miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que papá y mamá olvidaron anotarnos en el libro de instrucciones para la vida

Que la soledad es una estación tardía y las estrellas descienden cuando el corazón las necesita.
Que la felicidad se vuelve inalcanzable y el amor es una lápida de años de ternura acumulada que condena a los débiles, a los menos adaptados a la vida.
Olvidaron enseñarnos esa ruta donde avanzan los grandes hombres o mujeres de nuestra vida, que la mirada es esa ventana interior donde comienzan a morir las esperanzas y que los hijos no estarían para siempre.
Cuando crecimos, cuando dejamos atrás la infancia, faltó entender la rebeldía, faltó decir que aquí los seres se dividen en personas y bestias, que los colores de la noche no nos deben confundir, que nada se vuelve a repetir y las oportunidades se aprovechan.
Olvidaron decirnos que la vida es breve y se acaba en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, olvidaron decir que tendríamos heridas, que el amor es una batalla donde ganan los valientes y el dolor de los fracasos es más amargo que la hiel. Que el mar sucumbe ante la fuerza de los enamorados, que la lluvia cae cada vez que estamos tristes y que invade la conciencia como una mancha inanimada.
Olvidaron decirnos que el dinero es una falacia atroz y la belleza desfallece ante cualquier intento de nobleza, que el silencio aguarda con el manto de la sabiduría. Que la religión es una incierta serenidad interior a la cual le importa poco quien transita desde el orden inverso de la vida. Olvidaron decirnos que la música nos haría sentir dolor, que la poesía sería la belleza predilecta y que al final la vida haría justicia en cada uno de nosotros.
Lo que papá y mamá olvidaron anotarnos en el libro de instrucciones para la vida es que el amor es una mirada, un abrazo, un beso enorme a ojos cerrados y que alguien diría estas palabras para no sentirse solo, para pensar que estará todo bien.

viernes, 23 de septiembre de 2011

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA EN CARTAGENA DE INDIAS, COLOMBIA

15 FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA EN CARTAGENA

Convocados el 1 al 5 de diciembre a Cartagena de Indias, Colombia.


María Malusardi - ARGENTINA
Murvin Andino Jiménez - HONDURAS
Kae Morii - JAPÓN
Sandra Petrovich – URUGUAY
Francisco Jesús Muñoz Soler – ESPAÑA
Alexis Gómez Rosa – República Dominicana
Laura Hernández- MÉXICO
Mairym Cruz-Bernal- PUERTO RICO
Nahid Kabiri – IRÁN
Deth Haak - BRASIL
PEDRO DE SOUZA – BRASIL
Mehmet Yashin - CHIPRE

Por la República Colombiana del Caribe
MIGUEL IRIARTE
IVÁN BARBOZA
JAIME ARTURO MARTÍNEZ
NENA CANTILLO
RICARDO BARRIOS
JESÚS BUELVAS
PEDRO BLAS
Kelly LEÓN
Dalgi Mosquera
Ricardo Olea,
Herbert Prozkart

jueves, 8 de septiembre de 2011

Irreversible

Gracias, Lempira. Foto Murvin Andino





A continuación un poema de Murvin Andino, de los trabajos recientes, ganador del segundo lugar en el certamen de los Juegos Florales de Santa Rosa de Copán 2011.












Irreversible







Yo siempre fui un adiós... Un brazo en alto, un yaraví quebrándose en las piedras, cuando quise quedarme vino el viento, vino la noche, y me llevó con ella.
Atahualpa Yupanqui







Oscurece,
se consuma la batalla
con el tiempo
y el gran espejismo que atrapa a la ciudad
atiborrada por una intolerable muralla.
Se llena la calle de silencio,
de bastardos atroces,
de reflejos intermitentes y de miserables
que transitan el olvido.
Carga la gente su dolor
-la espuma enardecida reconoce el agua
que derrama a grandes mares con insondable medida-,
y sonríe a pesar de su delirio.

La escasa luz se va difuminando,
el pecado y la agonía estrechan cada palabra,
desaparece la multitud
poseída de infinitas preguntas –irreversible-
y las llagas de la carne
también son emblemas inhumanos.
El hambre azota a la solemne figura
–el hambre es un monólogo transparente
que quebranta la belleza-.
La gran metáfora de la vida
expira con el caserío reflejando
su inocente fulgor
y la lluvia ejerce su castigo
en la catástrofe imaginaria del ser
que, incuestionable, ajeno y elocuente,
cambia su vergüenza por monedas
y coronas de piedra o cartón.

Estamos de pie ante el equinoccio
en ese frenético mar de estatuas
y corceles de ensueño,
estamos en el instante
que devasta todo y cegamos al mítico cíclope
con la materia destruida
y la elegancia de los pobres en su trajín cotidiano.
Estamos en el instante
que dejó la carne erguida
y la inútil luna que esparció en la noche sus criaturas
de fatales abrazos de acero y vísceras de plomo.
Viajamos en el camino de los magos
y otras subespecies imaginarias
que no escapan del diluvio,
de la mañana,
del sueño,
del castigo de la cíclica serpiente
y su fatal movimiento de reloj
o sus minúsculos incendios nocturnos
capaces de percibirlo todo.

El hedor -ingrata mirada del amor insano-,
irrumpe con el horror de las complejas relaciones,
pero la noche también es una inválida memoria
donde cada situación nos desdibuja,
la noche es un jardín de infinitas mariposas
y para morir se necesita una palabra,
una visión carnal del paraíso
-el paraíso subterráneo del corazón
y la menguante penumbra-
que nos acostumbre a desaparecer
al transeúnte flagelado
que delimite el poder absoluto
y la indiferencia,
la continua mentira que destruye
mientras la heroica falacia aguarda
en las prisiones
y otros resquicios de la noche sinfónica.

No tengo el dolor de todos,
pero siento el miedo del rotundo ser,
la concéntrica teoría
de la misericordia prometida
y las falsas aves que van cegándose.
No tengo el amor de quienes
dejaron todo como un secreto
y escribieron sueños
para el río que abraza
y devasta las horas
y la soledad
y las sonrisas hermosas de amantes impulsivos.
La noche inexplicable
viaja oculta en el rostro inverso
de los enigmas cotidianos
y es la misma desnudez encantadora
que esparce las esquirlas,
el irreversible laberinto de la muerte
que, sediento y nauseabundo,
arrastra todo con el asombro
del destierro entre las visibles heridas
y la sustancia que exalta la arena,
el metal,
la arteria,
la absoluta mentira,
la tormenta,
la sangre,
la desdicha
y cada noción de sentimiento transgredido
o advertido
o escupido
en las vertiginosas islas de la noche
que derrama su espesor
como una vieja lámpara que se oculta
con el efecto definitivo de lo que ya es eterno.

martes, 16 de agosto de 2011

"Una cuarta dimensión nos acerca"

Manuel García Verdecia en una conferencia en la AHS (Asociación Hermanos Saíz) en la ciudad de Holguín, una tarde del 19 de junio de 2010.



Gracias al amigo Otoniel Natarén que envió esta columna publicada hace unos días en el Portal de Radio Ángulo de Cuba por Manuel García Verdecia refiriéndose al libro de Oto que reúne poetas sampedranos y holguineros Cuarta dimensión de la tarde.


Manuel García Verdecia
Holguín, 7 de agosto de 2011

Siempre he insistido, aunque nunca será lo suficiente, en que se debe cuidar y exaltar toda acción que acerque a los seres humanos y que implique un estímulo a presupuestos éticos y estéticos que los enriquezcan. Cada día al levantarnos recibimos el impacto de mil noticias descorazonadoras que, indudablemente, nos hacen dudar de la racionalidad y sensibilidad de nuestro prójimo. Tal vez en los medios, en las artes, en las letras, con el afán de hacernos ver y reaccionar consecuentemente, se hace un énfasis excesivo en lo negativo del acontecer y el proceder del mundo. Por eso, no hay que ser remisos cuando estemos frente a acciones que se encaminan hacia territorios más amables y benéficos. Tal es el caso de la publicación de Cuarta dimensión de la tarde (Antología de poetas hondureños y cubanos).

Este libro es la flor gentil de la amistad, el goce de crear y el deseo de reunir. La idea surgió una tarde holguinera luego de una lectura de versos, en la continuación de la conversación y el afecto. Un grupo de poetas fervorosos pensó que no podían echarse a esperar por los mecanismos y las vías establecidas para conseguir una relación más enriquecedora y dialogante entre seres que se presuponían pero no se conocían. Es así que los poetas Otoniel Natarén, de Honduras, y el cubano Rafael Vilches, propusieron reunir autores de las dos naciones en un libro que concretara amistad y esperanza en la forma más sugerente, una selección de poemas. Ellos se encargaron de la selección de los textos, mientras se recababan otros esfuerzos. Luis Yuseff, el poeta que dirige Ediciones La Luz en Holguín, se encargaría de viabilizar la legitimidad del proyecto por la parte cubana. Se logró involucrar también al Centro de Estudios para el Desarrollo Sociocultural. Por allá, los poetas hondureños localizaron apoyos para la parte editorial, tarea ardua en medio de los contrariados aires que azotaron a esa nación tras el brutal derrocamiento del presidente legítimo Manuel Zelaya.

Ha sido un largo lapso de dudas y angustias pero, al fin, ya está el libro en cuerpo palpable y deleitable. Cuenta con un elegante diseño de Taimí Ocampo. Ella empleó un sugerente cuadro del pintor holguinero Yiovani Caisé (artista de amplio reconociendo y cuya sutil calidad realza los valores intrínsecos del libro) para la cubierta, donde naturaleza y arreboles de cielo sugieren el ámbito poético. Consigue una muy precisa presentación que incita a acercarse al objeto-libro. En lo interior logra la diseñadora un formato ágil, que evita tropiezos y guía la fluida lectura. La edición, muy cuidada y experta, la realizó Luis Yuseff y la corrección, Adalberto Santos. La impresión estuvo al cuidado de Otoniel Natarén, la cual se realizó por la Editorial Nagg y Nell de San Pedro Sula, en un trabajo muy profesional. Como se advierte, un equipo en que todos son poetas fue el que se ocupó del proceso de producción del libro, por tanto suman al criterio técnico el más inefable y valioso del conocimiento de la poesía.

