lunes, 22 de noviembre de 2010

Tres vistazos a lo cotidiano...

A continuación tres fotografías de Murvin Andino que contienen tres temas distintos, tres vistazos a lo cotidiano.
® Gato.
® Cruz.

® Señora.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Georges Perec en el laberinto

Georges Perec

Enrique Vila-Matas en este interesante artículo para Diario El País de España nos recuerda la importancia de Georges Perec (1936-1982), el escritor francés de quien Roberto Bolaño dijo: “Georges Perec es, sin duda, el novelista más grande de la segunda mitad del siglo XX"

Todavía no alinean a Perec al lado de Proust y de Céline en el gran canon de la literatura francesa del siglo pasado. Está demasiado vivo. Todavía hoy genera ideas, quizás incluso las genera más que antes, y mueve a los espíritus. Además, él no quería ser importante, huía de toda la parafernalia de lo solemne. Todavía hoy, cualquier línea suya da trabajo feliz a sus lectores. Es como si estuviera diciéndoles todo el rato que abran puertas, bajen escaleras, interroguen a todo aquello que les parezca que ha dejado de sorprenderles para siempre. Perec es un genio. Tiene una página de Tentativas de agotar un lugar parisino que puede perfectamente resumir su mundo: está sentado en un café de la plaza de Saint-Sulpice y se dispone a inventariar todo lo que ve allí (es decir, se prepara para agotar todo aquello que tiene delante, o al lado, en cualquier parte) y nos previene de que no está interesado en las estatuas de los cuatro grandes oradores cristianos de la plaza (Bossuet, Fénelon, Fléchier y Massillon) porque ya han sido suficientemente registradas y fotografiadas; quiere, en cambio, ocuparse de "lo que generalmente no se anota, lo que no se nota, lo que no tiene importancia, lo que pasa cuando no pasa nada, salvo tiempo, gente, autos y nubes".

Experto en esquivar la grandeza, fue un maestro del arte de la atención a lo minúsculo. En ese descenso al territorio de lo pequeño reside paradójicamente su grandeza, que también se apoya en otra paradoja, su afán de que perdure el vacío de la vida: "Escribir es tratar meticulosamente de retener algo, de hacer que algo de todo esto sobreviva: arrancar algunos pedazos precisos al vacío que se forma, dejar en alguna parte, un surco, una huella, una marca, o un par de signos".

Sus padres, judíos polacos que emigraron a Francia, murieron muy jóvenes, su madre en Auschwitz. Esto condiciona posiblemente su visión de la literatura que, aparte de un juego, es también una lucha trágica contra el olvido. Y al lado de esto, como una emoción añadida, ese frenesí encantado, esa pulsión por agotarlo todo. Creo que para comprender el providencial papel que en la historia más reciente de la literatura juega su obra conviene que viajemos hasta el contexto de la crisis de la gran literatura narrativa del siglo pasado. Terminada la época de las grandes novelas exhaustivas y extenuantes (las de Joyce, Proust, Thomas Mann o Robert Musil especialmente), la literatura narrativa se encontró en un callejón sin salida: mientras los ingleses, por ejemplo, mirando como siempre por encima del hombro, se refugiaron en los grandes modelos narrativos, que son extraordinarios, de sus siglos XVIII y XIX, los franceses se inclinaron por las formas experimentales (auge del Nouveau Roman y posteriormente Tel Quel), formas que no llegaron a cuajar, pero terminaron por crear las condiciones para la aparición de un auténtico artista contemporáneo, Perec, Georges Perec, que se alzó contra las pretensiones de los nostálgicos y, girando la espalda a lo supuestamente importante, se ocupó de lo pequeño: "¿Cuántos gestos hacen falta para marcar un número de teléfono? ¿Por qué?".

