lunes, 31 de agosto de 2009

POEMA INVADIDO POR ROMANOS

Juan Manuel Roca, (Medellín, 1946). Poeta, periodista, ensayista.

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Poema invadido de romanos

Los romanos eran maliciosos.

Llenaron Europa de ruinas

Confabulados con el tiempo.

Les interesaba el futuro,

Las huellas más que las pisadas.

Los romanos, Casandra, eran mañosos.

No fraguaron el Acueducto de Segovia

Como un ducto de agua y de luz.

Lo pensaron como vestigio,

Como un absorto pasado.

Sembraron de edificios roñosos Europa,

De estatuas acéfalas

Engullidas por la gloria de Roma.

No hicieron el Coliseo

Para que los tigres devoraran

A su antojo a los cristianos, tan poco apetecibles,

Ni para ver ensartadas

Como entremeses del infierno

A las huestes de Espartaco.

Pensaron su ruina, una ruina proporcional

A la sombra mordida del sol que agoniza.

Mi amigo Dino Campana

Pudo haber saltado a la yugular

De uno de sus dioses de mármol.

Los romanos dan mucho en qué pensar.

Por ejemplo,

En un caballo de bronce

De la Piazza Bianca.

Al momento de restaurarlo,

Al asomarse a su boca abierta,

Encontraron en el vientre

Esqueletos de palomas.

Como tu amor,

Que se vuelve ruina

Mientras más lo construyo.

El tiempo es romano.

El amor de los hijos del águila, poema de William Ospina

William Ospina en el III Festival de Poesía de la Ciudad de Pereira. Lectura en el Parque Cuba "Guadalupe Zapata" el día martes 25 de agosto. Además hubo lectura por Juan Manuel Roca, Marco Antonio Campos y Antonio Deltoro.

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El amor de los hijos del águila

En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.

En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.

En torno del hocico del venado ya tiemblan, invisibles, las ondas del

estanque.

En mis labios ya están, invisibles, tus labios.

Año 2000, Poema de Alejandro Oliveros

Lectura del poema "Año 2000" por Alejandro Oliveros en el auditorio de la Cámara de Comercio de la ciudad de Pereira.
Alejandro Oliveros es ensayista, traductor, poeta y crítico literario. Nació en Valencia, Venezuela, el 1 de marzo de 1948. Fundador y director de Revista de Poesía y "Zona Torrida".

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(Vídeo de Murvin Andino)

domingo, 30 de agosto de 2009

Darío y su revolución idiomática

William Ospina junto a Giovanny Gómez, organizador del festival
(Imagen: Murvin Andino)


La tarde del miércoles 26 de agosto en las instalaciones del Banco de la República, en la ciudad de Pereira, William Ospina, premio Rómulo Gallegos 2009, brindó la conferencia Un viaje a la poesía de Colombia.
Ospina resaltó la importancia de los poetas norteamericanos Walt Whitman y Edgar Allan Poe y la musicalidad de sus versos para el desarrollo del Modernismo que tuvo en Rubén Darío su mayor exponente, junto a Manuel Gutiérrez Najera y otros autores que fueron influencia en poetas colombianos de gran relevancia, como es el caso de Porfirio Barba Jacob.
"La verdadera independencia de América fue a partir de Darío con el Modernismo por su aporte a la depuración de la lengua española", dijo Ospina en alusión a la relevancia del Modernismo para el idioma español que necesitaba una reforma y que encontró en Darío a su maestro renovador.

Pereira de poesía

Murvin Andino, Antonio Deltoro, Enrique Hernández D' Jesús... entre otros.

Murvin Andino junto a Juan Manuel Roca.