El libro reúne textos de doce poetas hondureños y veintiséis cubanos. Aquí creo ver una muestra de la gentileza de los amigos hondureños que prefirieron quedar por debajo en la cifra. Es una pena que no se hubiera equilibrado mejor el número de autores del país centroamericano para brindar mayores matices al conjunto. No obstante, la calidad textual en ningún momento demerita el esfuerzo ni la representatividad. Por el fraterno país aparecen: Marco Tulio del Arca, José Antonio Funes, Jorge Martínez Mejía, Jessica Sánchez, Otoniel Natarén Álvarez, Carlos Rodríguez, Murvin Andino Jiménez, Julio César Antúnez, Gustavo Campos, David Mauricio Pacheco Flores, Naín Serrano y Darío Cálix. Estos, según se nos dice en la presentación, cubren un espacio etario que va de los 63 a los 22 años, promediando, según la prologuista, “los dorados treinta abriles”.

La parte holguinera es nutrida y está consistentemente representada. En ella aparecen obras de poetas ya bien publicados y premiados como Delfín Prats, Luis Caissés y Mayda Pérez Gallego, hasta autores que recién hornean sus primeros versos como Zulema Gutiérrez, Eliécer Almaguer y Yoan Ricardo. Completan la lista Manuel García Verdecia, José Poveda, Maribel Feliú, Rafael Vilches, Gabriel Pérez, José Luis Serrano, Ronel González, Alfonso del Rosario, Pablo Guerra, Luis Yuseff, Hugo González, Adalberto Santos, Yoenia gallardo, Irela Casañas, Yanier Palao, Fabián Suárez, Taimí Ocampo, Moisés Mayan, Lisandra Navas y Elizabeth Reinosa.

La antología cuenta con sendos prólogos que ubican al lector en el entorno y la médula de cada una de las poéticas presentadas. Para uno y otro se escogió a autoridades académicas que están debidamente relacionadas con el mundo creativo que se proyecta. Ambos textos introductorios son concisos pero atinados e ilustrativos. Al tratar del panorama poético expuesto por los autores hondureños, la catedrática Helen Umaña certeramente expone:

«Tres generaciones que no han volado los puentes entre sí, razón por la cual no pierden un cierto aire de familia cuyo rasgo más significativo podría ser la huida del verso dulzón o sentimental (…) Afectos a la sobriedad y a la mesura, privilegian el habla cotidiana, lo cual no es óbice para que se acuda, con gran conocimiento del oficio, al verso críptico en donde el signo deliberadamente se oscurece (…) no desdeñan, inclusive, el vocablo rudo si ese es el que dice justamente lo que se quiere decir.»

Por su parte, la doctora Maricela Messeguer sintetiza la producción poética de los holguineros en eficaz síntesis:
«Los poetas cubanos de la ciudad de Holguín que acuden a la cita (…) se encargan de transmitir toda una gama de emociones que van desde las más sutiles formas que adopta la tristeza, hasta el jubilo despertado por un amor compartido.
«En todos los casos, se observa la inquietud hurgadora en las certezas del tiempo actual, la angustia reflexiva sobre un acontecer no siempre cierto, el ansia de alcanzar nuevas coordenadas del ser.»

En los dos prólogos hay una justa sinopsis de lo específico que ayuda al lector a proveerse de una mínima orientación antes de penetrar los laberintos creativos expuestos.

Lo anterior resulta provechoso pues hay un elemento interesante. La antología que se compone de dos universos poéticos, al estructurarse en aparición cronológica e incluir textos que ilustran las líneas creativas de cada poeta, puede efectivamente funcionar como dos microantologías. De manera que por una parte se puede tener una visión somera, panorámica pero veraz de la poesía hondureña y, por otra senda, se logran importantes vislumbres de la poesía cubana contemporánea.

Resulta fructífero tratar de hallar los ecos de contacto entre ambas poéticas. Hay temas que se visibilizan en ambos lados. Encontramos el amor, la impronta de la ciudad en la persona, así como la indagación en la complejidad existencial del individuo y su defensa como último reducto de libertad.

De igual modo, en determinados casos se hallan actitudes poéticas que alcanzan curiosamente resonancias confluyentes. Léase los advertencias sobre el amor y sus erosiones en el ser según lo muestran José Antonio Funes y Delfín Prats. También, asomémonos al ámbito de la familia y el espacio vital del sujeto que reflejan Naín Serrano y Luis Caissés o a la densidad reflexiva en torno a los dilemas del hombre en Gustavo Campos y José Poveda o Pablo Guerra. Atiéndase a la ironía plena de irreverente sinceridad sobre lo cotidiano que enarbolan Jorge Martínez y José Luis Serrano o a la angustia existencial en Murvin Andino y Maribel Feliú. Véase los elementos de la cultura pop y musical que emplean Carlos Rodríguez y Hugo González. Acérquese a la médula de la mujer sola y amante que nos brindan Jessica Sánchez e Irela Casañas. Obsérvese el laconismo epigramático matizado de sutil humor con que asumen el mundo Julio César Antúnez y Mayda Perez Gallego. Esto nos habla de un universo y una actitud cognoscitivo-afectiva correlativos.

Hay además un interés por incorporar disímiles citas literarias y culturales que sirven para dibujar el mundo donde se imbrican y se afanan estos sujetos. Así mismo sirven como sugerencias metafóricas que activan conocimientos ya asentados en el lector. También resulta común una actitud de inconformidad con un mundo nada solidario ni piadoso con el individuo. Esto también despierta una actitud resistente cuando no agresiva contra ese mundo.

Sin embargo verificamos un aspecto donde se separan ambas poéticas. Notamos un afán experimental más apuntado, así como un mayor apego a la palabra oral, en los poetas hondureños que en los holguineros. Tal vez en su medio, la oralidad constituya un elemento no solo de preservación de la memoria sino de identificación en causas comunes. En los holguineros, es notable un gusto neoclásico, con una mayor inclinación por la palabra que habita en la escritura. Esto puede ser un modo también de rechazar cierto abuso del discurso oral desvalorizado por los medios.

En fin, Cuarta dimensión de la tarde es un libro necesario, muestra del desprendimiento amistoso y la creatividad participativa. El él hallaremos unos cuantos poemas hermosos, inquietantes, definitivamente conmovedores. Puede servir como simple lectura de solaz, como vara de instigar pensamientos ineludibles, como índice para nuevas aventuras indagadoras o simplemente como un amoroso signo de solidaridad. Su presencia deviene acicate de celebración y esperanza, en la conciencia de lo que advierte el hondureño José Antonio Funes, “… la poesía es una caricia inédita, el bálsamo que alivia todos los dolores del mundo…”, y con la razón con que distingue el holguinero Delfín Prats a los verdaderos poetas: “Ellos vieron / del otro lado del horizonte / abrirse las constelaciones.”






jueves, 28 de julio de 2011

Tu madre; Buck Charlowski

(Fabo)







Estos días llegó a mi correo electrónico este relato que me pareció aceptable para publicar en mi blog. No tengo la menor idea de quién pueda ser este "Bukowskiano", pero espero lo disfruten y a ver cuándo conocemos un poco de este autor desconocido o de su obra.




