jueves, 28 de julio de 2011

Tu madre; Buck Charlowski

(Fabo)







Estos días llegó a mi correo electrónico este relato que me pareció aceptable para publicar en mi blog. No tengo la menor idea de quién pueda ser este "Bukowskiano", pero espero lo disfruten y a ver cuándo conocemos un poco de este autor desconocido o de su obra.




Tu madre



Yo y tu mamá nos quedamos solos en la casa porque ya tenías edad para mandarte solito a la escuela y no andarte siguiendo por todos lados como si fueras dundito.
―Ya está grande ―dijo tu mamá―, tiene diez años y no ocupa que yo lo ande cuidando todo el día.
Yo no dije nada, me picaba la pierna quebrada y me daban ganas de rascarme debajo del yeso. Tu mamá estaba friendo huevos con un montón de cebolla como a mí me gustaban y haciendo café y frijoles y tenía tortillas del día anterior, pero todavía buenas. Olía bien. Tu mamá sabe cocinar. También tenía aguacate, pero como que ese día era de huevos y frijoles. Yo no me quejo. Tu mamá no me trata como inquilino, y menos desde que me había quebrado la pata en el taller. Fijo que si alguien entraba hubiera dicho que éramos marido y mujer. Sin paja. Pero como tu viejo se murió y toda esa vaina, pues ella debe sentirse sola, ¿verdad? La gente me imagino que debe hablar hasta por los codos porque tu mamá tiene a un cabrón como yo en la casa y pasa sola conmigo desde que me quebré la pata. Suerte que nadie sabe que trabajé de coime, que cuidaba un bar en un burdel y que me tiré a todas las putas. Si no, quién sabe qué dirían. Hasta fuego le hubieran metido a tu pobre mamá, y ella tan linda. No, si la gente quiere huevos. Y si vieran las revistas que tengo en el cuarto, peor por ahí. Sólo vos las has visto, pero con vos no hay pedo, ya sé que me vas a guardar el secreto porque son cosas de machos, ¿verdad?
―Servido, Moncho ―dijo tu mamá.
Me puso un plato grande de frijoles y huevos y una tazota de café con leche y de ribete iba un chorizo frito y dos tajadas de plátano maduro. Le entré con ganas y cuando ya me había zampado la mitad me acordé de que las damas primero y toda esa vaina.
―¿Y usted no va a comer, doña Elvia?
Tu mamá me estaba mirando con una sonrisota en la cara y yo también me puse a sonreír. Estaba inclinada con los codos en la mesa y andaba puesta la bata floreada y se le miraban toditas. Ya sabés de qué estoy hablando. Grandes y redondas, loco, me imagino que vos te diste gusto sacándole un chingo de leche a tu pobrecita mamá, y las puntas duras. Tuve que acomodarme un poco en la silla para que ella no notara nada raro debajo de la calzoneta.
Ella se dio cuenta de que se las estaba mirando con los ojos pelados, pero como que no le importó porque siguió con los codos en la mesa.
―¿Usted quiere que coma?
―Se va a poner flaca si no come algo.
Me sentí medio dundo, pero no hallaba qué decir. No es lo mismo hablar con las putas o con los majes del taller que con una mujer que vive sola y no le entra más que la miseria de la pensión del marido y el dinerito que le doy yo por alquilar el cuarto.
―¿Usted cree?
―Digo yo.
―¿No le parece que más bien estoy gorda?
La mera neta es que tu mamá sí está medio gordita, man. No es que se vea mal. Para nada. Yo encontré un hoyo en la pared del baño y la había visto varias veces en pelotas. No se miraba mal. Con decirte que hasta me la había jalado pensando en ella. Qué bárbaro, ¿verdad? Cuando estés grande vas a ver qué pedo.
―El pulpero de la esquina me dijo que estoy gordita pero buena. Cómo es la gente ―tu mamá se rio. Se le hacen hoyuelos en las mejillas cuando se ríe.
Yo estaba cagado, loco. No te pajeo. Nunca había hablado de esas vainas con tu mamá. O mejor dicho ella nunca me había dicho esas ondas. Estaba preocupado, pero igual tuve que acomodarme otra vez para no dar señales de nada, y con ese yesote en la pata es bien difícil.
―Cuestión del punto de vista ―dije yo. Qué pendejadas dice uno cuando está nervioso. Cuando estés grande te vas a dar cuenta. Ahora no porque los niños sólo pasan diciendo pendejadas.
Tu mamá se puso la mano en la boca. De seguro le daba pena tener los dientes muy separados. Me daban ganas de decirle que no se la tapara, pero todavía no se me había ido lo chiveado.
―¿Usted cree que no me veo mal?
―La verdad, no. Parece quinceañera.
Yo empecé a comer otra vez, pero se me había ido el hambre. Me sentí bien porque por lo menos había dicho algo decente sin meterme en un berenjenal.
―¿Quiere que le cuente una cosa? ―me dijo tu mamá.
Yo le hice así y ella siguió. Ya estaba convencido de que no iba a comerme todo el desayuno por culpa de tu mamá.
―Me chismearon que unas vecinas dicen que usted y yo tenemos algo ―se echó una carcajada―. Qué exageradas, ¿verdad?
Tu mamá siguió carcajeándose, dio unas palmadas en la mesa y empezó a enrollarse en los dedos las cintas del cuello de la bata. No sé por qué carajo se me metió ponerme ruso de repente con tu mamá. Cosas que uno trae de la calle.
―¿Algo? ¿Cómo así?
Tu mamá dejó de reírse y dijo:
―O sea… usted ya sabe.
―No, no sé ―me toqué el bulto en medio de las piernas. La tenía bien dura, man. Tu mamá me la miró, pero sólo un momentito, y después volteó a ver a otro lado. Yo pensé ahora o nunca. Cuando seás grande vas a ver que uno a veces se imagina vainas cuando la gente hace gestos. Ya vas a ver. Hay que tener cuidado con esas vainas.
Le agarré la mano y me la puse encima de la verga. Es una cuestión grandotota, man, parece serpiente. Tu mamá dijo una vaina, pero no le entendí, de seguro porque no habló claro o porque yo estaba tan caliente que hasta sordo me volví. Ella quiso quitar la mano, pero yo necio apretándosela para que no se moviera y con la otra mano le subí la bata y le bajé el calzón. Cosas de la práctica. Le metí el dedo y no estaba mojada, pero eso no me importó. Tu mamá siguió diciendo alguna vaina, como si rezara o algo así, vieras qué raro. No sé cómo le hice, pero cuando acordé tenía la calzoneta abajo y la mano de tu mamá agarrándome el tronco de la pija. Por ésta que nunca la había tenido tan tiesa, parecía de hierro. La obligué a hincarse y a tragársela toda. Le costó. Más que todo porque no dejaba de menearse. Uno que es pendejo. Cuando ya casi le acababa dentro de la boca me puse a pensar que me la podía arrancar de una mordida. La puse de pie y tu mamá me tiró encima los platos y me insultó, pero sin ganas. Me caí de la silla y me costó un huevo pararme por el pinche yeso. Me imagino que parecía pendejo corriendo detrás de tu mamá como Frankenstein, pero al final la acorralé en la cocina y ella tirándome las ollas y las freideras hasta que la prensé contra el suelo, le rompí la bata para que no me siguiera jorobando, le chupé las tetas, le abrí las piernas y se la metí hasta el fondo.
Cuando terminamos, tu mamá estaba echada, llorando, mirando para allá. Tiene bonita espalda, no importa que esté medio gordita. Las piernas, pues no sé, con algo de ejercicio tal vez, pero sí lindas nalgas, como para mordérselas. Y eso fue lo que hice. Le di una mordida en cada nalga y tu mamá soltó un hipo o algo así y le metí la lengua en medio y después se la dejé ir toditita. Acabé adentro y ahí mismo me puse a pensar si tu mamá no habría hecho el agujero en la pared del baño. Cosas que a uno se le ocurren. Además, yo no soy el primer cabrón que le alquila el cuarto. Yo que vos averiguaría quién es mi verdadero papá.