Antonio Miranda (Br) con Murvin Andino

Del 25 al 29 de agosto se realizó en Colombia el III Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Pereira, donde Honduras asistió como invitada.
Anunciado como representante de la nueva poesía hondureña, mi estreno en el mundo literario internacional estuvo rodeado de personalidades de la poesía.
Por México asisteron: Álvaro Solis, Marco Antonio Campos, Antonio Deltoro, Alí Calderón.
Por Venezuela: Lierka Bonnano, Alejandro Oliveros, Enrique Hernández D' Jesús.
Por Brazil: Antonio Miranda
Por Honduras: Murvin Andino Jiménez
Por Chile: Sergio Villaroel.
Por Colombia: Giovanni Quessep, Nicolás Suescún, William Ospina, Miguel Méndez Camacho, Ramón Cote, Robinson Quintero Ossa, Luis Fernando Afanador, Carlos Castrillón, Gustavo Colorado, Juan Alberto Verón, Catalina González Restrepo, Juan Manuel Roca, Merardo Aristizábal, Horacio Benavidez, Elkin Restrepo, Felipe García Quintero, Luis Jairo Henao Betancur.

sábado, 22 de agosto de 2009

"Para mí la poesía es una comunicación íntima entre el poema y el lector"

En esta ocasión transcribo en mi blog una entrevita a El Espectador de Colombia por José Emilio Pacheco, figura importante de la poesía iberoamericana que asistirá al III Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Pereira, Colombia, a donde yo también asistiré como invitado por Honduras a partir de este martes 25 y hasta el sábado 29 de agosto del año en curso.
José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939) es poeta, ensayista, traductor, novelista y cuentista. Pertenece a la generación de los años cincuenta, integrada también por Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponce, Sergio Galindo y Salvador Elizondo.
Pacheco ha sido profesor en la UNAM, en la Universidad de Maryland (College Park), en la Universidad de Essex, y en algunas otras de Estados Unidos, Canadá, y Reino Unido y ha sido galardonado con premios como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009), José Donoso (2001), Octavio Paz (2003), el Pablo Neruda (2004), el Ramón López Velarde (2003), el Alfonso Reyes (2004), el José Asunción Silva (1996),Xavier Villaurrutia (1973), y el García Lorca (2005).

Sara Araújo Castro EL ESPECTADOR
A la celebración por los 70 años de José Emilio Pacheco se le sumó en 2009 el Premio Reina Sofía de Poesía y un homenaje en Bogotá, ciudad querida para él. Este escritor, que se confiesa nulo para cualquier otro oficio, forma parte de ese grupo de “hombre de letras” en el máximo significado de esta expresión, que no encuentra otra redención que la palabra escrita. Ahora voló desde México con la bandada de poetas migratorios que pasó este agosto por la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Usted tiene una larga relación con Bogotá, incluso le dedicó un poema.
En ningún lugar he encontrado tanta generosidad. Esta ciudad me encanta. Se cumplen en septiembre 40 años desde que vine por primera vez a Colombia. Fue en 1969. El poema es muy curioso porque me lo pidieron para una revista. Era una especie de encuesta poética, pero no lo publicaron, entonces yo lo recogí.

¿Corregir y reescribir es una costumbre suya muy particular, puede compararse con releer textos en el tiempo?
Claro que sí, es terrible porque la gente se pregunta para qué lo hago; está mal visto. Me dicen: “Me cambiaste el poema que había leído”. Se siente un agravio al poema, y lo cierto es que yo parto de una idea poco optimista: si tú leíste ese poema una vez, no lo releerás 28 años después.

Eso también lo empodera a usted sobre su obra.
Pues no tengo esa arrogancia, yo lo que pienso es que si lo puedo mejorar, lo mejoro. Por qué va a haber un respeto sagrado al texto literario que no hay con el libro de biología. Eso me ha hecho muy tolerante de la gente, no creer que todo el mundo va a estar de acuerdo conmigo. Claro, es una pérdida de tiempo, debería estar haciendo cosas nuevas.