Tu madre



Yo y tu mamá nos quedamos solos en la casa porque ya tenías edad para mandarte solito a la escuela y no andarte siguiendo por todos lados como si fueras dundito.
―Ya está grande ―dijo tu mamá―, tiene diez años y no ocupa que yo lo ande cuidando todo el día.
Yo no dije nada, me picaba la pierna quebrada y me daban ganas de rascarme debajo del yeso. Tu mamá estaba friendo huevos con un montón de cebolla como a mí me gustaban y haciendo café y frijoles y tenía tortillas del día anterior, pero todavía buenas. Olía bien. Tu mamá sabe cocinar. También tenía aguacate, pero como que ese día era de huevos y frijoles. Yo no me quejo. Tu mamá no me trata como inquilino, y menos desde que me había quebrado la pata en el taller. Fijo que si alguien entraba hubiera dicho que éramos marido y mujer. Sin paja. Pero como tu viejo se murió y toda esa vaina, pues ella debe sentirse sola, ¿verdad? La gente me imagino que debe hablar hasta por los codos porque tu mamá tiene a un cabrón como yo en la casa y pasa sola conmigo desde que me quebré la pata. Suerte que nadie sabe que trabajé de coime, que cuidaba un bar en un burdel y que me tiré a todas las putas. Si no, quién sabe qué dirían. Hasta fuego le hubieran metido a tu pobre mamá, y ella tan linda. No, si la gente quiere huevos. Y si vieran las revistas que tengo en el cuarto, peor por ahí. Sólo vos las has visto, pero con vos no hay pedo, ya sé que me vas a guardar el secreto porque son cosas de machos, ¿verdad?
―Servido, Moncho ―dijo tu mamá.
Me puso un plato grande de frijoles y huevos y una tazota de café con leche y de ribete iba un chorizo frito y dos tajadas de plátano maduro. Le entré con ganas y cuando ya me había zampado la mitad me acordé de que las damas primero y toda esa vaina.
―¿Y usted no va a comer, doña Elvia?
Tu mamá me estaba mirando con una sonrisota en la cara y yo también me puse a sonreír. Estaba inclinada con los codos en la mesa y andaba puesta la bata floreada y se le miraban toditas. Ya sabés de qué estoy hablando. Grandes y redondas, loco, me imagino que vos te diste gusto sacándole un chingo de leche a tu pobrecita mamá, y las puntas duras. Tuve que acomodarme un poco en la silla para que ella no notara nada raro debajo de la calzoneta.
Ella se dio cuenta de que se las estaba mirando con los ojos pelados, pero como que no le importó porque siguió con los codos en la mesa.
―¿Usted quiere que coma?
―Se va a poner flaca si no come algo.
Me sentí medio dundo, pero no hallaba qué decir. No es lo mismo hablar con las putas o con los majes del taller que con una mujer que vive sola y no le entra más que la miseria de la pensión del marido y el dinerito que le doy yo por alquilar el cuarto.
―¿Usted cree?
―Digo yo.
―¿No le parece que más bien estoy gorda?
La mera neta es que tu mamá sí está medio gordita, man. No es que se vea mal. Para nada. Yo encontré un hoyo en la pared del baño y la había visto varias veces en pelotas. No se miraba mal. Con decirte que hasta me la había jalado pensando en ella. Qué bárbaro, ¿verdad? Cuando estés grande vas a ver qué pedo.
―El pulpero de la esquina me dijo que estoy gordita pero buena. Cómo es la gente ―tu mamá se rio. Se le hacen hoyuelos en las mejillas cuando se ríe.
Yo estaba cagado, loco. No te pajeo. Nunca había hablado de esas vainas con tu mamá. O mejor dicho ella nunca me había dicho esas ondas. Estaba preocupado, pero igual tuve que acomodarme otra vez para no dar señales de nada, y con ese yesote en la pata es bien difícil.
―Cuestión del punto de vista ―dije yo. Qué pendejadas dice uno cuando está nervioso. Cuando estés grande te vas a dar cuenta. Ahora no porque los niños sólo pasan diciendo pendejadas.
Tu mamá se puso la mano en la boca. De seguro le daba pena tener los dientes muy separados. Me daban ganas de decirle que no se la tapara, pero todavía no se me había ido lo chiveado.
―¿Usted cree que no me veo mal?
―La verdad, no. Parece quinceañera.
Yo empecé a comer otra vez, pero se me había ido el hambre. Me sentí bien porque por lo menos había dicho algo decente sin meterme en un berenjenal.
―¿Quiere que le cuente una cosa? ―me dijo tu mamá.
Yo le hice así y ella siguió. Ya estaba convencido de que no iba a comerme todo el desayuno por culpa de tu mamá.
―Me chismearon que unas vecinas dicen que usted y yo tenemos algo ―se echó una carcajada―. Qué exageradas, ¿verdad?
Tu mamá siguió carcajeándose, dio unas palmadas en la mesa y empezó a enrollarse en los dedos las cintas del cuello de la bata. No sé por qué carajo se me metió ponerme ruso de repente con tu mamá. Cosas que uno trae de la calle.
―¿Algo? ¿Cómo así?
Tu mamá dejó de reírse y dijo:
―O sea… usted ya sabe.
―No, no sé ―me toqué el bulto en medio de las piernas. La tenía bien dura, man. Tu mamá me la miró, pero sólo un momentito, y después volteó a ver a otro lado. Yo pensé ahora o nunca. Cuando seás grande vas a ver que uno a veces se imagina vainas cuando la gente hace gestos. Ya vas a ver. Hay que tener cuidado con esas vainas.
Le agarré la mano y me la puse encima de la verga. Es una cuestión grandotota, man, parece serpiente. Tu mamá dijo una vaina, pero no le entendí, de seguro porque no habló claro o porque yo estaba tan caliente que hasta sordo me volví. Ella quiso quitar la mano, pero yo necio apretándosela para que no se moviera y con la otra mano le subí la bata y le bajé el calzón. Cosas de la práctica. Le metí el dedo y no estaba mojada, pero eso no me importó. Tu mamá siguió diciendo alguna vaina, como si rezara o algo así, vieras qué raro. No sé cómo le hice, pero cuando acordé tenía la calzoneta abajo y la mano de tu mamá agarrándome el tronco de la pija. Por ésta que nunca la había tenido tan tiesa, parecía de hierro. La obligué a hincarse y a tragársela toda. Le costó. Más que todo porque no dejaba de menearse. Uno que es pendejo. Cuando ya casi le acababa dentro de la boca me puse a pensar que me la podía arrancar de una mordida. La puse de pie y tu mamá me tiró encima los platos y me insultó, pero sin ganas. Me caí de la silla y me costó un huevo pararme por el pinche yeso. Me imagino que parecía pendejo corriendo detrás de tu mamá como Frankenstein, pero al final la acorralé en la cocina y ella tirándome las ollas y las freideras hasta que la prensé contra el suelo, le rompí la bata para que no me siguiera jorobando, le chupé las tetas, le abrí las piernas y se la metí hasta el fondo.
Cuando terminamos, tu mamá estaba echada, llorando, mirando para allá. Tiene bonita espalda, no importa que esté medio gordita. Las piernas, pues no sé, con algo de ejercicio tal vez, pero sí lindas nalgas, como para mordérselas. Y eso fue lo que hice. Le di una mordida en cada nalga y tu mamá soltó un hipo o algo así y le metí la lengua en medio y después se la dejé ir toditita. Acabé adentro y ahí mismo me puse a pensar si tu mamá no habría hecho el agujero en la pared del baño. Cosas que a uno se le ocurren. Además, yo no soy el primer cabrón que le alquila el cuarto. Yo que vos averiguaría quién es mi verdadero papá.


lunes, 11 de julio de 2011

Poema de Efraín Huerta

MANIFIESTO NALGAÍSTA
ALELUYA COCODRILOS SEXUALES ALELUYA

Para ella que me mira morir



El gran río penetró la roca viva
y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo
se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto
y hoy padece a lo largo de pieles de tigre
a la orilla del cocodrilo que me sueña
y me hunde en el naufragio
de su carne tan blanca
oh carne nacarada en medio
de la arena
como tú
y estas dos medallas de oro que muerdo
dalias de vida y de martirio
y en ellas me retrato y consigo el descenso
al dulce infierno de tu vientre
y de nuevo los dientes
ah malditos
ah maldita tú también
larga bestia ululante despierta lengua
en aquel círculo de asesinos
(Pierde toda esperanza
amor mío)
de almas danzantes albas
cool cool cool cool jazz
¡Bríndamelo por fin!
Aleluya Aleluya magnífico Grijalva
muerto de frío de rocas y pañuelos rojos
Piérdete
adelgázate hasta la soledad
de los cocodrilos que agonizan
al pie de mi medio siglo
y de mi alcohol
cohol cohol cohol cohol jazz
cool cool cool cool jazz
marinera manía
de pintar escribir declamar pagar impuestos
luz renta etcétera
y luego abrazarte
bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas
y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo
y aleluyarte hasta no sé cuando
dormida y abrumada purificada
putificada
¡Aleluya! ¡Aleluya!
poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas
poetas inmensos reyes del eliotazgo
baratarios y pancistas
grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa
perdónenme grandes y pequeños pequeñísimos poetas
(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía
¿Peralvillo Tepito Incorporated?
Alors los invito a discurrir
pespunte limpio
por el nuevo Paseo la Anti-Reforma).



viernes, 8 de julio de 2011

El extranjero de Murvin Andino, y la soledad

Foto: Murvin Andino



A veces resulta necesario ir lejos en la geografía y descubrir el mundo en que vivimos; en otros casos, desde el repertorio circunstancial experimentado por un extranjero descubrimos la escasez propia de lo concebido como básico, sobre todo, la soledad que nos rodea y la urgencia de aplastarla, y, en el peor de los casos, la insólita tolerancia.

Para muchos el concepto de un ser denominado extranjero descansa en una fase sensorial establecida por límites estrictamente topográficos, y nos sorprende el sabernos ajenos en nuestro propio suelo o de aquello juzgado como propio. Así, el autor nos da una advertencia, “La idea de pertenecer a un lugar o a una persona es algo utópico, ni siquiera uno mismo puede jactarse de pertenecerse.”

Ésta verdad lo lleva a una migración real casi rayando en la vagabundez de espíritu. La última noche del viaje es la primera con que se comienza una suerte de diálogos internos donde delata la confusión y el vacío que le confiere la lejanía; donde nace la noche es el final hacia donde el recuerdo y el viaje, como un castigo, parece llevarlo todo para tragárselo con su abismo.

El autor se entera de una verdad ancestral. Un extranjero se escapa en la oscuridad, y es la noche quien lo traslada sobre viajes, barcos, sombras y resurgen los lugares desolados: “El viento sopla,/ la noche crece como una enfermedad terminal./ Adentro, la extraña víscera/ devora multitud de voces y quejidos.” (Noche en soledad).

Es la noche envuelta en campanas y ruido la que viene a cegarnos con soles que acaso le lanza una ciudad insensible, que bien podría ser cualquier ciudad con sus prácticas y vida cotidiana.

Somos seres condenados y desiertos. Ante esa sospecha, no hay más dudas, cuando en “Ejercer la soledad” nos dicta: “Lo peor serían las despedidas,/ los viajes largos y la muerte, (…) Lo malo sería ejercer la soledad/ como principio del espíritu,/ volar lejos a ciertos lugares,/ despedirse por si acaso…”.

“Despedirse por si acaso”… ¿Acaso no es éste un reflejo de abandono? El continuo despertar físico lo manifiesta en Soratama, el hotel colombiano donde despierta también la esperanza del extranjero ante el evidente hundimiento propuesto por la soledad interna, la infinita, la del eclipse, la del ahogo y el abismo adonde todos asisten en algún momento de la vida.

La afirmación del extraño es más bien la experiencia del extraño, ya sea porque lo es o porque la realidad que lo envuelve es más abrumadora y lo confina a su soledad humana, entonces llena con todas las reminiscencias individuales, emotivas o indiferentes, la explicación de su existencia, si acaso la misma del animal no racional que no puede expresarlo con palabras.

Se diría que es el acercamiento o la resignación del espíritu, pero, cada vez que se tiene la oportunidad el ánimo tiende a ser rebelde y expresa su parecer: de allí todo el entendimiento humano. Tenemos ante nosotros una confesión de las vivencias personales del vacío, pero, también de la firmeza descarada de la esperanza y el sentir de su persona ante tal espectáculo.

En “Museo Botero” existe una descarga de la expresión mundana a través del lenguaje del arte y su entretenimiento; descansa en esta contemplación de aquel desgarramiento desmedido de los otros poemas del libro, y se “corona la esperanza”. Lo ve reflejado en las figuras y restos de imágenes y colores, y únicamente en un resquicio del ojo nos sacude esta alerta: la soledad y el extrañamiento; y reflexiona, “El día es ese país extraño que aglomera raros mundos y algunos huesos”.

“Cada lugar es una puerta diferente, otra vida…”
¿A quién pertenece un individuo cuando se sabe sustraído o en la capacidad deliberada de abandonar o abandonarse a un lugar afecto o desigual?

En “Soratama (Hotel)” (uno de los poemas de mayor referencia física mezclada a la orfandad propia) la soledad se desliza sobre luces y atraviesa la lluvia ante el paso de un misterioso extranjero que vaga por sus pasillos y recodos. Es esa realidad y su crudeza de lejanía donde encuentra una respuesta doble: el precio de la lejanía cuanto más necesaria al oficio del escritor se hace también dolorosa; entonces el abandono es más que deliberado, y, acaso una voz de Hemingway o de John Fante está murmurándole al oído para discutir algunos ingredientes sobre la tarea de referir sucesos y experiencias cuanto mejor si son vividas en carne propia.