Ahora, transformado en un catálogo exhaustivo de gestos -que es lo que, a fin de cuentas, podría ser esta sorprendente y brillante muestra perecquiana que acaba de inaugurase en A Coruña-, el autor de Las cosas y de La vida, instrucciones de uso se encuentra ante la hipotética oportunidad tardía y extraña de pasear por parajes gallegos inesperados por los que sin duda cruza todas las noches, sin yelmo ni protección alguna, con un pequeño ciclomotor de manillar cromado, contagiando de euforia inesperada a todo el barrio viejo de la ciudad de A Coruña. Hasta un bar próximo a la Fundación Luis Seoane, donde se presenta la gran exposición dedicada a la dimensión visual de su literatura, se ha sumado a la fiesta y promete servir muy pronto creps de Perec, y también Perec Decrep, un cóctel nuevo. El casco antiguo de A Coruña se ha vuelto único, tan impar como el señor del manillar cromado. Y hasta se ha visto reforzado en su rebeldía por la calma tensa que ha venido a sustituir a la potente tempestad de los pasados días. Como si se esperara un acontecimiento.

Recorrí la exposición en compañía de Hermes Salceda y Alberto Ruiz de Samaniego. A Hermes (que ha colaborado en la zona dedicada a OuLiPo dentro de la muestra y tradujo no hace mucho con Marisol Arbués el perecquiano ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?) le parece que hay que ir a la Fundación a centrarse en el ojo de Perec, en las cosas que él miraba y en la forma que tenía de hacerlo: "Uno de los aciertos de la exposición es la continua presencia de textos perecquianos que en algunas piezas permite apreciar el aspecto visual de la forma de escribir de este autor, y en otras el traslado de las técnicas de escritura al lenguaje visual y viceversa: listas, trampantojos, letanías, heterogramas...".

Alberto Ruiz de Samaniego es director de la fundación, comisario de la exposición y autor de una interesante obra ensayística que parece fundada por la Orden de Maurice Blanchot. Ha destacado en la Seoane por la osadía de sus magníficas y originales propuestas, que se rebelan contra una supuesta grisura de la provincia. Pienso ahora en su muestra sobre Michelangelo Antonioni como pintor, en la de Fritz Lang como escultor, y en esa inquietante muestra, Atlantikwall, impresionante recorrido por los búnkers nazis anclados en el norte de Europa.

Pere (t) c -el título de la exposición- juega con el verdadero apellido del escritor, Peretz, y con la expresión latina que significa "lo demás", que en singular podría servir como referencia a la inmersión del escritor en mundos más o menos ajenos a la literatura.

La muestra incluye una selección de fondos de la Association Georges Perec y una serie de obras realizadas por artistas nacionales e internacionales. A lo largo del asombroso itinerario por el laberinto perecquiano, el espectador se encuentra con manuscritos y fragmentos de sus principales obras literarias, a los que se suman algunas de sus famosas listas y enumeraciones, una selección de los bocetos preparatorios que, a modo de story board, dibujaba para planificar libros como La vida, instrucciones de uso. Entre otras sorpresas, el visitante encontrará un cuadro que quizás creyó algún día que no existía: el que está en la portada de El gabinete de un aficionado y que solo se vio en la edición española de Anagrama; es una pintura de Isabelle Vernay-Levêque, que ha cedido el cuadro por primera vez en su historia.

Ya solo La vida, instrucciones de uso contiene mil referencias al arte de la pintura. Hay también películas, míticas para los perecquianos, como El hombre que duerme, y la que realizó sobre Ellis Island y la emigración europea de principios del siglo pasado a Estados Unidos.

Si algo claro tiene el visitante que recorre esta exposición es que acabará agotado antes de agotar la infinita, laberíntica, ilimitada muestra de cómo trabajaba uno de los más grandes artistas del siglo pasado. Y lo que en cambio ignora -aunque ahora va a enterarse- es que si visita la toilette femenina, podría esperarle una sorpresa de órdago, diabólica para ser más preciso, aunque no sigo, porque, además, no sabría explicarla, quizás porque pertenece a la estirpe de "lo que no se nota".

lunes, 15 de noviembre de 2010

Dos poemas de Giuseppe Ungaretti

G. Ungaretti
La muerte meditada

Canto quinto

Has cerrado los ojos,
nace una noche
nena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.

Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,

y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.

Eres la mujer que pasa
como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.

(Versión de Jesús López Pacheco)



Vagabundo


(Campo di Maily, mayo de 1918).