¿Le gustan los recitales o cree que la poesía leída en voz alta pierde el encanto de la intimidad?
Para mí la poesía es una comunicación íntima entre el poema y el lector. Además leer en voz alta mis poemas me da vergüenza.

Eso tiene relación con lo intimista de su poesía...
Sí, son cosas muy personales y tengo que dar la cara por eso. Además porque creo que el autor es sólo una parte de lo que está escrito, no es todo autobiográfico. A mí no me gusta conocer a los escritores, prefiero leerlos, pues uno se hace una idea que jamás va a corresponder, y quien trata de hacerlo termina siendo horrible; quien trata de hablar y comportarse como poeta es espantoso.

Usted viaja por todos los géneros, ¿cómo llega a cada uno?
A mí se me ocurre algo y viene con su forma. No son cosas separadas. Además hay gente que lee una cosa o la otra, no puedo pretender que lean de todo.

Bueno, por ejemplo Las batallas en el desierto es una lectura común entre los jóvenes, la poesía tiene otro público...
Sí, es cierto, me siento muy agradecido por esto. Basta entrar a la Feria del Libro para cuestionarme cómo me atrevo a publicar. En este océano lo que yo hago es una gota. Que alguien lo lea me hace sentir agradecido.

México pasó por un momento muy difícil con la gripe. ¿Cómo fue para usted este período?
A mí me acusaban de pesimista, pero quedé frente a los hechos como un optimista infantil. Nunca me hubiera imaginado que tendríamos problemas graves de aguas contaminadas, ni lo de la epidemia, ni lo de la violencia que deja cada día tantos muertos.

¿Estos problemas forman parte de su trabajo reciente?
No. Yo creo que para que eso tenga una expresión literaria necesita cierta distancia. Además me rebasa, no puedo ser cronista de lo que está pasando, es una realidad tan aplastante...

El tiempo es un gran tema en su obra, ¿esa mirada pesimista ha cambiado?
A esta edad es tremendo, hay tanta gente conocida que ha muerto o que está enferma. Entonces yo pienso que seré el próximo. Esto da un nuevo significado a la vida. Por otro lado, siento que llegué hasta aquí y que además nunca he dejado de escribir; es un gran triunfo.

¿Ha pensado en su epitafio?
No quiero tener epitafio. Quiero incineración y desaparición.

Con esa obra suya no hay cómo hablar de desaparición.
Conozco gran cantidad de escritores famosos que mueren y nadie se vuelve a acordar de su trabajo. Es muy cruel la literatura en ese sentido.

¿Cómo nació su relación con nuestro país?
Trabajaba en la revista de la Universidad de México a donde me llegaban revistas colombianas. En una revista Mito de 1961 leí una novela corta de un escritor joven desconocido: El Coronel no tiene quien le escriba. Hablé con Mutis de esta novela y él me dio un ejemplar de La hojarasca, así que tal vez fui la primera persona que conoció a García Márquez en México y que tuvo un ejemplar de La hojarasca.

¿Por qué México les gusta tanto a los escritores colombianos?
En los años 60 era muy hospitalario. Ahora ha cambiado mucho, es terriblemente hostil.

¿Cuál es el lugar ideal en sus recuerdos?
Todos y ninguno. Porque la memoria cambia todo. Dicen que soy nostálgico, pero no es nostalgia, es memoria, no añoro el pasado.
La escritora argentina Sandra Lorenzano, quien lleva 33 años viviendo en su país, decía que México tiene algo antiguo que quienes migran a este país nunca podrán descifrar...
Yo invertiría lo que dice Sandra, ahora hay un México que nunca me pertenecerá que es el de los jóvenes.

¿Cambia la escritura con los años?
Totalmente. Cambia con las semanas, con los días.

¿Y la necesidad de plasmarse y de descifrarse a través de la escritura cambia también?
Yo creo que sí, por eso digo que mi verdadero medio es la escritura. Quienes tienen una gran oralidad ya no necesitan escribir.