Por otra parte, ese abandono parece encontrarnos siempre, nos espera ineludiblemente en cualquier lugar, ante cualquier puerta.

Bienvenidos todos, asistamos a un lugar acostumbrado pero inadvertido; asistamos a la soledad, a los fragmentos de vida que solo dicta el encontrarse o el extrañarse. Lleguemos como un extranjero, continuemos el viaje adonde el autor invita y promete: “Donde mueren olas/ nacen países, hombres,…”, y añade con insistencia, como la del navegante ante un oleaje oscuro que lo provoca, “estoy otra vez pensando en partir/ y renunciar a los escombros,…” y, propone con entereza en un girar de ruedas y flotar de barcos, una marcha hacia la atmósfera donde se distingue el objeto de la vida y al hombre cuanto es ante ese sitio que podría ser “Cualquier ciudad, cualquier país,/ camino, aeropuerto, cementerio,” (…) el “lugar desconocido/ y abismal,/ que es el viaje.”


Otoniel Natarén

viernes, 1 de julio de 2011

Lectura para los amigos de San Juan de Pasto, Colombia






VII RECITAL INTERNACIONAL DE POESÍA DESDE EL SUR.

"Poesía, canción para un tiempo nuevo"

Países invitados

ANGOLA, EL SALVADOR, ECUADOR, MÉXICO Y COLOMBIA


1RA LECTURA VIRTUAL

INTERNACIONAL DE POESÍA DESDE EL SUR


PAÍSES VIRTUALES INVITADOS



ESPAÑA, BRASIL, URUGUAY, HONDURAS,PERÚ, VENEZUELA, CHILE y COLOMBIA.




Convocado y organizado por el Colectivo Cultural y Poético SOMBRILLA;

a abrir los sentidos y colmarnos de la energía dislocante de la vida, a continuar erigiendo con el arte, la cultura y la poesía la memoria histórica y así hacer un homenaje a todas las víctimas de la violencia en Colombia.


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jueves, 16 de junio de 2011

Is there anybody out there?

Óscar Borge (Foto: Murvin Andino)









A continuación tres poemas de Óscar Borge Mejía, de su libro Is there anybody out there?(Ediciones Paradiso. Teg. 2011 ), cuyo texto resumiría en estos poemas que a mi parecer son de los mejores de su libro, los cuales considero poseen mejor ritmo y mayor fuerza expresiva.




Hay días raíces
gotas
lluvia martillando el camino
soles en batalla con nuestra frente
abriles perdidos en la incandescencia de un zapato
paraísos con gravidez de infierno

Y nos quedamos a la espera
de vasijas llenas
de barro luminoso

Hay días lluvia
soga
fotografías
en el armario de nuestra casa

Quizá las luciérnagas agotaron su brillo
o mordimos demasiado rápido la manzana
tal vez olvidamos hacer una pausa
y leer bien esa postal que nunca enviamos


*
No amo mi patria
Emilio Pacheco
Elegir es renunciar
Nací
fui hijo de Tomas Borge
y María Mejía
A los 21 años se me decía
tenía la obligación de elegir mi patria
elegir entre volcanes
lagos
bruma
montaña
cómo no entender que Nicarao era primo hermano de Lempira
que un 19 de julio
no tuvo puerto y rivera en Honduras

Hoy ya elegí
renuncio a tener patria
abandonar mi exilio permanente
a mi loca manía de coleccionar funerales
cantaré mi himno bohemia rapsodia
o la internacional
cantaré con estas mis manos que lees
que es esa absurda postura de una mano en el pecho
antes de cada acto cívico
yo no soy de una nación de liturgias y estatuas


*
Tu cuerpo
el verano
con el sol persistente en tu sonrisa
envejecido de lluvia

En alguna ocasión
me detuve a mirarte
con cierta caricia ingenua

Ahora
sólo veo
los obreros
el cielo de plata
los sueños apuñados

Óscar Borge mejía nació en Managua, Nicaragua. Cursó la carrera de derecho en la Unah y actualmente ejerce un cargo diplomático como consejero con funciones consulares en la embajada de Nicaragua en Honduras.

miércoles, 15 de junio de 2011

"Latinoamérica está hoy más cerca de Borges que de García Márquez": Ricardo Piglia

Jorge Luis Borges.





El escritor argentino Ricardo Piglia, renovador de la prosa en castellano con novelas como "Plata Quemada" o los relatos de "Jaulario", cree que la narrativa Latinoamerica actual está temáticamente más cerca de las "ciudades laberínticas" de Jorge Luis Borges que de la naturaleza mágica de García Márquez.

Piglia (Adrogué -Buenos Aires- 1940), ganador del XVII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con su novela "Blanco Nocturno", ofreció una hoy charla en Barcelona sobre "100 años de la novela en América Latina", en el marco del centenario de Casa América Cataluña.

El autor explicó a Efe que a pesar de la diversidad narrativa -la tradición andina, caribeña, mexicana, la rioplatense o la brasileña- que hay en ese inmenso territorio latinoamericano con cerca de 580 millones de habitantes, el arrollador "boom" de esta literatura en los años sesenta "se sintetizó en un par de rasgos".

"Con la cristalización del boom, se generó una ilusión temática en la narrativa latinoamericana centrada en asuntos campesinos, mundos con desarrollos económicos muy divergentes y de tradiciones arcaicas y fue Gabriel García Márquez quien lo delimitó con más nitidez narrativa", indicó.

Sin embargo, apuntó que la novela actual de este continente bebe más de la cosmogonía de Jorge Luis Borges, autor de una generación anterior, que de la del padre de "Cien años de soledad", del "realismo mágico" que durante décadas pareció inundarlo todo.

"Borges nos da hoy mejor la pauta de lo que es América Latina, esa mezcla de relaciones, de tradiciones culturales propias y una tentación europea cosmopolita".

"Hemos pasado de cierta mirada a las selvas, a los grandes ríos y a las grandes dimensiones de la naturaleza, para pensar en mundos de ciudades con un orden en caos, que Borges atribuía a la acción de un Dios que delira", señaló el escritor argentino.

Piglia, que dice provenir de la tradición narrativa rioplatense, ajena a la poética predominante del resto del continente, cree que entre los escritores contemporáneos de este área hay cierta responsabilidad por la herencia recibida de nombres como Julio Cortazar, Juan Carlos Onetti o el propio Borges.

Ensayista habitual, el narrador argentino, que mantiene un diario personal que estudia cómo publicar, alterna relatos y novelas, aunque no se atreve a determinar si el cuento es el principio o el fin.

"Yo escribo como un desafío a un grado de perfección al que el cuento puede llegar; también me interesa narrar un relato con pocas palabras y que tenga el efecto de una novela, es una gran fantasía", explicó.

En este ámbito, trabaja ahora en un libro de relatos, unas "historias personales" surgidas de vivencias que, si no biográficas, al menos están inspiradas en el mundo que le rodea.

Autor de cuatro novelas -desde la reveladora "Respiración inicial" (1980) hasta la premiada "Blanco nocturno" (2010)- Piglia animó a sus lectores adelantándoles que quiere dedicar "tres o cuatro veces más tiempo" a escribir novelas para acortar así los plazos de entrega.

Aunque afirmó que no lo gusta tomar posiciones políticas, destacó lo logrado por el gobierno del fallecido Néstor Kirschner y su esposa Cristina Fernández, y añadió que ésta no sólo volverá a presentarse a la presidencia sino que renovará en el cargo.

"Han encarado ciertas cuestiones que parecían imposibles de tocar en Argentina, como el papel de los militares, o la relación con el FMI, se tomaron unas decisiones y uno valora estas decisiones fuertes", remarcó. EFE

miércoles, 18 de mayo de 2011

Extranjero, Murvin Andino Jiménez

Extranjero.

Murvin Andino (Mimalapalabra.2011)


A continuación una muestra de mi nuevo poemario, Extranjero, aún en imprenta y bajo el sello editorial Mimalapalabra.

Lotófago
No volví ni siquiera la mirada.
No había razón ni castigo.
Caí en la noche y me hundí
en una multitud de piernas y brazos,
de batallas sentimentales
y en una triste figura vagabunda
con extrañas cicatrices.
Decidí regresar,
pero no había lugar, ni otra noche,
ni nadie a la espera.
No había retorno a la ilusión,
sólo las luces,
la ebriedad como camino al paraíso.
No aprendí a cambiar mis sueños
ni a conocer las despedidas.
No volví ni siquiera a decir adiós,
no había existido nada ni nadie,
sólo una esquina con fantasmas
indiferentes y olvidados.
La mañana retumbaba en mi cabeza
con los estruendos de una luna intensa.
No había nadie más, quizá el espejo,
mi camisa boca abajo sobre el suelo
y cierto aroma a veneno.
La pared, el viento, el agua, la cama,
todo estaba frío,
como muerto,
la calle seguía su camino
con sus falsos jinetes a bordo,
sólo una estatua de Bolívar,
quizá Morazán,
o Juárez, o Artigas.
No lo sé, una plaza que quizá
tampoco recuerde.


Little boy
A Rolando Gabriel Andino Rivera
Perdón por dedicarte este poema
con ese nombre miserable.
Perdón por no entender cuando decías
algo que creí insignificante.
Eran tus ojos los que de verdad decían algo,
como cuando rojos por el maldito catarro
parecían no pertenecerte.
Créeme, hijo,
desde el instante de engendrarte, te he amado.
¿Recuerdas Mr Jones de Counting Crowns
o Welcome to the machine de Pink Floyd?
Eran las canciones que escuchabas
en el vientre de tu madre
y no eran sólo música,
también tenían mis mejores deseos
y mi esperanza de entenderte siempre,
de no abandonarte, jamás, aunque fuese lo peor.
Si lo he hecho ahora, es que fallecí
y soy un cadáver más,
otro insensible,
otro demonio,
pero no he dejado de quererte,
de acercarme a tu cama,
mientras duermes,
y besarte la frente,
con estos labios que han besado con pasión
y te he visto tantas veces feliz al recibirme
y te he visto con estos ojos tristes
que han mirado lo difícil y cobarde de la vida.
Pienso entonces, Little boy,
que eres casi un hombre,
y yo, un viejo incompetente.