En ninguna
parte
de tierra
me puedo
acoplar


A cada
nuevo
clima
que encuentro
hallo
languidescente
que
de otrora
ya me había
acostumbrado

Y me separo siempre
extranjero

Naciendo
venido de épocas demasiado
vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un país
inocente

viernes, 12 de noviembre de 2010

"No voy a salir de aquí"

Micah P. Hinson

"Te puedes perder en la vida siguiendo a gente que hace cosas inútiles y que no aportan nada. Es lo que le pasa a mi personaje principal, un paria a la deriva. Pero siempre hay esperanza", así ha resumido Micah P. Hinson, en una rueda de prensa, el mensaje de esa novela que no esconde ciertos tintes autobiográficos.
Con un pasado difícil, marcado por una familia ultra religiosa, las drogas y la indigencia, Hinson ha reconocido ser "parte de cada personaje", especialmente del protagonista, un "joven perdido" llamado Paul que encuentra en la escritura su motivación personal.
"No voy a salir de aquí" bebe explícitamente de autores de la "Generación Beat" estadounidense, como Jack Kerouac, y autores "malditos" como Charles Bukowski, quien introdujo en el mundo de la literatura a Hinson en sus años de estudiante. "Desde al escuela sólo me interesaba la literatura, en lo otro era mal estudiante. Pero la aborrecía porque me hacían leer autores como Byron. Hasta que encontré a Bukowski", ha explicado el cantautor, quien durante la rueda de prensa ha consultado en más de una ocasión una desgastada edición de "En el camino", de Kerouac.
Hinson ha reconocido ser un "consumidor compulsivo" de sus referentes literarios, como la veintena de veces que ha leído "Miedo y asco en las Vegas", de Hunter. S. Thompson, pero ha confesado no haber leído a ningún autor español. El cantautor, que esta noche presenta en el Palau de la Música su nuevo trabajo, "Micah P. Hinson and the Pioneer Saboteurs", ha reconocido dedicarse a la música, antes que a la literatura, por puro pragmatismo.
"En un mundo en el que lo monetario se impone, uno tiene que pagar sus facturas. Vi que con la música era más sencillo sobrevivir", ha contado el cantante. Querido en tierras españolas, como demuestra que "No voy a salir de aquí" se ha editado antes en castellano (Alphadecay) que en inglés, Hinson está trabajando en su segunda novela, "The Great American Novel", una crítica a la falta de una obra de referencia actual para las nuevas generaciones de americanos.
Su malditismo
Hinson ha estado perseguido por su figura de cantante maldito, que arrastra por un pasado tumultuoso, lleno de historias con drogas, "femmes fatales" o indigencia. Una etiqueta que, a sus 29 años y tras romance y boda, parece haber quedado atrás incluso para los medios. "Cada vez me preguntan menos, aunque en su momento fue positivo que se creara esta leyenda mi alrededor. Me ayudó a olvidar mis auténticos momentos personales", ha puntualizado el artista.
Hinson, que en España ha cosechado un enorme éxito desde que publicara en 2004 "Micah P. Hinson and the Gospel of Progress", representa un cantante americano atípico. Hechos como que es un enamorado de su Texas natal, crítico con la gestión de Obama en materias como la reforma sanitaria o seguidor de la Iglesia de Cristo, se entremezclan con una estética moderna marcada por las dilataciones, una voz profunda y desgastada y una lírica personal y cruda, aunque poética. El combinado perfecto para entretener a la derecha y a la izquierda mientras va trazando su propio camino.
Tomado de Diario ABC

domingo, 31 de octubre de 2010

Día de Muertos

Decoraciones en forma de calaveras para festejar el día de Muertos

Me parece doloroso, irónico, ilógico, intolerante y vergonzoso celebrar el día de Muertos en medio de esa cantidad de personas que son asesinadas a diario en el país. Me refiero no sólo a lo sucedido ayer sábado 30 de octubre cuando fueron abatidas 14 personas o la masacre de hace unos días donde fueron asesinadas 18 personas en un taller de zapatería.
El día de Muertos -entre el 1 y 2 de noviembre de cada año y una celebración de la cual existen registros prehispánicos de su realización- es sin duda una de las pocas tradiciones que nos legaron nuestros antepasados mayas y que se conserva aún en algunas regiones remotas del país, y tiene como intención primordial rendir tributo a los seres queridos que se han ido de nuestro mundo por alguna razón, en especial por el hecho individual y obligatorio de cada persona de morirse y ahora con mayor frecuencia por la intolerancia humana.
Y digo que es irónico, ilógico, intolerante y vergonzoso por el dolor que nos deja la muerte, pero no la muerte natural, sino la provocada, la forzada, la enmascarada, la cobarde.