¿O sea que usted es escritor por necesidad?
Por necesidad y por eliminación, porque no sirvo para otras cosas.

¿Qué le deja la poesía clásica a la poesía contemporánea, alejada de la métrica y la rima tradicionales?
Una le debe todo a la otra. Primero hay que dominar la clásica para llegar a la otra. Yo también escribo poemas en verso tradicional y con rima. México es muy rica en la poesía popular. Allá improvisan una décima con gran talento, yo no puedo hacerlo y eso no se puede perder. La décima es muy difícil, no pueden fallar las sílabas ni los acentos. En ocasiones yo también vuelvo a lo clásico porque es lo que se me ocurre en ese momento. Hay poemas rimados que son malísimos y otros sin rima que son peores.

Se dice que la fama puede ser un peso en el trabajo del escritor, al punto que el escritor mayor le desea al joven que la fama le llegue tarde. ¿A usted le llegó en buen momento?
Me llegó temprano y tarde. Tuve una respuesta generosa y muy rápida, pero siempre decían: “Está bien lo que hace este muchacho, pero no pasará de ahí”. Lo cierto es que yo no pienso en eso y no creo que haya afectado mi escritura. Lo que sí me ha costado mucho trabajo ahora, pero he tratado de mantenerme al margen, es la cosa mediática, antes eran otras épocas. Este año, con la celebración de los 70 años y lo del premio ha sido muy fuerte. Me da mucha vergüenza repetir las mismas cosas en las entrevistas. Hasta he pensado inventarme biografías para decir cosas nuevas.

Hablando de la invención, ¿usted cree que uno en la escritura puede realmente ser otros o termina repitiéndose?
Lo que es importante de la escritura es que te permite ponerte en el lugar de otros. No sirve decir yo, yo, yo. No tiene sentido. A través de la escritura se aprende una gran lección de tolerancia, pues podríamos llegar a la muerte discutiendo lo que cada uno ve. Como la señora que trabajaba en casa, que comentaba a los vecinos la tragedia que vivía mi esposa, para ella: “La señora trabaja como loca, pero el señor no hace absolutamente nada. Cuando no está con la pantallita, lee el periódico o un librito todo el día. Pobre mujer cargar con todo”. Esa era la realidad que ella veía y yo cómo se la iba a discutir.

En contraste, su hija, Laura Emilia, afirma que siempre lo vio trabajando de manera incansable, con disciplina y tesón buscando cada palabra, cada expresión.
Uno busca la perfección, pero es momentánea. Pasado el tiempo vuelvo a ver lo escrito y me doy cuenta de que hay que corregirlo, una y otra vez.

Esas palabras escogidas reflejan su interior en ese instante.
Pues precisamente, el instante es efímero y por eso las palabras cambian.

Usted también traduce poesía, ¿el traductor es un cocreador?
En ocasiones sí, porque lo que busco es que suenen como poemas en español.

¿Ha tomado alguna vez la decisión de no traducir un poema?
Yo no, lo ha decidido el autor al escribir un poema que no se puede traducir.


miércoles, 19 de agosto de 2009

"Lugones inventó que los militares podían gobernar"



Por: Nahuel Mercado Díaz
Tomado de Clarín
"Lugones inventa un sujeto político, hasta ese momento a nadie se le había ocurrido que los militares podían gobernar. Los militares cumplían otro rol: la idea de que podían gobernar el país surge ahí. Mira qué idea y cómo la pagamos, y la seguimos pagando todavía", dice Cristina Mucci, periodista y escritora.

Después de cinco años de investigación y de lectura sobre el escritor argentino, Mucci acaba de publicar Leopoldo Lugones. Los escritores y el poder.