Ella, viendo llover en mi corazón
A veces amanecer era caerse del espejo,
cerrar el vínculo sustancial del paraíso
y desprenderse de lo vivido,
cegar la estéril criatura
y afrodisciarse el apéndice subversivo
con algunos recuerdos
de cada amanecer.
Algunas horas e inciertos muros
tenían la virtud de desterrarnos,
distintos caminos fueron la salida
a la tristeza
y el viento cambió su forma
de revólver ciego,
su doble influjo de la noche
y nos dejó la lluvia pasajera
que tenía la mañana.
A veces ella
con su mirada de cementerio radiante
volvía a la aventura astral del clítoris acorazado,
ponía a temblar mi pequeño dios marino
que se aferraba a su guarida.
A veces costaba desprenderse
del carácter migratorio de su ser,
de su ave de paraíso
y miraba la lluvia caer sobre mí,
la insoportable lucha desnuda de mi corazón.

sábado, 30 de abril de 2011

Poemas de Roque Dalton

Ayer
Junto al dolor del mundo mi pequeño dolor,
junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los hombres sin voz,
junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas,
junto a mi mano desarmada el fuego,
junto al fuego el huracán y los fríos derrumbes,
junto a mi sed los niños ahogados
danzando interminablemente sin noches ni estaturas,
junto a mi corazón los duros horizontes
y las flores,
junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.


Como tú
Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

lunes, 11 de abril de 2011

Noche blue en Blue Bohemio...

Hace mucho no veía una banda musical formada por mujeres y que tocara tan bien, en realidad creo que no había visto una nunca antes, excepto algunas vocalistas, una violinista, una tecladista y quizá alguna vez una bajista. El fin de semana anterior asistí a presenciar un concierto de las Lipstick en el bar Blue Bohemio de esta ciudad, un grupo integrado por cuatro chicas y procedente de Tegucigalpa, y puedo decir que me gustó su estilo, su buena forma de asimilar la música y transmitirla con esa inyección intravenosa de ese género "aeroespacial" que es el rock y en este caso quizá con una tendencia mucho más pop.

Creo que las Lipstick saben a qué le apuestan en el ambiente de la música en este país difícil de conquistar, donde se lucha y donde otros fenómenos hacen que sea un lugar peculiar.

En general, mis mejores deseos para Irene, Ami, Alma y Carolina, y mi agradecimiento por esa gran noche Blue...


Ami Salgado. Baterista.

Alma Soriano. Bajista.

Carolina Boquín. Vocalista. Irene Maradiaga. Guitarrista. (Fotos de Murvin Andino)

viernes, 25 de marzo de 2011

Alessandro Baricco : "La literatura es como una imbecilidad, no tiene definición"

Alessandro Baricco.

Alessando Baricco (Turín, 1958) es un orador nato: "La literatura es como una imbecilidad, porque no existe una definición concreta, sino muchos ejemplos", aclaró en la rueda de prensa el estratega de la palabra y creador de entornos irreales.
El autor de bestsellers como Océano mar (1993) o Seda (1996), acaba de publicar en España Emaús (Anagrama), que presentó en Barcelona en el festival literario Kosmopolis, organizado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Baricco apuesta en su nueva novela por abandonar lo misterioso y desconocido, y acercarse al mundo real a través de las vivencias de cuatro adolescentes de clase media baja, en una ciudad del norte de Italia, en los años setenta.
El título del libro hace referencia a un pasaje bíblico del encuentro de dos peregrinos con Jesucristo resucitado. "Se trata de un libro extraño también para mí, con trazos autobiográficos, y basado en una realidad reciente", reconoció ayer Baricco. Recurriendo a una narrativa elocuente y poética, lejos de la novela costumbrista, Emaús muestra el contraste entre dos mundos que conviven en una ciudad. Por un lado, el de la alta burguesía, personificada en el tópico de joven sensual y libertina, llamada Andre. Por otro lado, el enclave cerrado y regido por los preceptos de la fe católica al que pertenecen los cuatro protagonistas, Bobby, Luca, el Santo y el propio narrador.
"Andre simboliza para ellos el mundo abierto, al que sólo podrán tener acceso por unos instantes", explicó Baricco. Sexo, masturbación, menage a trois, abortos, muerte, travestis. De la mano de Andre, un mundo inalcanzable se abre a los cuatro muchachos, aislados en un entorno asfixiante, condicionado por la estricta formación católica, la represión sexual y los problemas familiares.
Según Baricco, a la voz del narrador se le superponen muchas voces: "La de un joven de joven de 17 años, la de un hombre que recuenta su vida 30 años después, etc". "Es como escuchar música con dos instrumentos distintos, de una manera simultánea", especificó el autor italiano.

Tomado de: Publico.es

sábado, 12 de marzo de 2011

Dan Fante: "Bebía para apagar mi mente, hasta perder el control"

Dan Fante (Foto El País)

El alcohol y la muerte del escritor John Fante, principal representante del 'realismo sucio' en la línea de Bukowski, protagonizan 'Chump Change', la primera novela autobiográfica de su hijo

Algunos se hacen escritores por pasión. Otros, para desvelar algún misterio. Dan Fante empezó a escribir para no dispararse una bala en la cabeza. Alcohólico depresivo con tendencias al suicido, un día en los ochenta Fante dejó de repente de beber, antes de que este cóctel le matara (confiesa), y dedicó los siguientes 18 meses a llevar a cabo su primera novela, Chump Change, que salió a la venta en 1998. Ahora Sajalín Editores ha decidido publicarla en España y Fante, estadounidense de 67 años con un sombrero de vaquero y un pendiente dorado colgando de la nariz, se ha venido a Madrid para promocionar su obra. En la librería Tipos Infames, la demostración de que los tiempos han cambiado está en su bebida: Coca-cola con limón.

Aquellos que conozcan el estilo de su padre, el fallecido escritor italo-americano John Fante, multipliquen tranquilamente su dureza por dos o tres. El protagonista de Chump Change, Bruno Dante, bebe cantidades masivas de alcohol, vomita cada dos por tres, odia a su mujer, a la que roba la tarjeta de crédito, busca orgías homosexuales en los cines porno y alquila los servicios a una prostituta de 15 años. Demasiado para las 40 editoriales estadounidenses a las que Fante propuso su libro, que lo tildaron de "pornográfico". Acabó publicándolo en Francia antes que en su país. Para Fante su obra es sin embargo "real, mucho más que la América que muestran las sitcom".

Real, decíamos. O más bien autobiográfica. Es fácil ver detrás del alma perdida de Dante el pasado complejo de Fante: "Bebía hasta perder el control, para apagar mi mente. Una noche me bebí cuatro litros de vino. De hecho, tenía gripe dos veces a la semana por el veneno que me metía en el cuerpo". También la dificultad de enfrentarse a la muerte del padre une a Dan y Bruno. Y el ser "un peligro, un riesgo", como le suelta su jefe al personaje. "Me compré una pistola porque la gente me molestaba. Varias veces pensé en matar a alguien. ¿Por qué no pasó? Suerte, supongo...", cuenta, en tono divertido, la nueva versión de Dan Fante. Pero hay una diferencia, además de una letra del apellido, entre Bruno Dante y él: "Lo que le pasa al personaje en tres semanas representa 10 años de mi vida".

La sombra paterna

El punto central de la novela es la hospitalización de Jonathan Dante, el padre de Bruno. Para darle un último adiós a su progenitor, al que los médicos ya no conceden esperanzas, el hijo se va a Los Ángeles. Una relación compleja une el alcohólico protagonista de Chump Change a su padre, escritor y guionista. Son justo los mismos oficios de John Fante. Y la relación de Dan con su progenitor tampoco es que fuera muy simple: "Para él, los niños eran como sillas, mobiliario que se interponía en su camino. Y era muy impulsivo, muy voluble". Tanto que el pequeño Dan había creado un ritual al volver a casa. Se asomaba a la puerta y solo si nadie estaba gritando o no había ruidos de objetos que se rompían entraba y se iba a su cuarto.
John Fante falleció en 1983, pero le dio tiempo a ver el arranque de la carrera de narrador de su hijo. Cuenta Dan que le gustaba cómo escribía. Y eso que solía decirle: "No eres muy listo. Tal vez podrías ser un buen carpintero". Probablemente el estilo le recordara a John el suyo: "Ambos somos directos. Frases cortas, ideas claras, para que la gente entienda todo fácilmente. Al introducir un personaje, no nos paramos a explicarte qué le pasó cuando tenía 12 años: seguimos adelante".
Otros autores que dejaron mella en Dan Fante fueron Hubert Selby y Charles Bukowski. Pero el americano se dejó llevar sobre todo por su obra: "Cada día leía las dos páginas anteriores y proseguía. No tenía ni idea del final". Fueron los personajes, la historia misma, a guiarle. Cuenta Fante que eran como espectros que le visitaban continuamente: "Me iba a tomar un café con unos amigos y me aparecía un personaje del libro y lo que le ocurriría". Le ha pasado con cada una de las cinco novelas que ha escrito sobre Bruno Dante. Por esto entre una y otra se dedica a poemas o comedias, "para descansar".

Antes de llegar a ser escritor, Dan Fante hizo de todo. Taxista, vendedor puerta a puerta, limpiador de ventanas, y "muchos más trabajos horribles". Pero la peor experiencia fue en una compañía publicitaria: "Tenían que pasar sus informes al formato de microfilmes. Era el encargado de ponerle grapas a todos los informes. Tenía un dedal para no pincharme". Años luz de distancia con el Fante de hoy en día, felizmente casado y con un hijo de seis años, Giovanni Michelangelo. "Le di un nombre así de largo para joderle el día que tenga que hacerse el pasaporte", estalla en carcajadas el escritor.

Parece que, a los 67 años, hay pocas experiencias que Fante todavía no haya probado. Está "encantado" con su vida, pero en su lista de las cosas que hacer antes de los 70 sí queda espacio: "Aprender a tocar la armónica y a hablar italiano, lanzarme con un paracaídas de un avión, ir a más de 300 kilómetros por hora con un coche deportivo". Es impresionante lo que puedes hacer, si renuncias a dispararte en la cabeza.
Tomado de Diario El País

domingo, 20 de febrero de 2011

El discurso del rey, mi favorita


En los días previos a la ceremonia de entrega de premios Óscar presento un artículo de la revista Semana sobre los principales candidatos a la estatuilla. Sin duda la gran ganadora sería "El discurdo del rey".