lunes, 11 de julio de 2011

Poema de Efraín Huerta

MANIFIESTO NALGAÍSTA
ALELUYA COCODRILOS SEXUALES ALELUYA

Para ella que me mira morir



El gran río penetró la roca viva
y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo
se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto
y hoy padece a lo largo de pieles de tigre
a la orilla del cocodrilo que me sueña
y me hunde en el naufragio
de su carne tan blanca
oh carne nacarada en medio
de la arena
como tú
y estas dos medallas de oro que muerdo
dalias de vida y de martirio
y en ellas me retrato y consigo el descenso
al dulce infierno de tu vientre
y de nuevo los dientes
ah malditos
ah maldita tú también
larga bestia ululante despierta lengua
en aquel círculo de asesinos
(Pierde toda esperanza
amor mío)
de almas danzantes albas
cool cool cool cool jazz
¡Bríndamelo por fin!
Aleluya Aleluya magnífico Grijalva
muerto de frío de rocas y pañuelos rojos
Piérdete
adelgázate hasta la soledad
de los cocodrilos que agonizan
al pie de mi medio siglo
y de mi alcohol
cohol cohol cohol cohol jazz
cool cool cool cool jazz
marinera manía
de pintar escribir declamar pagar impuestos
luz renta etcétera
y luego abrazarte
bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas
y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo
y aleluyarte hasta no sé cuando
dormida y abrumada purificada
putificada
¡Aleluya! ¡Aleluya!
poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas
poetas inmensos reyes del eliotazgo
baratarios y pancistas
grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa
perdónenme grandes y pequeños pequeñísimos poetas
(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía
¿Peralvillo Tepito Incorporated?
Alors los invito a discurrir
pespunte limpio
por el nuevo Paseo la Anti-Reforma).



viernes, 8 de julio de 2011

El extranjero de Murvin Andino, y la soledad

Foto: Murvin Andino



A veces resulta necesario ir lejos en la geografía y descubrir el mundo en que vivimos; en otros casos, desde el repertorio circunstancial experimentado por un extranjero descubrimos la escasez propia de lo concebido como básico, sobre todo, la soledad que nos rodea y la urgencia de aplastarla, y, en el peor de los casos, la insólita tolerancia.