"Me llamó mucho la atención el rol que quiso jugar Lugones en la política argentina. Él hace el manifiesto de la revolución del 30, es el ideólogo de la revolución, cuando asume, Uriburu no lo llama más", afirma Mucci.
El libro, centrado en la obra fundacional y emblemática de Lugones como escritor y político, atraviesa la historia de nuestro país y llega hasta el conflicto en torno a la Ley 125, y el debate abierto entre los intelectuales.
La autora advierte: "Esta familia atraviesa toda la historia del país, con muertes, y por eso se dice que simboliza la tragedia argentina. Yo creo que hay que tener cuidado con esos juicios, pero sí es un poco emblemática la historia de esta familia. Va desde Lugones hasta la nieta montonera (Pirí Lugones, desaparecida durante la última dictadura), y el bisnieto roquero (Alejandro Peralta, quien se suicidó)".
Un párrafo aparte merece la mención de Polo Lugones, el hijo único del poeta, inventor de métodos de tortura como la picana y el submarino. "No se puede comparar a Lugones con su hijo", dice Mucci. "Lugones era un hombre de una inteligencia extraordinaria. El hijo era un ser horrible".

-¿Cómo influye la relación con el poder en el Lugones escritor?-
Noé Jitrik plantea cómo a medida que Lugones se va involucrando en determinadas políticas, eso impregna su literatura. En sus últimos años, su militarismo va impregnando la literatura. El mismo decía que su proyecto era uno solo. Escritor y político no se podían separar. Más allá de sus poemas, su escritura es política. Lugones es un escritor político.

-¿Con Lugones muere una manera de ser escritor?-
Este personaje del escritor que trata de ser el ideólogo de su tiempo, sí, muere con Lugones, no se retoma más. Aunque en los 60 y 70 hubo mucho escritor que se comprometió, peso político real en el poder yo no he visto que hayan tenido nunca. En los 60 el escritor tenía un rol más fuerte en la sociedad, era mucho más escuchado que ahora.

-¿Cómo se vinculan los escritores jóvenes con el poder?-
No les interesa. Este modelo de escritor político que en los 60 tuvo mucha fuerza -García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes- era un poco el modelo de Lugones. De Sartre también. Hoy no interesa, yo no veo a nadie de menos de 50 años con este tipo de inquietudes y por ahí no está mal, tal vez se terminó la época de los grandes discursos.

lunes, 17 de agosto de 2009

Santa Rosa de Copán celebra sus Juegos Florales

Rose Mary Rivera. Tercer lugar en la rama de poesía

Patricia Toledo Bautista. Segundo lugar en al rama de cuento

Marco Antonio Villatoro( San Pedro Sula) Primer lugar rama de cuento

Eleazar Rivera(centro). Primer Lugar rama de poesía
Fotografías de Murvin Andino

El sábado 15 de agosto a las dos de la tarde se realizó en la Casa de Cultura de Santa Rosa de Copán la entrega de premios de los Juegos Florales en su edición XXIV. Los ganadores en la rama de poesía fueron Juan Eleazar Rivera Portillo (El Salvador), primer lugar; Gustavo Chávez Molina (Tegucigalpa) segundo lugar; Rose Mary Rivera (San Pedro Sula) tercer lugar.
En la rama de cuento fueron premiados Marco Antonio Villatoro Lara (San Pedro Sula) en el primer lugar con Cinco bocetos de agonía; Patricia Toledo Bautista de Santa Rosa de Copán con Luz al final de los ojos; María Cristina Castañeda Pineda de Tegucigalpa con su texto Madre temporal.
Dichos ganadores fueron seleccionados de entre una cantidad de 70 concursantes, uno de los años más prolíficos en cuanto a número de participantes, segun los organizadores, quienes además confirmaron que la edición 2010 de dicho certamen será a nivel centroamericano.

jueves, 13 de agosto de 2009

3er. Festival Internacional de Poesía Luna de Locos

Del 25 al 29 de agosto de 2009
Pereira, Colombia
El día 25 de agosto estaré viajando al 3er. Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Pereira, en Colombia. Viajo como invitado en representación de Honduras, la cual surgió tomando en cuenta la proximidad semántica del título de mi poemario con el nombre de la entidad organizadora del festival, la Corporación LUNA DE LOCOS de la ciudad de Pereira
Murvin Andino

lunes, 10 de agosto de 2009

¿Discípulo de quién?

