosa y, peor aún, porque a uno no le interesa saber hacer otra cosa. Escribir, en fin, como manera de estar en el mundo.
Tomado de: elespectador.com

jueves, 7 de enero de 2010

Las tímidas escenas de sexo de los nuevos escritores norteamericanos

Philip Roth. Foto: LeMond.fr
Por: Katie Roiphe. Prof. Univ. de N. York

LOS VIEJOS NOVELISTAS, COMO PHILIP ROTH, BUSCABAN DERROTAR A LA MUERTE CON EL SEXO
Para una cultura literaria que teme estar al borde de la aniquilación total, somos extremadamente arrogantes con respecto a los grandes novelistas masculinos del siglo pasado. Se convirtió en algo popular reprobar a esos autores, y más particularmente, ridiculizar las escenas de sexo en sus novelas. Incluso los jóvenes escritores que parecen ser sus herederos aparentes, han repudiado la virilidad agresiva de sus predecesores.
Después de leer una escena de sexo en La humillación, la última novela de Philip Roth, alguien a quien conozco arrojó el libro a la basura. No fue exactamente la furia feminista lo que la motivó. En sintonía con esta anécdota privada, limitada, hay una calidad punitiva en las críticas publicadas que siempre es reveladora de algo más grande en la cultura, algo más allá del fracaso de un escritor añoso en producir suficientes oraciones buenas. Todo esto es como decir: ¿cómo es posible que las escenas de sexo de Roth aún nos enfurezcan?
En las primeras novelas de Roth y su grupo había, en sus pasajes obscenos, un sentido de novedad, de noticia, de ruptura. A lo largo de la década del 60, con libros como Sueño americano, de Roth, y Corre, conejo (John Updike) se pensaba que sus autores estaban informando desde una nueva frontera de conducta sexual: adulterio, sexo anal, sexo oral, ménage-à-trois, todo con la excitación de lo nuevo, o al menos, de lo recién discutido. Estos novelistas escribían sobre los dormitorios de la clase media con la excitación de tener a los censores a sus espaldas, con el juicio por obscenidad de 1960 sobre El amante de Lady Chatterley todavía fresco. Estos escritores jóvenes -Norman Mailer, Roth, Updike- tomaban el tema para adultos de John O'Hara y Henry Miller, aunque con una pizca de periodismo moderno.
Los pasajes explícitos de Roth caminan por una línea fina, difícil, entre la oscuridad, el humor y la lujuria. En estas escenas hay furia, venganza y algo de sexismo común y corriente, pero son -en su fuerza, en su inteligencia- carismáticas, una celebración de la virilidad de sus protagonistas.En 1960, Updike, con 28 años, consolidó su reputación con su novela Corre, conejo, acerca de un ex jugador de básquet devenido en vendedor de utensilios de cocina. Harry (Rabbit) Angstrom tiene sexo con una amante rolliza y promiscua y vuelve a su casa, a una esposa que ebria, ha ahogado a su bebé recién nacido. Unos pocos años más tarde, Mailer le dijo a Updike que debería volver al burdel y dejar de preocuparse por su prosa. Pero ese era el don desconcertante de Updike: ser franco y estetizante, todo a la vez, la poesía y el burdel. El sello distintivo de las escenas de sexo de Updike es una dura minuciosidad combinada con belleza. Todo es rosado, y luego, súbitamente, no lo es.
Saul Bellow compartía el interés de Updike por las aventuras sexuales. Mientras que sus escenas de sexo tienen más caballerosidad que las de Roth y otros, él se las arregla para atravesar algo de su forcejeo con estas damas carnosas, más grandes que la vida. Y así regresamos a aquel ejemplar de La humillación que terminó en el cesto de basura. El problema con las escenas de sexo en el último libro de Roth no es que sean pornográficas, sino que fracasan como pornografía. Uno siente que el corazón del autor no está en la novela, que simplemente está describiendo los movimientos; uno siente al viejo maestro impaciente haciendo un mapa de las escenas, no escribiéndolas.
En este punto, uno podría pensar: que entren los hombres jóvenes. Pero nuestro lote de novelistas masculinos jóvenes o juveniles no sueña con éso. El estilo sexual actual es más infantil; la inocencia está más de moda que la virilidad, los mimos, preferibles al sexo. Las posibilidades literarias de su propia ambivalencia son las que seducen a esta nueva generación, más que lo que sucede en el dormitorio. Michael Chabon escribe: "Una mujer vestida con una minifalda de cuero verde y sin ropa interior lee en voz alta La historia de O., y la protagonista dice escrupulosamente, "Me niego a azotarte." Describe Jonathan Franzen: "El ha sido, por supuesto, un amante asqueroso, ansioso". Y, por supuesto, hay escritores como Jonathan Safran Foer que evitan las corrupciones de sexualidad adulta y eligen niños y vírgenes como sus protagonistas.
Las mismas críticas de las cruzadas feministas que objetaron a Mailer, Bellow, Roth y Updike podrían verse tentadas a tomar esta nueva sensibilidad, o suavidad, como signo de progreso, pero el sexismo en la obra de los aparentes herederos, es simplemente más astuto y seductor, y más duro de revelar. Los escritores mas jóvenes son tímidos, tan subidos a una educación liberal, que sus personajes no pueden condonar ni siquiera sus propios impulsos sexuales; son demasiado fríos para el sexo. Que un personaje crea que el sexo podría ser una fuerza de cambio, y posiblemente para mejor, sería retrógrado. La pasividad, una dulzura paralizada, una ambivalencia profunda acerca del apetito sexual, se toman como signos de una vida interior compleja y admirable. Están enamorados de la ironía.
Comparado con la nueva pureza, la parálisis tímida, la ambivalencia que se mira a sí misma, la noción de sexo de Updike como una "averiguación imaginativa" tiene una cierta grandeza desvanecida. Vivimos en un tiempo más conservador. ¿Por qué, entonces tendríamos que ser molestados por la continua obsesión con el sexo de nuestros leones literarios? ¿Por qué no miramos hacia estos escritores más viejos, que quieren derrotar a la muerte con el sexo, con la misma afición que lo hacemos con los inventores de los primeros aviones fracasados, que permanecían en la pista con sus máquinas pesadas, imposibles y miraban al cielo?
Traducción: Patricia Sar
Tomado de Clarín.com