Red Social iba a llevarse los principales premios Óscar de este año. Hubo un momento, hace tres semanas, en que todo parecía señalarlo: la obra de David Fincher, que narra la génesis de Facebook y explicará a los espectadores del futuro en qué clase de mundo vivíamos a comienzos de este siglo, contaba hace un par de meses con un amplio respaldo de los medios de comunicación, iba por el planeta, aquí y allá, coleccionando reconocimientos de todas las índoles (desde los galardones oficiales de los críticos de Estados Unidos hasta los más importantes Globos de Oro), y es, en últimas, una de las mejores películas norteamericanas del año pasado. Pero entonces apareció una meticulosa, significativa, conmovedora producción inglesa titulada El discurso del rey. Y los miembros de la famosísima Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, una suma de 6.000 personajes como usted o como yo (subjetivos, volátiles, ocupados en mil cosas al mismo tiempo), comenzaron a sentirse muy cerca de la historia de ese monarca tartamudo que se sobrepuso a sus problemas en nombre de un país.

De un momento a otro, gracias a la innegable calidad de la obra y al siempre efectivo lobby del productor Harvey Weinstein, El discurso del rey se convirtió en "la buena película con corazón" de este año: esa eficiente producción cargada de sensibilidad, típica de la larga tradición del Óscar, que en últimas cuenta una redención sin sacrificar la inteligencia por el camino. De un momento a otro, como el candidato que empieza la campaña demasiado pronto, Red social perdió su lugar en la mente de los votantes: se convirtió, un día, en cosa del pasado. Por supuesto, no es la primera vez que un drama emocionante le arrebata la estatuilla a un valiente trabajo "celebrado por la crítica": Gente como uno le quitó el premio a Toro salvaje en 1981, Danza con lobos le ganó a Buenos muchachos en 1991 y Shakespeare enamorado derrotó a Rescatando el soldado Ryan en 1999, y esos son solamente los primeros ejemplos que vienen a la cabeza. Pero no deja de ser un poderoso recordatorio de que, aunque a veces sorprenda, aunque a veces elija a El silencio de los inocentes (en 1992) o a Los imperdonables (en 1993), el Óscar tiende a estar del lado de los relatos edificantes.

Que conste que nunca se ha llevado el premio de la Academia una mala película. Quizás no siempre gane la mejor. Tal vez pocas veces triunfe un futuro clásico del cine. Acaso sea más probable que en Hollywood, tierra de la corrección política, conmueva más a los electores el rey que se sobrepone a su tartamudez para enfrentar a los horrendos nazis que el niño sabihondo que no encajará aunque se invente Facebook. Pero sin falta obtendrá el reconocimiento un largometraje notable. Las diez nominadas de este año son producciones de primera categoría. Lo que significa que, en el peor de los casos, en la noche del próximo domingo 27 de febrero será elegido un trabajo que valga la pena. Si Red Social llega a llevarse la última estatuilla de la noche, si en un inesperado giro del destino suben sus productores a reclamar el premio a la mejor película que tanto se merecen, estaremos viviendo en un mundo justo. Al menos hasta el próximo año.


Mejor Película: "El discurso del rey"

¿Por qué va a ganar?: porque, con su afortunada combinación de humor, inteligencia, corazón, espíritu y prestigio (sí, todo eso: todo en uno), ha hecho sentir justos a los más de 6.000 electores de la Academia de Artes y Ciencias en estas últimas semanas de competencia. Porque, aun cuando Red social haya ganado absolutamente todos los galardones de la crítica y se haya llevado los principales Globos de Oro en enero, El discurso del rey ha reclamado los últimos premios del camino: los de los sindicatos de actores, directores y productores. Las otras nominadas: 127 horas, Cisne negro, El ganador, El origen, Los niños están bien, Red social, Toy Story 3, Temple de acero y Lazos de sangre. Quién puede dañarlo todo: el productor Scott Rudin, artífice de Red social, es el único que sabe cómo vencer al señor Harvey Weinstein en sus obsesivas campañas por el Óscar. En un mundo justo: La isla siniestra, un nuevo clásico del terror sicológico dirigido por el cineasta neoyorquino Martin Scorsese, le habría quitado el puesto a cualquiera de las diez finalistas.

Mejor Director: David Fincher por "Red social"

¿Por qué va a ganar?: dicen los diarios de chismes, y lo repiten, sin parar, los blogs de espías de la industria, que en Hollywood no quieren a Fincher por prepotente, pero ¿no es hora de que el director de Seven y Zodiaco, ni más ni menos que Seven y Zodiaco, se lleve el premio Óscar?, ¿no es esta, sin ninguna duda, su mejor película?, ¿no ha estado reivindicando la Academia, en los últimos años, el trabajo de los cineastas de oficio? Los otros nominados: Darren Aronofsky por Cisne negro, Ethan y Joel Coen por Temple de acero, Tom Hooper por El discurso del rey y David O Russell por El ganador. Quién puede dañarlo todo: Hooper, realizador de varios capítulos de la serie John Adams, fue elegido como el Mejor Director del Año por el sindicato de realizadores: que nadie se sorprenda si se queda con el premio. En un mundo justo: al australiano Peter Weir, que hace un trabajo tan brillante como todos los suyos en The Way Back, lo habrían tenido en cuenta.

Mejor Actor Principal: Colin Firth por "El discurso del rey"

¿Por qué va a ganar?: porque ha recibido, hasta ahora, la mayoría de los premios de este año; porque es, por supuesto, un premio a una carrera impecable (Firth ha participado, desde Valmont hasta Solo un hombre, en un buen número de películas importantes); pero también porque su interpretación del tartamudo rey Jorge VI es la más vistosa de toda su filmografía: recuerden que grandes actores, de Dustin Hoffman a Al Pacino, de Daniel Day Lewis a Tom Hanks, se han llevado el Óscar de los últimos veinte años por encarnar grandes personajes con grandes impedimentos. Los otros nominados: Javier Bardem por Biutiful, Jeff Bridges por Temple de acero, Jesse Eisenberg por Red social y James Franco por 127 horas. Quién puede dañarlo todo: si hay algún premio seguro esta vez, si se puede apostar por algo en esta edición de los Óscar, es por el premio a Colin Firth. En un mundo justo: Leonardo DiCaprio, brillante tanto en La isla siniestra como en El origen, habría sido el gran favorito para llevarse un primer premio de estos.

Mejor Actriz Principal: Natalie Portman por "Cisne negro"

¿Por qué va a ganar?: porque la Academia de Hollywood tiende, con todo lo mal que suena, a premiar actrices bonitas que además tienen un talento y un valor que dejan con la boca abierta (piensen en algunas de las últimas ganadoras: Halle Berry, Nicole Kidman, Reese Witherspoon), y la joven Portman, que desde El perfecto asesino hasta Cisne negro se ha convertido en una respetada veterana de la industria, ha encontrado al fin un papel en el que prueba que está dispuesta a todo. Las otras nominadas: Annette Bening por Los niños están bien, Nicole Kidman por Rabbit Hole, Jennifer Lawrence por Lazos de sangre y Michelle Williams por Blue Valentine. Quién puede dañarlo todo: Bening, claro, por su trayectoria, por su popularidad, por su estupenda interpretación de esposa en crisis. En un mundo justo: Julianne Moore estaría disputando el premio por su actuación en Los niños están bien.

Mejor Actor de Reparto: Christian Bale por "El ganador"

¿Por qué va a ganar?: no solo ha obtenido los principales premios de la temporada, desde el del sindicato de los actores –el SAG– hasta el Globo de Oro, sino que completa 25 años de papeles memorables en Hollywood: de paso, con este papel se deshace de la voz impostada de su exitoso Batman. Los otros nominados: John Hawkes por Lazos de sangre, Jeremy Renner por Atracción peligrosa, Mark Ruffalo por Los niños están bien y Geoffrey Rush por El discurso del rey. Quién puede dañarlo todo: el brillante Rush, que interpreta al “entrenador vocal” del rey y que ha participado en algunas de las más importantes películas de los últimos quince años (de Shine a Munich), acaba de ganarse el premio de la Academia Británica. En un mundo justo: Justin Timberlake, genial, en Red social, en el papel del odioso creador de Napster, habría conseguido al menos una nominación.

Mejor Actriz de Reparto: Melissa Leo por "El ganador"

¿Por qué va a ganar?: entre todos los personajes memorables de El ganador, el que interpreta Leo, la madre entre mafiosa y bruja de los dos hermanos protagonistas, es quizás el más impactante: la actriz, que se dio a conocer en la Academia de Hollywood con su papel en Río helado, se ha ganado todos los premios de estas semanas: entre estos, los de los críticos, el Globo y el SAG. Las otras nominadas: Amy Adams por El ganador, Helena Bonham Carter por El discurso del rey, Hailee Steinfeld por Temple de acero, Jacki Weaver por Animal Kingdom. Quién puede dañarlo todo: el trabajo de Steinfeld, la niña adulta de 14 años de la película del oeste de los hermanos Coen, no es solo memorable, sino que puede llegarles al corazón a los emotivos miembros de la Academia: Tatum O’Neal (Luna de papel) y Anna Paquin (El piano) ganaron el Óscar a los 11. En un mundo justo: Mila Kunis, completamente entregada a su perverso papel de Cisne negro, habría entrado en el grupo finalista.