Imagen de: Murvin Andino

Difuso, consfuso, meticuloso... Meter algo en culo y dar uso con... Hasta la sangre me revienta de plaquetas y vergazos de la vida tosca y las putas ganas de ser invisible entre los muertos.
Hace rato hablaba con un amigo sobre la frase "escritores de culto" y creo que llegamos a la conclusión -por lo menos yo- de que son una especie rara de tipos que se dedican a hacer literatura sin ningún interés editorial y otras cosas más, pero eso no es realmente lo que quiero hablar por eso no sigo ampliando sobre el tema. Quiero decir que es una tarde de lluvia y que salí un instante de la oficina a fumar un Belmont suave mientras observaba la leve llovizna escupida desde arriba por alguien, vaya yo a saber quién demonios pudiera ser, y que disfruto el instante de soledad -a solas con el humo de mi cigarrillo, la lluvia, los vehículos circulando, un puto guardia que me mira como si fuese sospechoso, a pesar de que hoy me puse una camisa mangalarga y me siento por ratos, muy bien.
Estos días he tenido la puta gana de largarme de este lugar y de todos los posibles, por lo menos en unos 3,000 kilómetros a la redonda, retirarme a una playa a tomar cerveza, leer los libros que tengo acumulados en casa, ver mujeres en traje de baño y disfrutar de la compañía del viejo y gastado mar.
Sólo eso quería decir, que tengo la necesidad de un six pack de cervezas para esta noche y algo de diversión, aunque soy un amargado de primera -y de mierda también-, y no exista mucho que me pueda motivar y hacerme sentir verdaderamente bien. ¡Mierda! ¿Discípulo de quién dijo?, vaya mentira la de los putos monos aristócratas y los rojos desalmados.
Por: Murvin Andino