martes, 29 de diciembre de 2009

Paul Auster: "Escribir es una manera terrible de vivir"

Imagen Diario ABC.es

Paul Auster, uno de los novelistas más importantes del panorama mundial actual y premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, no dudó ni un momento en viajar hasta León cuando le informaron de que era el galardonado en la IX edición del premio Leteo. Un premio sin dotación económica que supone un reconocimiento, por parte de los escritores que inician su carrera, a aquellos autores consagrados que consideran contribuyen a la renovación literaria del momento. Auster aterrizó el domingo acompañado de su esposa, también escritora, Siri Hustvedt, y recibió el premio, que consiste en una obra del escultor Amancio González, en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC). Después participó en una mesa redonda con el público asistente, en la que actuó como moderador el director del museo, Agustín Pérez Rubio.

En su encuentro con los medios, el escritor originario de Brooklyn se mostró tajante sobre la influencia que la piratería puede ejercer en el mundo de la literatura asegurando que «es un problema generalizado para todos, porque existe esta idea entre los jóvenes de que pueden conseguir todo gratis y no es así». Ante este panorama apostó por un cambio en la educación «para que los jóvenes entiendan que el hecho de crear tiene un precio y que hay que pagar a los artistas, porque, de lo contrario, toda la maquinaria de la creación puede pararse y tiene que haber un límite». A su juicio, la piratería podría afectar a la producción literaria a través de la copia de libros electrónicos.

