domingo, 24 de mayo de 2009

Presentación en Casa de la Cultura de El Progreso

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Discurso leído en la ciudad de El Progreso

Escribir Corral de locos no ha sido fácil, difíciles años de soledad y desenfreno en las sórdidas calles de una ciudad incoherente, como lo es San Pedro Sula, han pasado desde que empecé mi proyecto allá por el año 2005. Inició con el poema Canción triste, escrito de un sólo aliento y siendo quizá desde ese entonces el poema que más me identifique con mis verdaderas emociones y sentimientos, no sólo de esa época, sino durante mucho tiempo a lo largo de estos años.
Para ese entonces tuve mis primeros contactos con la obra de Goya, ese genial pintor español que logró representar en su obra que le da nombre a mi poemario, no sólo el interior de un manicomio, sino en mi opinión, al ser humano mismo en su búsqueda de la verdad, el amor o la eternidad, que sucumbe con poco gentil cordura. Comprendí quizá con mayor claridad que todo es un simple espejismo, que no hay una realidad verdadera y que nos encontramos en esa búsqueda de la posteridad como simples figuras de demenciales actos.
Mi idea del amor no es la mejor, ni la más reconfortante, si eso quisieran encontrar en mis versos, creo que al igual que el odio son emociones que sólo nos hacen actuar durante algún tiempo de forma irracional. Mis poemas son en muchos casos quejas, gritos, susurros y lamentos por lo inalcanzable, cruel y despiadada que es la vida.
Creo, sin temor a equivocarme, que nos encontramos desde hace ya algunos años a las puertas de una etapa excepcional de la literatura hondureña. Los poetas actuales, jóvenes aún e inédito más de alguno, en especial los concentrados en la región del Valle de Sula, debido a su cercanía y contacto entre ellos, a su entorno diferente al resto del país, han logrado producir una poesía distinta a la acostumbrada, marcada por un panorama a veces desértico y angustiante reflejado en la obra de poetas como Gustavo Campos, Giovanni Rodríguez y ahora en este poemario que presentamos. Aunque también podría enmarcar en ese ámbito a poetas de mayor recorrido, como el caso de Jorge Martínez y Marco Antonio Madrid.

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