sábado, 8 de mayo de 2010

"Estoy reinventando la literatura hondureña": Gualberto Posadas

Portada de El negro que sabía demasiado

Dicen que los buenos escritores son como los buenos vinos, entre más añejos, mejores. Este dicho parece reflejar de cuerpo entero a uno de los escritores más laureados de nuestro país, Gualberto Posadas. A sus sesenta y dos años bien llevados, Posadas parece un joven de cuarenta. Tiene el color canela de los habitantes del norte del país, lo tostado por el rudo sol tropical, y el cabello rizado que nos hace sospechar de una mezcla entre maya y africano.
Normalmente Gualberto no da entrevistas, pero lo encontramos durante una visita a la calurosa ciudad de San Pedro Sula, en una de las librerías del centro de la ciudad, y accedió a invitarnos a su apartamento y dar unas palabras en exclusiva para este blog.

Esperábamos encontrarnos con un individuo huraño, pero nos sorprendió agradablemente la vivacidad del novelista nacido en San Pedro Sula en 1948. Nos recibe en su acogedora casa del barrio Medina, entre el bullicio de los parlantes que los vendedores de ropa usan para atraer clientes.
Hay una famosa anécdota que se cuenta sobre su madre, y él mismo se encarga de confirmarla:
"Cuando nací, mi progenitora tenía solamente 13 años de edad y mi padre nos abandonó dos meses antes de que yo naciera. Salió a comprar cigarrillos a la pulpería y no regresó. Mi madre dice que posiblemente fue raptado por una banda de chinos que operaba en la colonia Tepeaca donde vivíamos para ese entonces. El caso es que mi madre era muy joven e inmadura para criarme, así que mi abuela se encargó de eso y yo siempre la vi como mi madre y a mi verdadera madre la vi como a una hermana. Ninguna de las dos quiso sacarme de mi engaño y seguí creyendo que mi madre era mi hermana hasta que cumplí 25 años. La revelación me causó un profundo desequilibrio emocional, del que a duras penas pude salir con la ayuda de un psicólogo". Es verdaderamente reconfortante que un novelista famoso se abra de ese modo a la curiosidad del entrevistador y eso nos da la confianza necesaria para preguntarle sin tapujos.

¿Cuántos libros publicados hasta ahora?
No recuerdo, no los cuento. Soy malo con los números, pero estoy reinventado la literatura hondureña.

En "Los vuelos frustrados" usted hace alusión a la aventura de escribir, vista desde diferentes personajes que intentan lo mismo, consagrarse en literatura. Se da realmente esto.
En un país como este es difícil porque la mayoría de las veces se pasa inadvertido. En Los vuelos frustrados el personaje es un escritor que buscar ser reconocido pero sus sueños literarios se truncan al chocar con una realidad que impide que el personaje desarrolle su vocación de escritor. En cierta forma esa novela refleja la realidad de los autores en este país.

Muchos autores deciden exiliarse y permanecer años apartados del bullicio de las sociedades, usted ha estado a punto de desaparecer del mapa cultural de nuestro país y sólo lo vemos para la presentación de alguno de sus libros, a qué se debe ese aislamiento.
Todo depende del carácter de cada escritor, aunque en algunos casos es muy difícil establecer las razones por las que un autor decide enclaustrarse en el anonimato. Tenemos el ejemplo de Salinger, quien luego de escribir algunos libros muy exitosos, como El guardián en el centeno, decide retirarse a una existencia rural, apartada de las ciudades y de la publicidad. Un ejemplo más extremo aún es el de Thomas Pynchon, del cual ni siquiera se conoce su verdadera identidad ni apariencia. Yo comprendí que no era necesario ese entorno para vivir mis fantasías de escritor.

¿Dónde vive actualmente?
Vivo en un hermoso pueblo del occidente del país y eventualmente vengo a la ciudad a este apartamento. Vivo en una rústica casa adaptada a mis necesidades donde tengo todo lo que ocupo. No veo televisión ni escucho radio para no distraerme de mis ocupaciones creativas. Me levanto temprano, escribo de siete de la mañana a doce del mediodía y por las tardes escribo cuatro horas más.

¿Está casado?
No tengo preferencias sexuales, no discrimino a nadie, a mi edad me considero un hombre de mente abierta.

En política, de qué lado está.
De ninguno, todos los políticos son mentirosos y ladrones. Alguna vez fui conservador, pero, como muchos, fui víctima de los engaños de un reconocido político. Como resultado de esa experiencia me desilusioné de ese tipo de gente.

¿Ese hecho provocó que usted se desvinculara de la vida social?
Sigo siendo el mismo, la sociedad fue que se distanció de mí, tengo todo lo que necesito.

José Emilio Pacheco declaró hace algunos años que usted era el mejor poeta hondureño que había conocido. Recuerdo que en una ocasión Pacheco dijo: “Las primeras obras de Gualberto me hacen pensar en un Paz divertido y juguetón”.
Aclaro que yo no soy poeta, soy narrador, y seguramente Pacheco dijo eso por la amistad que nos une.

Honduras sigue siendo un país dividido por muchas cosas, ¿a qué cree usted que se deba?
Pues principalmente se debe a la falta de identidad, un problema que he planteado en algunas de mis novelas... por ejemplo en "La isla de los conmovidos" hay una serie de personajes que son nostálgicos, pero en su tristeza hay una voz que los identifica, aunque cada uno piensa diferente en cuanto a sus raíces. Todos los seres humanos defendemos nuestra individualidad, sin embargo, cada uno de nosotros necesita a los demás y esa necesidad es la que forma a las sociedades y por consiguiente a las naciones.