Otros premios:

Mejores Efectos Especiales: probablemente sea El origen, la exigente y exitosa superproducción de ciencia ficción dirigida por Christopher Nolan, la película a vencer en esta categoría. Mejor Fotografía: Temple de acero, la estupenda película de vaqueros de los hermanos Coen, cuenta con una maravillosa cinematografía a cargo del prestigioso, nueve veces nominado pero jamás premiado, Roger Deakins. Mejor Banda Sonora: la extraordinaria música de Red social, compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, subraya la angustia de sus protagonistas desde el comienzo hasta el final. Mejor Canción: We Belong Together, la canción de la tercera entrega de Toy Story, le dará al siempre brillante Randy Newman su segunda estatuilla. Mejor Guion Original: el guion de El discurso del rey, un drama sólido firmado por David Seidler, aparece insistentemente en las predicciones de los reporteros de Hollywood, pero el enrevesado texto de El origen, que acaba de ganarse el reconocimiento del sindicato de
escritores, podría arrebatárselo. Mejor Guión Adaptado: el de Red social, una proeza más del mismo Aaron Sorkin que se inventó la serie The West Wing, es insuperable. Mejor Película Animada: Toy Story 3, el brillante cierre de una trilogía que cambió la historia del cine animado, merece todos los premios que quieran darle. Mejor Película Extranjera: no parece sensato descartar al nuevo melodrama de la realizadora danesa Susanne Bier, En un mundo mejor, aunque la poderosa Incendies, del canadiense Denis Villeneuve, que sigue a un par de hermanos en un curioso viaje por Oriente Medio en busca de sus raíces, tenga todas las de ganar. Mejor Documental: se dice que el pulso entre Inside Job o Exit Through the Gift Shop, dos obras memorables, se decidirá a favor de la primera.
Por Ricardo Silva Romero
Semana.com

domingo, 23 de enero de 2011

Literatura, compromiso y moral

Héctor Abad Faciolince

Las historias de las vidas de los santos eran literatura comprometida, y más aún, moralista, es decir, con una moral prescriptiva. La receta era simple: presentar vidas ejemplares que pudieran servir como receta vital. Si quieres ser un buen católico, sinónimo de buena persona, debes vivir según el ejemplo de los santos varones. Esta literatura típicamente medieval (que hoy se deja leer con el mismo placer extrañado que nos producen los bestiarios) tuvo un fugaz renacimiento en el siglo XIX. Preocupados por el auge de la novela realista, donde ya no se presentaban figuras nobles sino que incluso los protagonistas podían ser hombres disolutos y mujeres extraviadas, algunos propagandistas piadosos se dedicaron a reeditar historias hagiográficas.

Estos relatos amenos debían servir de antídoto a las perniciosas novelas modernas. Contra la funesta novelería, las vidas de los santos servían para afirmar "la autoridad paterna, la fe conyugal, la santidad de la ley, la inviolabilidad de la propiedad, la virtud, la piedad...". Y para enseñanza y escarmiento de las frívolas lectoras de novelas se proponía el ejemplo de las santas mujeres: Santa Genoveva, Santa Inés, Santa Clotilde... Hay que decir, sin embargo, que este remake del siglo XIX no tuvo mucho éxito y la novela burguesa, con personajes de todas las calañas, en la que abundan libertinos y prostitutas, se impuso como una representación más amena y fidedigna del mundo.

Luego vino el siglo XX y otras religiones tuvieron su momento de dominio: nazismo, comunismo, fascismo. Tan autoritarios como los prelados de la Iglesia católica, sus jerarcas quisieron imponer la forma en que debían escribirse las historias. También ellos, a su manera, preferían personajes ejemplares. Quemaron libros de autores decadentes, prohibieron las novelas de judíos, declararon indeseables a los escritores que escribían tramas con inclinaciones pequeño-burguesas, enviaron al Gulag a poetas y dramaturgos que no siguieran ciertas normas. Un nuevo tipo de literatura confesional, fiel a otra iglesia y con otros santos, trató de imponerse en las formas del arte: había que presentar con buenos ojos el ascenso del proletariado, las luchas de liberación de los pueblos, o bien proteger las sanas costumbres, o ensalzar a los pueblos superiores y a las razas puras. De esta receta no quedó nada bueno. La propaganda aria, comunista, falangista o indigenista es indigesta. La buena literatura siguió su camino, sin santos y sin héroes de una sola pieza; regresamos a los héroes ambiguos y complejos como Lázaro, don Quijote, Jacques, Cándido, Lucien de Rubempré, Julian Sorel... Úrsula Iguarán es real y terrena como Sancho; la Maga y Emma Sunz son de carne y hueso, como Fortunata y Jacinta.

¿Quiere decir esto que ya no hay Novelas ejemplares, y que ya ninguna historia ni ningún escritor debe proponer un "modelo moral" como se hacía en las vidas de los santos? No es así. Por mucho que la novela no tome partido, los dilemas morales son parte esencial del quehacer literario. Los lectores reconocen al benévolo y al malévolo sin que el autor deba decir que X es bueno e Y es malo. Dijo Borges: "Vedar la ética es arbitrariamente empobrecer la literatura. La puritánica doctrina del arte por el arte nos privaría..." y sigue una lista de casi todos los escritores del mundo.

Sucede que lo que un buen escritor describe en tintas claras u oscuras no es lo que le dicta previamente una iglesia, una secta o un partido. Todos los grandes escritores antiguos, modernos y contemporáneos tienen un hondo sentido ético. Si Marías escribe sobre la traición o Vargas Llosa sobre los horrores imperiales o Cercas sobre la ambigüedad de los malvados es porque en todos hay una pasión moral y una sed de justicia. Sin el repudio implícito a la violencia contra las mujeres es imposible incluso de leer a un escritor como Stieg Larsson.

Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) publicó el año pasado el libro de relatos Traiciones de la memoria (Alfaguara). Tomado de Diario El País

"Nunca he sido un tipo nostálgico"

Clint Eastwood


Me llaman mucho la atención estas palabras de Clint Eastwood, porque cada vez que veo una cinta de él, es lo que más me produce, nostalgia. A propósito del estreno de "Más allá de la vida", una entrevista concedida a Diario El País de España.

Empezó su carrera como John Wayne y a este ritmo la acabará como John Ford. A sus 80 años Clint Eastwood cuenta con 66 películas como actor y 32 como director, las seis últimas realizadas en menos de cuatro años. Más allá de la vida le acerca a la mortalidad pero Eastwood no tiene prisa. Tampoco miedo. Hay quien quiere ver en esta historia sobre el otro lado de la muerte una reflexión del ganador de cuatro oscars sobre un inevitable final. El realizador, retirado de la interpretación, dice que solo ha buscado algo nuevo que contar. Una vez más fue contracorriente con un rodaje rápido, barato y sin alharacas para realizar un filme que la musa de sus últimas películas, Matt Damon, define como "la película francesa de Clint". Toda una ironía para un genio genuinamente estadounidense que, como todos los grandes, se niega a morir.

Pregunta. Es inevitable preguntarle si cree en la vida después de la muerte.

Respuesta. La mayor parte de la población quiere creerlo. Lo mismo con las religiones, todas creen que existe algo después de la muerte. A mí lo que me interesó del guión de Peter Morgan no es la reflexión sobre la muerte sino la presencia de un héroe que no quiere serlo, la idea de una vida que, como él mismo dice, solo se mueve entorno a la muerte y por ello no merece la pena ser vivida.

P. Pero su creencia, ¿cuál es?

R. No pienso en el más allá, en lo que quiera que haya después de la muerte, si es que lo hay. Prefiero pensar que solo tenemos una oportunidad de vivir en este mundo y mejor que la aprovechemos al máximo.

P. Practica con el ejemplo, cabría decir.

R. Nunca he sido un tipo nostálgico. Vivo en el presente una vida maravillosa y no tengo quejas ni nostalgias.

P. ¿Alguna vez pensó que llegaría tan lejos?

R. Todo el mundo sueña algo así ¿no? Todo el mundo sueña con ser lo mejor, tiene esa ambición. Recuerdo cuando hice Escalofrío en la noche que pensé: "Si esto sale bien algún día podré ganarme la vida detrás de la cámara porque quizá a los 78 años ya no quiera verme en pantalla [risas]". Pero he hecho lo que hecho y está siendo un gran viaje.

P. Sus deseos se han visto cumplidos al pie de la letra. ¿Es más agradable contar con Matt Damon como su álter ego delante de la cámara?

R. Matt es un actor de verdad sin nada de pose. Y eso se ve en su trabajo. Es capaz de ofrecer una interpretación tan sutil que ni parece que esté actuando. Sin trucos. Alguien con un gran éxito que además quiere seguir expandiéndose. Un gran guionista que estoy seguro será un gran director. Estoy seguro que lo querrá intentar en algún momento.

P. Siendo una de sus películas más intimistas, Más allá de la vida también es el largometraje con más efectos especiales de su carrera. ¿Le interesan los avances tecnológicos en el cine?

R. Desafortunadamente todavía no he visto Avatar, pero veo la evolución de Hollywood como una búsqueda de nuevas fronteras. Yo me podía haber contentado haciendo el género de películas por el que me di a conocer hace unos años. Pero en la última década preferí buscar algo diferente. No es inseguridad, se trata de experimentar. Uno siempre aprende algo nuevo. Como en los efectos especiales. Lo malo es que son prohibitivamente caros.

P. Dinero que se ahorra en sus bandas sonoras... ¿Qué proceso emplea al componer su música?

R. Depende de la película. En ocasiones tengo la música en la cabeza antes de empezar a rodar, como en Sin perdón. En este caso, como me pasó con El intercambio, la música me llegó cuando estaba en la sala de montaje, momento en el que buscas los sonidos de tu película. Para mí, la música no tiene por qué imponerse sobre el resto de los elementos del filme: lo mismo que siempre me ha gustado la música, también me atraen los silencios.

P. ¿Qué le espera después de Más allá de la vida ?

R. Leonardo [DiCaprio] quiere protagonizar J. Hoover, así que empezamos este año. Obviamente se trata de una película con aspectos biográficos, así que buscamos un cierto reflejo de la realidad. También habrá algo de especulación, ciertas libertades. Cada película tiene un nuevo horizonte que conquistar.

sábado, 22 de enero de 2011

Robert Johnson y los pactos con el diablo

Robert Johnson, en una de las pocas fotos conocidas de él.


Clarksdale es un pequeño pueblo de tierras verdes, lagos profundos, y cercano a la inmensidad del río Misisipi, que a su paso por el pueblo separa el estado de Arkansas del de Misisipi. Allí también se cruzan las autopistas 61 y 49 en las que según cuenta la leyenda el joven Robert Johnson vendió su alma al diablo a cambio de convertirse en el mejor bluesman.

Las leyendas, son eso, pero también esconden historias que carecen de explicaciones sencillas. Robert Johnson (1911) desapareció durante tres meses de los locales de blues, ningún otro músico le vio durante ese tiempo, cuando reapareció sentía la música como nadie la sentía y la tocaba de un modo diferente. Son House trató a Robert Johnson en esa época, y le recordaba como un guitarrista pésimo, carente del talento e imaginación hasta su desaparición. Por aquel entonces tenía 24 años, tres años después fallecía en extrañas circunstancias dando pie a otra leyenda, la de los músicos que morirían a los 27 años; Brian Jones, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jim Morrison o Kurt Cobain.