Además de escritor, Auster ha dirigido películas y escrito guiones, un mundo -el cinematográfico- que asegura le hace «disfrutar» ya que lo puede compartir con más gente y eso le inspira, refresca su espíritu y le llena de nuevas ideas. Un mundo que se diferencia así del literario, que se lleva a cabo completamente en solitario. Para escribir, explica, «te tiene que gustar estar solo y sentirte a gusto con ello». Cuando trabaja, añade, no sabe dónde está ni cuánto tiempo emplea. «Estoy solo pero es como si a la vez desapareciese».

Preguntado sobre qué consejo daría a un joven escritor que se encuentra preocupado por las dificultades que presenta actualmente el mundo de la literatura, su respuesta fue rápida y tajante: «Cuando me preguntan eso yo les recomiendo que no escriban, porque es una manera terrible de vivir» y si se plantean esta pregunta es porque «no tienen por qué escribir, no están dispuestos a implicarse del todo». «Sólo la gente que realmente siente que tiene que escribir no aceptaría este consejo», añadió. Para Auster, los escritores de verdad no se preocupan por el mundo comercial y el mejor ejemplo, a su juicio, es el Grupo Leteo, al que considera «inspirador», «alentador» y ejemplo de futuro para los jóvenes, pues se trata de «un grupo de poetas que trabaja sin preocuparse por el mundo de la producción», afirmó el escritor neoyorquino.


Por Elena Rodríguez. Tomado de ABC. es

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las 10 películas del año

Escena de la película Gran Torino, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood.

Si usted fue a cine con frecuencia, durante este 2009 que está terminando, fue testigo de algunas de las producciones más originales que se han filmado en el mundo en mucho tiempo. Estas son las 10 más evidentes.


1. 'Gran Torino' (EUA) de Clint Eastwood: el icónico Eastwood ha vuelto a filmar, a los 78 años, un pequeño clásico, simple en el mejor sentido de la palabra, que contiene las obsesiones que lo han acompañado como director: el pasado, la culpa y la redención.

2. 'La duda' (EUA) de John Patrick Shanley: con la ayuda de un elenco insuperable, el dramaturgo neoyorquino, autor de Hechizo de luna, convierte su propia obra de teatro en una gran película que da cuenta de las ambigüedades morales de nuestros tiempos..
3. 'La clase' (FRA) de Laurent Cantet: de la mano de un profesor de escuela pública, el señor Marin, somos testigos de que los conflictos que suceden en un salón de clases son los mismos que sucederán, muy pronto, en los tensos escenarios del mundo.

4. '¿Quieres ser millonario'? (ING) de Danny Boyle: este habilísimo melodrama, editado con una destreza pocas veces vista, es una fábula ejemplar que prueba que la gente es capaz de hacer muchas más cosas por amor que por dinero.

5. 'Sector 9' (NZ-EUA) de Neill Blomkamp: esta extraordinaria película de ciencia ficción nos advierte que el futuro de la humanidad será idéntico al pasado: que, en muy pocas palabras, haremos lo que podamos para someter a los demás.

6. 'Vals con Bashir' (ISR) de Ari Folman: una proeza cinematográfica, un documental animado con cara de novela gráfica, que recuerda que el cine es un lenguaje plagado de posibilidades y que el arte es una buena manera de decir lo que aún nadie ha dicho.

7. 'Al otro lado' (ALE-TUR) de Fatih Akin: el director de Contra la pared ha hecho su mejor película hasta el momento: seis personajes tristes, entre Bremen y Estambul, son obligados a reconocer que la vida siempre está a punto de suceder.

8. 'Ponyo' (JAP) de Hayao Miyazaki: a partir de las leyendas del mar, y de un relato clásico de Hans Christian Andersen, el más grande director de cine animado de las últimas décadas presenta esta fábula sobre por qué el amor sí le sirve a la Tierra.

9. 'Hace tiempo que te quiero' (FRA) de Philippe Claudel: Claudel, un respetado novelista francés, se juega el todo por el todo con este drama discreto, a la Tennessee Williams, que contiene una inmensa actuación de Kristin Scott Thomas.

10. 'Up' (EUA) de Pete Docter: los primeros 15 minutos de esta comedia animada, una combinación perfecta entre el mundo de Disney y el mundo de Miyazaki, prueban que el cine está comenzando a pensar en nuevas maneras de contar historias.

viernes, 11 de diciembre de 2009

"...ni yo ni los colombianos debemos perseguir la compasión de nadie."

Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958)

A continuación reproduzco entrevista publicada por la revista Semana, a uno de los escritores colombianos más relevantes de la actualidad.
SEMANA: A propósito del nuevo libro, lo siento muy cómodo escapando de la ficción y volviendo al ensayo autobiográfico…

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: Sí, es cierto. De hecho, la novela que estoy escribiendo en este momento también está llena de elementos de no ficción y está hecha a partir de los recuerdos de un personaje, de un cura que yo conocí hace unos 30 años y que fue muy amigo mío. Tal vez, he descubierto que me siento más cómodo en algo que es no ficción o que es ficción en el sentido de que es mala memoria.

SEMANA: Sospecho que es recíproco y que el público también se siente más cercano a sus relatos autobiográficos que a la ficción. Me parece que su último libro de cuentos no fue propiamente un suceso editorial.

H.A.F.: El amanecer es un libro de cuentos y estos son menos comerciales. Sin embargo, para un libro de este tipo ha sido bueno porque ha tenido seis ediciones. Claro que no es nada comparable con El olvido que seremos. Creo que tiene razón y que es recíproco. Soy muy malo para decir mentiras. Ni siquiera cuando la ficción es pura verdad, me creen. Es que con esta cara de pelota, siempre tengo que decir la verdad.

SEMANA: Anda diciendo que quiere pasar la página de 'El olvido que seremos' y, a renglón seguido, nos sorprende con un apéndice del mismo…

H.A.F.: Sí, hay una contradicción evidente. La página, realmente, intenté pasarla en el libro de cuentos. Aunque, en el primero hay una madre que se muere y muchas personas les dieron el pésame a mis hermanas porque creyeron que seguía contando la historia de mi familia. En este caso, me resultó ineludible de todas maneras contar esa cola que le salió a El olvido. Espero que ya no haya ningún cabo suelto. Que El olvido sea un libro de mi pasado y que a mí mismo se me olvide...

SEMANA: ¿Cuál fue el propósito de reunir estos ensayos?

H.A.F.: Más de la mitad del libro es para contar esa investigación que me obsesionó durante un año, que fue la búsqueda del poema de El olvido. Es la historia de esa pesquisa. Creo que tiene un valor tanto biográfico como filológico, en cierto sentido, porque muestra algo que es importante, en el sentido pequeño de la historia de la obra de un gran poeta. También, quería hacer las cuentas con el pasado de mi estadía en Italia, sobre todo del primer momento, que fue tan difícil. Y, en el último relato, trato de enfrentarme con el futuro, ya no con el pasado, con esa incertidumbre de lo que podemos llegar a ser y de lo que no llegamos a pesar de que en algún momento de nuestras vidas pensamos que pudimos.

SEMANA: Superó muy rápidamente ese 'tour de force' con Harold Alvarado y se volvió una obsesión con usted mismo y con Borges…

H.A.F.: La pelea con Harold es una parte, un episodio que prácticamente se me olvidó y que no es lo más importante del libro. Lo que quería hacer es una especie de novela policíaca donde no se buscaba un asesino, sino que se buscaba el autor de un poema. Y es un poco también una parodia de las investigaciones filológicas de los profesores, que son interesantes pero muchas veces aburridas. También, quería imitar algunos libros que acompañan el texto con imágenes. En esta época en que se combina tanto la imagen, la multimedia y la pantalla me parecía bonito incluir los documentos y las imágenes que soportaban la investigación.

SEMANA: Con el segundo ensayo, sentí un ejercicio muy nostálgico donde, en el fondo, me da la impresión de que añora un poco a ese Héctor que deambuló por Italia, visiblemente sin conexiones y que pone los cuernos…

H.A.F.: Este relato tiene que ver con la experiencia de volver a Italia obligado, aunque nunca voy a calificarlo de exilio o refugio político. Tuve dificultades, aunque también mucha suerte. El elemento central ahí es el odio por ser compadecido. Y, por eso mismo, postergué tanto la escritura de El olvido que seremos. Porque era un libro que podía despertar compasión. Trato de mostrar por qué ni yo ni los colombianos debemos perseguir la compasión de nadie. Debemos enfrentar nuestra historia y nuestro destino. Puede que con alguna tristeza y rabia, pero sin autoconmiseración, en el fondo, fuera muy contraproducente.