¿Qué opina del gobierno?
Es una mierda que sólo sirve para complicarle la vida a uno.

Luego de eso toma una pausa para fumar un cigarrillo y prosigue dialogando, pero esta vez sobre otro de sus libros, de sus jornadas intensas frente a la computadora.
"Mi ritual de escritura es sencillo, me levanto a las cinco de la mañana, salgo a correr por el vecindario con mi perro Príncipe, después escribo desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. Sólo me detengo para comer un bocadillo y no admito interrupciones, ni siquiera de mi compañera", dice con algo de picardía el reconocido narrador hondureño Gualberto Posadas, cuya última novela, "La melancolía del karateca", se ha convertido en un best seller nacional con más de 10,000 ejemplares vendidos en la costa norte del país.
Recordemos que Posadas ha cambiado su temática narrativa, ahora sus narraciones mezclan el techno thriller -mismo que ha hecho famoso a Dan Brown- con las investigaciones históricas, arqueológicas y culturales como un medio de afirmar la identidad nacional, "es un trabajo exigente, pero alguien tiene que hacerlo", dice Posadas.

Pasando ahora a hablar sobre su obra, ¿cómo ha reaccionado ante el éxito de sus novelas? ¿Lo esperaba? Sólo "El negro que sabía demasiado" ha vendido 20,000 ejemplares...
Ha sido una experiencia motivadora. Pero debo agradecer a quienes me ayudaron a vender el libro y a quienes lo compraron, sin ellos, su éxito no habría sido el mismo. Tuvimos que vencer muchos obstáculos...

¿Qué clase de obstáculos?
En primer lugar, "El negro que sabía demasiado" es una historia polémica que despertaba la suspicacia de los lectores comunes. El protagonista, o sea el negro del título, es un violador, asesino, proxeneta y pirómano retirado que ayuda a resolver crímenes al comisario de la localidad de Punta Sal, donde vive el negro, cuyo nombre, como saben mis miles de lectores, es Sebastián Güity, alias "Batey". Despertaba esas suspicacias porque Batey no era un personaje constructivo debido a su pasado criminal. Me encargué de convencerlos de que no había tal y que Batey había cambiado su forma de vida. Cuando la novela aún no había sido publicada tenía más de un borrador, cada uno distinto de los otros en su final. Por ejemplo, en mi segundo borrador, Batey al final se convierte en mormón.

¿Y en sus otros borradores?
En el tercer borrador había escenas de sexo duro, mucho sexo. Lamentablemente se presentó un tercer obstáculo.

¿Cuál?
La raza del protagonista. Muchos no estaban de acuerdo con que un miembro de la raza de color fuera presentado como un criminal. Me dijeron que eso era una muestra de los prejuicios existentes en nuestra sociedad a cerca de los negros.

¿Qué hizo para que cambiaran de opinión?
Hice cambios sustanciales y presenté un cuarto borrador, en el que Batey era ahora mulato y únicamente cometía uno que otro delito menor en su adolescencia, su familia había sido asesinada por policías y hasta intentaron acusarlo del secuestro y muerte del hijo de un político reconocido en todo el país. Un robo de gallinas figuraba prominentemente en el argumento de esa cuarta tentativa. Los detractores que cerraban filas contra mí de pronto me felicitaban e incluso me abrazaban conmovidos...

Pero debo recordarle que "El negro que sabía demasiado" es una novela policial. Por cierto, traje un ejemplar. Me atrevo a pedirle que me dé su autógrafo.
Con mucho gusto.

Como le decía, se trata de una novela policial en la que necesariamente se comete un crimen. ¿Cómo hizo para que eso pasara por la censura estricta de los editores y críticos?
Ha tocado usted un punto sensible... En efecto, en el cuarto borrador había no sólo un crimen, sino varios. Veintisiete, para ser exactos. Veinte eran asesinatos muy variados, cometidos con toda clase de medios, desde un remo, pasando por destornilladores, azadones, sierras mecánicas y hasta armas de fuego... Son escenas memorables de Batey, incluso las violaciones y robos, el tipo realmente es un artista del crimen.

Para terminar, ¿qué otros libros podemos esperar más adelante?
Estoy escribiendo una novela sobre un periodista homosexual, a propósito de lo mal que me caen los periodistas. Tengo una también sobre un tipo que al darse cuenta que su mujer le es infiel decide suicidarse, pero antes se dedica a recorrer todos los burdeles de la ciudad, un caso como muchos acá en Honduras, al final se da cuenta que no tiene el valor suficiente para matarse y termina asesinando a su exmujer.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé quién es este compita pero suena mierda, muy mierda.

Gualberto dijo...

Como dijo Borges: "Mis detractores no son más inteligentes que numerosos".

Anónimo dijo...

CARAMBA!! Habra que leer a este reiventor, por que en mi puta vida lo había oído mencionar, habrá que ver si asi como es de egomaniaco vuela verga con la pluma

G.Rodríguez dijo...

Curioso que de Gualberto Posadas uno se entere por una referencia en un diario extranjero, como me ocurrió a mí hace dos años, cuando publicaron un cuento suyo con el título "Sexo, drogas y reguetón" en una sección veraniega con cuentos policiales en El País.
Sin duda, es el Thomas Pynchon catracho.