viernes, 8 de octubre de 2010

Vargas Llosa: el fuego intelectual

Mario Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura 2010

El colombiano Héctor Abad Faciolince nos cuenta las virtudes del este maestro peruano de la Lengua Española Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa, aunque ya no sea, como hasta hace muy poco, un trotador empedernido, es un setentón juvenil, de mente y de cuerpo. Si un signo claro de la vejez son la rigidez y el estancamiento de las ideas, Vargas Llosa no ha envejecido. Si el signo más claro de la frescura del pensamiento es, por el contrario, la curiosidad y la capacidad de poner en duda las propias creencias, con una mente abierta, entonces Vargas Llosa es un señor de 73 años que más parece un joven de 37.

No es un traidor a la causa, como lo ha visto la extrema izquierda, sino un hombre fiel –por encima de todo- a unas cuantas convicciones: la de la libertad del individuo, la del rechazo a la coerción por parte del Estado, la del rechazo feroz a las dictaduras, sean estas de izquierda o de derecha. Políticamente nunca estuvo con Cortázar, para quien no eran lo mismo los crímenes de la izquierda que los de la derecha, ni con Borges, quien estuvo dispuesto a recibir honores de Pinochet. Su maestro en asuntos políticos ha sido más bien Karl Popper, con su defensa de la sociedad abierta, y en general los pensadores liberales anglosajones.

Su “primer amor” literario fue teatral y casi prematuro, pues escribió y llevó a las tablas una obra dramática en 1952, cuando tenía apenas 16 años. No podemos saber, sin embargo, cómo serán sus últimos amores, que esperamos sean muchos. Si nos atenemos a lo ambicioso de la novela que sale a la venta próximamente El sueño del celta (la cual ocurre en el Congo y también en el Putumayo, en la frontera entre Colombia y Perú), sabemos que seguirá buscando lo imposible, lo que ningún escritor ha conseguido nunca, pero aquello que él y unos pocos más han estado a punto de lograr varias veces: la novela total. De lo que sí podemos estar absolutamente seguros es de que seguirá escribiendo siempre, o al menos hasta el día en que su inteligencia conserve la agudeza, la creatividad y la curiosidad que lo han caracterizado durante más de medio siglo de incesante actividad intelectual.

Pero la cantidad es lo de menos, pues más vasta es la obra de Corín Tellado. Lo asombroso consiste en que casi todos sus libros son técnicamente impecables y su obra abarca muchos registros, desde el humor y la levedad, pasando por la gracia galante, hasta la más densa complejidad histórica o psicológica. Además, su prosa ensayística es clara y rigurosa; podemos estar o no de acuerdo con él, pero sus argumentos son nítidos, directos, nunca tramposos, pues no recurren jamás a la mentira o a la deshonestidad intelectual. Vargas Llosa ilumina con la inteligencia, conmueve con la sensibilidad, apabulla con la amplitud de su conocimiento y, en resumen, deja ver un escritor, un intelectual y un ser humano íntegro, completo.

En una vida de gran simetría, Vargas Llosa empezó publicando, antes de cumplir siquiera los 30 años, novelas ya maduras, y sigue publicando ahora, después de los 70, novelas que por su frescura y humor poseen un ímpetu y una gracia juveniles. Las de la madurez precoz son La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1965) y Los cachorros (1967). La más importante de la madurez rejuvenecida es su muy entretenida y muy reciente Travesuras de la niña mala (2006) que recupera el refrescante humor de Pantaleón y las visitadoras (1973). Y entre estos dos extremos de su obra, está el núcleo central, lo más asombroso de su actividad intelectual novelística y ensayística.

Por un lado, tres novelas totales, tres universos ficticios perfectamente construidos: Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981) y La fiesta del chivo (2000). Estas tres novelas, al mismo tiempo íntimas, históricas y políticas son, cada una a su manera, tres de las más grandes novelas de nuestra lengua de todos los tiempos. La primera, ambientada durante la dictadura de Odría, es uno de los más complejos y perfectos artefactos técnicos del arte de contar, con una asombrosa mezcla en el manejo de los narradores, de las voces y del tiempo que, pese a su dificultad (el libro exige un lector atento y apasionado), sortea magistralmente todos los escollos.