SEMANA: Hay una cosa que me llama la atención y es que de nuevo intenta con este libro proponer una escritura exigente, pero destinada a públicos más amplios que los de pequeñas élites intelectuales.

H.A.F.: Sí, hay algo que a mí no me gusta de algunos de mis colegas y es la prosa demasiado limada, demasiado pulida, que se vuelve casi relamida y, marcada por una intención de complacer a lectores, supuestamente más cultos y más inteligentes que el corriente que se acerca a leer una historia y a pasar un rato agradable…

SEMANA: Pero, al mismo tiempo, la no ficción en Colombia vive un momento muy lúgubre con los narco-bestsellers, los libros de secuestrados y las tetas…

H.A.F.: Creo que este año se nos viene una avalancha nueva de libros de secuestrados. A esos libros les veo una dignidad y es ineludible que alguien, después de una experiencia tan dura, quiera escribir o apoyarse en un periodista o en un escritor para publicar su vivencia. La receta es repetitiva, pero aquí hay tantos secuestrados que… qué se va a hacer. Respeto esos libros y respeto menos los que tratan de chuparle rueda a las telenovelas de la mafia, aunque, en el fondo, no son otra cosa que guiones previos para futuros melodramas.

SEMANA: Ha pasado de autor marginal a 'best seller', de editor de revista académica a editor de prensa; de intelectual desconocido a portada de revistas. Michel Houellbecq decía que, para él, toda esa 'vedettización' fue el comienzo del fin de su escritura…

H.A.F.: Debe ser la cosa más desagradable del mundo. No sólo no la quiero, sino que me parece un anticipo del infierno. A lo mejor por eso los tres grandes escritores colombianos -García Márquez, Mutis, Vallejo- viven en México. Allá pueden ir tranquilos por la calle.

SEMANA: Pero la 'vedettización' puede tener dimensiones bien interesantes como, por ejemplo, en su caso, ganar influencia sobre la redacción de un periódico.

H.A.F.: Que le den a uno la oportunidad de opinar o de poner un titular más parecido a lo que piensa alguien que está a favor del aborto que alguien que lo persigue no me parece poca cosa. Ojalá eso no vaya de la mano con una vedettización. Aunque es un poco irremediable...

SEMANA: En su nuevo libro, juega con el Héctor que pudo ser y no fue. Le reboto un poco la pregunta con una sensación: en el fondo lo siento muy cómodo con su destino.

H.A.F.: Me encuentro en un momento muy bueno. Durante mucho tiempo, no sé por qué pensaba que era una persona amarga e infeliz. Y, últimamente, cada día me doy más cuenta de que la amargura y la infelicidad ya quedaron atrás y que no debo expiar ninguna culpa como para estar todo el tiempo declarándome desgraciado. No, estoy viviendo una conversión, no a ninguna religión. Estoy convertido a cierta serenidad y a un goce de la existencia. No soy un escritor desesperado y horrorizado con el mundo.

SEMANA: 'El olvido que seremos' es una obra mayor de la no ficción en Colombia. Pero hay quienes pronostican una suerte de maldición el tener un libro de este calibre.

H.A.F.: Si eso significa que voy a dejar de escribir, no. Voy a seguir escribiendo. Tengo muchas historias que quiero contar. Si eso significa que no voy a escribir nunca un libro que va a llegar tan profundamente a los lectores, puede que pase. Pero qué importa llegar con un solo libro al corazón de los lectores. La mayoría de los escritores no llega con ninguno. Llegué con uno, no puedo sentirme desgraciado por eso. Esto va a ser siempre una fortuna.
Tomado de: Semana.com