sábado, 8 de agosto de 2009

El canon de los marginados

Fragmento tomado de: Clarín
Sus textos suelen circular en ámbitos restringidos, al margen de la industria editorial. Leídos con devoción, encarnan un canon alternativo, la pista capaz de mantenerse largo tiempo latente hasta asomar en la superficie. Es que no sólo se desentienden de la publicación, sino de las propias obras, que terminan siendo una creación compartida con sus herederos y albaceas. De Macedonio Fernández a Ricardo Zelarayán, de Juan L. Ortiz a Osvaldo Lamborghini, los escritores de culto conforman una línea que atraviesa la literatura contemporánea y pone en cuestión las consagraciones y los reconocimientos de la crítica y el periodismo.
La figura de Macedonio Fernández (1874-1952) preside este cenáculo de escritores renuentes al gran público y la cultura oficial. Las tertulias que lo tenían como protagonista en la confitería La Perla fueron el escenario donde despuntó su genio, a través de especulaciones, bromas y ocurrencias atesoradas en la memoria de los acólitos. El cronista de tales reuniones no fue otro que Borges, en artículos y homenajes dedicados a ese hombre gris que redescubría los problemas eternos de la filosofía ante un pequeño círculo de oyentes. "Yo heredé de mi padre la amistad y el culto de Macedonio", dijo.
Ese culto, tal como lo relató Borges, parece un modelo de los que luego rodearon a otros escritores argentinos. Macedonio, al parecer, no se sentía escritor: "La literatura le importaba menos que el pensamiento, y la publicación menos que la literatura, es decir, casi nada". Consideraba los textos de No toda es vigilia la de los ojos abiertos como borradores, y lo primero que sus palabras borraban eran las nociones de autor y obra en el sentido corriente. Los proyectos frustrados –escribir una novela fantástica en grupo, desplegar una conspiración algo infantil alrededor de una candidatura presidencial– tenían más valor que los realizados, y cobraron proporciones con la leyenda. En aquellas tertulias participaba Santiago Dabove (1889-1951), otro escritor que también prefería, paradójicamente, la palabra oral a la escrita y cuyo único libro, La muerte y su traje (1961), dio lugar a un culto póstumo.
La singularidad de Macedonio se recortaba sobre el nosotros del grupo que lo escuchaba y luego difundía su palabra. Si Borges hablaba en plural al evocarlo, era tal vez para reponer el auditorio ante el cual el maestro pronunciaba sus frases memorables. "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio", confesó. La veneración es característica. Juan José Saer la observó en el círculo que rodeaba a Aldo Oliva (1927-2000) en la antigua Facultad de Filosofía y Letras de Rosario y en los ambientes intelectuales de Santa Fe en los años 60 y 70: "Siempre tenía discípulos que lo seguían a todas partes y le imitaban, como diría Borges, hasta la manera de escupir". El grupo era llamado Malvaloca, en alusión a "una marca de aceite que tenía el 90 por ciento de oliva".
El ancestro del escritor de culto es el poeta maldito. Esta figura se proyectó desde fines del siglo XIX a partir del libro de Paul Verlaine (1884) que difundió la expresión, aplicada en principio a escritores injustamente olvidados y desconocidos. Su aparición coincidió con el surgimiento de la industria editorial moderna, y quizá no se trató de una casualidad, desde el momento en que esos autores retraídos y desconsiderados podían manifestar la resistencia de los hombres de letras ante las demandas del público masivo y la publicidad. Pero el escritor de culto termina por ocupar una posición ambigua: sus mismas características, el aura que le otorgan el anecdotario y las frases que ponen en circulación sus discípulos, lo convierten en un objeto atractivo para el mercado.
Los escritores de culto abonan la historia de los rechazos. El traductor, la gran novela de Salvador Benesdra (1952-1996), compitió dos veces por el premio Planeta, una decena de editoriales desestimó su publicación y recién apareció de manera póstuma y con un subsidio. Si bien Julio Cortázar auspició su primer libro en Sudamericana, Néstor Sánchez (1935-2003) encontró las mismas dificultades en una vida de trotamundos en la que fue becario en Iowa, adherente a los grupos de Gurdjieff y clochard en Manhattan. "Mi imagen como escritor es por lo general resistida –dijo en una entrevista– y esto llega al ámbito de las editoriales, donde aparezco como un raro de cierto peligro". Sin embargo, durante su largo exilio, fue también lector de Gallimard y publicó en esta prestigiosa editorial y en Seix Barral.
Si se cree en ciertos mitos, los sucesos de ventas resultan indiferentes a estos escritores. Pese a la repercusión de El fiord, su primer libro, Osvaldo Lamborghini (1940-1985) dejó de interesarse por la publicación. En el panegírico que escribió como prólogo a la primera edición de Novelas y cuentos (1988), César Aira cuenta que él mismo mecanografió algunos de sus textos, y en algunos casos, al extraviarse el original, las copias ocuparon su lugar.
La industria editorial, con sus preferencias y sobre todo con sus negativas, contribuye a la construcción de estas figuras de escritores. A veces, los ataques que recibe responden sólo al mito. La marginación de Juan Filloy (1894-2000), por ejemplo, fue más bien una estrategia del propio autor: dada su situación como juez, prefirió publicar en ediciones privadas o directamente dejar inéditos textos que precisamente ponían en entredicho el sentido de la ley. Desde los años 70, Filloy atrajo la atención de la prensa: su longevidad, la dedicación insólita a la creación de palíndromos y la costumbre de titular sus novelas –más de cincuenta– con siete letras o múltiplos de siete bastaban para provocar la curiosidad. Los ataques que recibieron algunos de sus libros –Op oloop fue considerado pornográfico en 1934 y Vil y Vil prohibido por la dictadura militar en 1976– incidieron también en su rescate, aunque sólo en fecha reciente comenzó a desarrollarse un plan editorial sobre la obra.
La historia de Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978) muestra idas y venidas similares. De autor consagrado por la revista Sur pasó a ser un escritor ignorado en la Argentina, a partir de su radicación en Italia, en 1957, y el abandono del castellano por el italiano como lengua de escritura. No provocaba esa simpatía necesaria para un culto, al contrario: era tan odiado por sus colegas que temía ataques personales y en el caso de una cena organizada por la SADE, contaba Silvina Ocampo, llevó su propia comida por temor a ser envenenado. Su redescubrimiento, en los 90, fue posible a partir de una nueva generación de escritores.
Por: Osvaldo Aguirre