La segunda, situada en los sertones brasileños a finales del siglo 19, consigue construir un mundo aparte, paralelo al nuestro, con cientos de personajes basados en la realidad pero también inventados, cada uno con una vida y una personalidad convincentes, en medio de una naturaleza agobiante descrita con exactitud. Sus protagonistas están poseídos por una pasión mesiánica y política de gran complejidad, tanto en el plano social e histórico como en el psicológico. Quizá no haya un estudio más completo, en toda su complejidad, sobre los mecanismos del fanatismo y de la pasión mística. Me atrevería a decir que la locura del extremismo islámico, que no es el tema de La guerra del fin del mundo, se puede iluminar muy bien, indirectamente, con la lectura de esta novela. La última, La fiesta del chivo, es el cumplimiento de un viejo compromiso (tácito o explícito) de varios escritores del boom: el de hacer una saga colectiva sobre los dictadores latinoamericanos, Trujillo en el caso de Vargas Llosa.

Héctor Abad EL ESPECTADOR

miércoles, 6 de octubre de 2010

McCarthy y Murakami, favoritos al Nobel de Literatura

Cormac McCarthy
El nombre de Cormac McCarthy suena con fuerza como favorito para obtener el Premio Nobel de Literatura, que se fallará mañana en Estocolmo. El autor de La carretera encabeza las listas de apuestas de la casa británica Ladbrokes , por delante del keniano Ngugi wa Thiong'o, segundo, el japonés Haruki Murakami, tercero, y el húngaro Peter Nadas, cuarto. El primer autor hispanohablante es el argentino Juan Gelman, que se coloca en octavo lugar.
Las quinielas previas al Nobel de Literatura son una tradición pero no suelen acertar casi nunca. La Academia sueca cuenta con una solvente costumbre de refutar todos los pronósticos premiando a autores casi desconocidos como Herta Müller o Elfriede Jelinek o rescatando a otros prácticamente olvidados, como Doris Lessing y Harold Pinter.
Si finalmente McCarthy se lleva el galardón mañana, será el primer Nobel de Literatura para Estados Unidos desde hace 17 años, cuando lo obtuvo Toni Morrison. La representación estadounidense es nutrida y se completa con candidatos habituales como Thomas Pynchon, Joyce Carol Oates, Philip Roth y E. L. Doctorow.
Más tiempo aún hace que no lo obtiene ningún autor hispanohablante. El último fue el mexicano Octavio Paz, que lo recibió en 1990. En la nómina de aspirantes de habla hispana se sitúan, además de Gelman, el hispano-peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Carlos Fuentes, los españoles Javier Marías y Juan Marsé y el paraguayo Néstor Amarilla, entre otros.
Otros narradores como el alemán Ulrich Holbein, el sueco Tomas Tranströmer, la canadiense Alice Munro y el australiano Gerald Murnane aparecen bien situados en las quinielas, que hace años que apuntan también al triunfo de un poeta, algo que no se produce desde que la polaca Wislawa Szymborska ganó en 1996.

Tras los pasos de Müller y Le Clézio
Quizá la entrada más inesperada es la de Wa Thiong'o, que ha ascendido rápidamente durante los últimos días en las listas de Ladbrokes, algo similar a lo que ocurrió en 2009 con la rumano-alemana Herta Müller y en 2008 con el francés Jean Marie Le Clézio, que finalmente lograron el galardón. Algunos medios suecos atribuyen la subida del keniano a que participó en la reciente Feria del Libro de Gotemburgo, la más importante de Suecia, y que en esta edición estuvo dedicada a África.
Los italianos Antonio Tabbucchi y Claudio Magris, el austríaco Peter Handke, el albanés Ismail Kadaré, el holandés Cees Nooteboom, el checo Milan Kundera, la argelina Assia Djebar, el israelí Amos Oz y el polaco Adam Zagajewski forman también parte de la interminable lista de supuestos candidatos.
La Academia insiste siempre en que sólo premia a autores y no a literauras ni países, aunque sus elecciones parecen llevarse a veces más por cuestiones políticas o por el criterio de rotación geográfica que por la calidad literaria.
Tomado de Diario El País