El pacto con el diablo


Toda la vida de Robert Johnson está llena de sombras y dudas, si quiera se conoce con exactitud la fecha de su nacimiento, desconoció el nombre de su padre biológico hasta la adolescencia, sólo hay dos fotografías suyas y murió envenenado por un marido celoso en un cruce de carreteras cerca de Greenwood en agosto de 1938.

La leyenda cuenta que una noche, en una plantación cercana a su casa en Clarksdale, un hombre alto y negro se acercó a Johnson, cogió su guitarra, la afinó, tocó un par de canciones y se la devolvió al joven bluesman, así se cerró el pacto y esa leyenda se fue extendiendo como la pólvora. Dos décadas después los blancos músicos ingleses rescataban la música de Johnson para la eternidad. Martin Scorsese lo explicaría así, "La historia con Robert Johnson es que sólo existió en sus discos, era pura leyenda". Johnson pasaría a la historia con el sobrenombre de "El rey del blues del delta".

Un legado de leyenda

El joven Johnson se crió en un hogar roto, hijo de una esclava entre dos hombres. El músico se casó dos veces, la primera en 1929 con Virginia Travis, él tenía 18 años y ella 16 cuando se quedó embarazada, posteriormente fallecería durante el parto. Johnson se volvería a casar unos años después y tendría descendencia.

Robert Johnson sólo grabó 29 canciones en vida en dos sesiones de grabación entre 1936 y 1937, todas y cada una de ellas tendría continuidad en el tiempo con versiones en los primeros discos de Cream, Led Zeppelin, los Rolling Stones o Fleetwood Mac, miembros destacados de una lista interminable que contribuyó a que la revista Rolling Stone situase al bluesman en el quinto puesto de los mejores guitarristas del siglo XX.

jueves, 6 de enero de 2011

Mis tratos con la marihuana



Luis Fernando Afanador
Revista El Malpensante

Cuando abrí el armario de mi hermano mayor vi el bareto. Entonces era cierto: fumaba marihuana. Quedé frío, sin reacción, como si hubiera perdido a mi hermano.Yo tenía 14 años, vivíamos en Ibagué y para mis padres la marihuana era la perdición. Y todo parecía indicar que él la fumaba: tenía el pelo largo, le encantaba el rock y andaba para arriba y para abajo con Moncho Plazas, un reputado marihuanero de la ciudad que usaba unas pintas estrafalarias. Era seguro, aunque él siempre lo negaba. Y mis padres, ingenuamente, le creían. O se hacían los que le creían, así son las familias; nunca ven lo que no les conviene y menos tratándose de los hijos consentidos. Mi mamá moría –y sigue muriendo– por mi hermano mayor. Y mi mamá, sin llegar a ser una matrona, mandaba en la casa.

Solo faltaba la “plena prueba” y yo acababa de descubrirla: ahí estaba el bareto, en el armario bajo llave que antes había sido un lugar prohibido lleno de tesoros: dinero, ropa, revistas, discos y fotos de mujeres. Hubiera podido delatarlo. O chantajearlo: su suerte estaba en mis manos. Sin embargo, no quise cobrar mi victoria. Realmente estaba consternado. Mis padres me habían llevado a ver una película sobre una muchacha que había empezado fumando marihuana y terminó muriéndose “en el infierno de las drogas”. Quedé traumatizado. Además, mi hermano también era mi ídolo. Secretamente yo anhelaba su mundo: de paseos, discotecas, carros, amistades incondicionales y muchachas bonitas. Decidí darle la oportunidad de mentir y seguí con el deporte familiar de no barrer debajo de la cama. Lo encaré, le dije de frente que había visto un cacho de marihuana en su armario. Me respondió impasible: “Se lo estaba guardando a Moncho Plazas”. La vida siguió como antes.

Hasta que un día un vecino, Gustavo, mucho mayor que yo, me pidió que le prestara unos discos de mi hermano que había escuchado en un programa de rock que él tenía con un amigo en una emisora local. Acababa de enterarme de que mi hermano tenía unas apetecidas “joyas” que me daban estatus en el barrio. Un “grande” requería de mis favores. Imposible negarme. E imposible prestárselos. Me tocó ir a escucharlos con él. Escuchar esa música que a la vez me atraía y me asustaba porque la asociaba directamente con la marihuana. Llegamos a su casa y, oh sorpresa, la otra invitada era la rubia divina del barrio. Nada que hacer: los marihuaneros conseguían las mejores viejas. Y estaba ahí, en el piso, sentada a mi lado, en actitud relajada. Mientras Gustavo empezaba a armar el bareto, yo sudaba y trataba de encontrar una disculpa para no “meter” que me dejara bien librado. Mejor dicho: que no me dejara como un huevón. Por primera vez sentí lo que era la presión de grupo. Aunque, teniendo en cuenta a la rubia divina, podría hablarse mejor de presión de “grupa”. Gustavo terminó de armarlo y me lo pasó: “No, gracias, más tarde”. La rubia divina, en cambio, no vaciló: aspiró varias veces mientras Gustavo le subía el volumen al disco The Very Best of Cream (¿o era Jethro Tull?). Miré a la rubia divina que después de fumar se echó unas gotas en los ojos y se fue para un mundo en el que, claramente, yo existía aún menos. El tiempo pasaba lento y yo –no sé para quién– ponía cara de estar muy interesado en la música. Fingía que me sollaba la música; fingía que no era un huevón. De pronto, Gustavo dijo que la marihuana se había acabado y me pidió que lo acompañara a comprar. Me provocó abrazarlo, darle las gracias: todavía me tenía en cuenta, a pesar de todo. Tomamos un bus y nos bajamos en una tienda de mala muerte hacia la salida para Armenia. Gustavo le habló a la dueña con un santo y seña y ella llamó a un muchacho que al rato se apareció con un paquete. Estaba asustado pero alcanzaba a disfrutar la adrenalina del peligro y de la clandestinidad. Si no era marihuanero, al menos podía llegar a ser un buen cómplice, “un man fresco”.

A los pocos años, ya no fue raro ver a los amigos fumando marihuana. En la esquina, en el cine, en cualquier parte, rodaba el bareto tranquilamente. Pero ya no me daba pena decir que no: me había vuelto simpatizante de izquierda –participaba en grupos de estudios marxistas– y los marihuaneros me parecían decadentes, alienados, oprimidos por la cultura del imperialismo. Aunque eso sí: seguía envidiándoles sus nenas bonitas, que escaseaban entre nuestras “compañeras”.

Me vine a Bogotá a estudiar junto con mi hermano mayor, que muy temprano empezó a trabajar y a encontrarle el gusto al dinero. Si fumaba, fumaba muy poco: la marihuana vuelve muy perezosa a la gente y eso es incompatible con hacer plata. Luego de vivir con una tía, de peregrinar por varias residencias estudiantiles, recalamos en una sui géneris administrada por los mismos estudiantes. Era una delicia; allí viví mi mejor época de estudiante, en un cuarto inolvidable junto a un árbol de sauce. Había estudiantes de todas las regiones, de todas las tendencias, caracteres y gustos. Había, por supuesto, varios marihuaneros. Que eran, por cierto, los más queridos y con los que mejor se hablaba de política, de música, de cine y de literatura. Fumaban marihuana todos los días. Tanto que a veces se engañaban ellos mismos. Alguno decía: “Hace rato que no me trabo”. Otro le respondía: “Ve, yo tampoco, ¿por qué no armamos un bareto?”. Es cierto, ahí lo comprobé: no es fácil dejar la marihuana. Fumaban y fumaban con sus lindas nenas y yo incólume, con mis firmes convicciones de izquierda, culpabilizándolos un poco por mi simple negativa a probarla.

Hasta que un día –llevaba ya tres años viviendo en la residencia– me entró la curiosidad de probarla. ¿Por qué? No sé: por joder, por cambiar, por la curiosidad de tanto verla, por no seguir siendo un adalid de nada y mucho menos de la moral. Le pedí al más burro que consiguiera un bareto. Fumé –yo no fumaba ni siquiera cigarrillos– y me senté a esperar. Nada, no sentí nada. “Es la marihuana, no es buena”, sentenció el experto. A los tres días se apareció con un paquete: “Es punto rojo, la mejor, no falla”. Por si las dudas, y porque no sabía aspirar, fumé bastante. Sentí demasiado: sentí que el piso se movía; me quedé media hora pensando si bajaba las escaleras y una eternidad mirándome en el espejo del baño sorprendido de que “ése” fuera yo. Sensaciones amorfas, extrañas, poco agradables. ¿Cuál era la bulla? El burro, como un profesor paciente, me explicó: “Hay que aterrizar la traba. Usted no se puede trabar y esperar a ver qué pasa. Hay que trabarse y hacer algo: leer, ir a cine, escuchar música, hacer el amor”. Leer no pude; hacer el amor no tenía con quién; escuchar música no me pareció mejor que hacerlo con audífonos. Me quedaba el cine: qué maravilla. O mejor: “qué nota”. Sobre todo, los musicales: Dulce caridad y Fama. La marihuana exacerba los sentidos pero a mí me exacerbaba especialmente el de la vista. Y la paranoia: así como era placentero ver las películas, era igual de angustioso tomar el bus para ir al teatro, padecer la mirada acusatoria de cada uno de los pasajeros que me gritaban como en el poema de Barba Jacob: “¡Eres un marihuano, un perdido!”. No aguanté la paranoia; en la balanza, mayor que el gusto. No volví a trabarme para ir a cine. Entre tanto, la acogida que me dieron los marihuaneros de la residencia fue conmovedora. Al fin era uno de los suyos, un carnal, parte de la cofradía, de la familia entrañable.

Por esa época leía mucho psicoanálisis y estaba obsesionado con psicoanalizarme. Se me ocurrió que la marihuana podía ayudarme en ese propósito. Y vaya si me ayudó: entendí la enfermiza relación con mi madre. Me curé del asma, que es un amor quejoso. La perdoné y quedó en paz mi relación con ella. Pude verbalizar una palabra mágica que fue tan brutal como esclarecedora. Muchos años después lo pude decir mejor, con la sutileza y los matices que proporciona el lenguaje poético:

Edipo resuelto

Le habían dado en el reparto
La actuación más difícil
La más triste
La de la madre
Que debía amar a su hijo.

Nunca más volví a probar la marihuana. No me ha hecho falta.