lunes, 3 de agosto de 2009

Frente al espejo

Vasco Szinetar (Caracas, 1948), desde hace 30 años se toma retratos acompañado por escritores famosos en baños de ferias, aeropuertos y festivales.
"El retrato ha sido para mí un largo ejercicio de silencio, sólo así puede el alma del otro aparecer. ¡Abajo el espejo! Al no tener fondo ni límites, éste nos revela lo que de más íntimo y lejano hay en nosotros: nuestros temibles secretos, nuestras ocultas demencias".
Vasco Szinetar y Enrique Vila-Matas

Vasco Szinetar y Mario Bellatín

Vasco Szinetar y Ciorán

Vasco Szinetar y Jorge Luis Borges




sábado, 1 de agosto de 2009

La condición humana



Por: Fabián Casas


Cada escritor poderoso tiene una retórica que lo acompaña. Casi, como si fuera el esquema simbólico de Lacan, podría decirse que esa retórica conduce nuestras lecturas, las encapsula y las convierte en un cliché. De modo que surge una crítica parasitaria que nos dice que, en el caso de Beckett, estamos frente a un escritor que hace del error y del silencio un paradigma, un escritor parecido casi a un santo si no fuera por la ropa extraordinaria con la que aparece en las fotos. La mejor forma de acercarse a estos escritores es con desconfianza: leer sus libros olvidándonos de lo que se dice de ellos, procurar tener una relación vital con sus textos, sin prejuicios, y animándonos a pensar en la dirección opuesta.

Creo que las cartas y las biografías son un género valioso para introducirnos en una obra. De hecho, a mí me ha pasado de entrar a leer a un autor que me resultaba reactivo –como Nabokov– por la riqueza de su biografía. Es como si alguien te susurrara al oído los motivos para ir a ver una película. Lo mismo me pasó con las cartas de Joyce y con la biografía de Strafacce sobre Lamborghini. Cada palabra de un gran escritor está amasada en hechos biográficos. Es una pena que la biografía de James Knowlson sobre Beckett, Damned to fame, no esté traducida al español. Ojalá estas cartas aparezcan pronto.

Por otra parte, Coetzee es uno de los más grandes escritores actuales y un inteligente continuador de la obra de Beckett. Vida y obra de Michael K le debe muchísimo a esas páginas en las que Molloy idea un sistema para chupar piedras pasándolas de un bolsillo a otro. En el traspaso que se produce del "hombre de Beckett" al "hombre de Coetzee", vemos la condición humana –absurda e insensata– bajo el prisma de la violencia política y la compasión. La palabra compasión –sentir con el otro en un momento extraordinario de unión– dejó de ser un buen sentimiento para convertirse en una mala palabra, casi como sentir lástima por el otro. Esta degradación etimológica explica bien el momento en que vivimos.

Beckett y Coetzee ponen en primer plano la compasión por todo lo que sufre en esta tierra y también podrían suscribir a dúo las palabras de Schopenhauer: "La vida es un asunto horrible, yo decidí dedicar la mía a reflexionar sobre esto".