Para muchos el concepto de un ser denominado extranjero descansa en una fase sensorial establecida por límites estrictamente topográficos, y nos sorprende el sabernos ajenos en nuestro propio suelo o de aquello juzgado como propio. Así, el autor nos da una advertencia, “La idea de pertenecer a un lugar o a una persona es algo utópico, ni siquiera uno mismo puede jactarse de pertenecerse.”

Ésta verdad lo lleva a una migración real casi rayando en la vagabundez de espíritu. La última noche del viaje es la primera con que se comienza una suerte de diálogos internos donde delata la confusión y el vacío que le confiere la lejanía; donde nace la noche es el final hacia donde el recuerdo y el viaje, como un castigo, parece llevarlo todo para tragárselo con su abismo.

El autor se entera de una verdad ancestral. Un extranjero se escapa en la oscuridad, y es la noche quien lo traslada sobre viajes, barcos, sombras y resurgen los lugares desolados: “El viento sopla,/ la noche crece como una enfermedad terminal./ Adentro, la extraña víscera/ devora multitud de voces y quejidos.” (Noche en soledad).

Es la noche envuelta en campanas y ruido la que viene a cegarnos con soles que acaso le lanza una ciudad insensible, que bien podría ser cualquier ciudad con sus prácticas y vida cotidiana.

Somos seres condenados y desiertos. Ante esa sospecha, no hay más dudas, cuando en “Ejercer la soledad” nos dicta: “Lo peor serían las despedidas,/ los viajes largos y la muerte, (…) Lo malo sería ejercer la soledad/ como principio del espíritu,/ volar lejos a ciertos lugares,/ despedirse por si acaso…”.

“Despedirse por si acaso”… ¿Acaso no es éste un reflejo de abandono? El continuo despertar físico lo manifiesta en Soratama, el hotel colombiano donde despierta también la esperanza del extranjero ante el evidente hundimiento propuesto por la soledad interna, la infinita, la del eclipse, la del ahogo y el abismo adonde todos asisten en algún momento de la vida.

La afirmación del extraño es más bien la experiencia del extraño, ya sea porque lo es o porque la realidad que lo envuelve es más abrumadora y lo confina a su soledad humana, entonces llena con todas las reminiscencias individuales, emotivas o indiferentes, la explicación de su existencia, si acaso la misma del animal no racional que no puede expresarlo con palabras.

Se diría que es el acercamiento o la resignación del espíritu, pero, cada vez que se tiene la oportunidad el ánimo tiende a ser rebelde y expresa su parecer: de allí todo el entendimiento humano. Tenemos ante nosotros una confesión de las vivencias personales del vacío, pero, también de la firmeza descarada de la esperanza y el sentir de su persona ante tal espectáculo.

En “Museo Botero” existe una descarga de la expresión mundana a través del lenguaje del arte y su entretenimiento; descansa en esta contemplación de aquel desgarramiento desmedido de los otros poemas del libro, y se “corona la esperanza”. Lo ve reflejado en las figuras y restos de imágenes y colores, y únicamente en un resquicio del ojo nos sacude esta alerta: la soledad y el extrañamiento; y reflexiona, “El día es ese país extraño que aglomera raros mundos y algunos huesos”.

“Cada lugar es una puerta diferente, otra vida…”
¿A quién pertenece un individuo cuando se sabe sustraído o en la capacidad deliberada de abandonar o abandonarse a un lugar afecto o desigual?

En “Soratama (Hotel)” (uno de los poemas de mayor referencia física mezclada a la orfandad propia) la soledad se desliza sobre luces y atraviesa la lluvia ante el paso de un misterioso extranjero que vaga por sus pasillos y recodos. Es esa realidad y su crudeza de lejanía donde encuentra una respuesta doble: el precio de la lejanía cuanto más necesaria al oficio del escritor se hace también dolorosa; entonces el abandono es más que deliberado, y, acaso una voz de Hemingway o de John Fante está murmurándole al oído para discutir algunos ingredientes sobre la tarea de referir sucesos y experiencias cuanto mejor si son vividas en carne propia.

Por otra parte, ese abandono parece encontrarnos siempre, nos espera ineludiblemente en cualquier lugar, ante cualquier puerta.

Bienvenidos todos, asistamos a un lugar acostumbrado pero inadvertido; asistamos a la soledad, a los fragmentos de vida que solo dicta el encontrarse o el extrañarse. Lleguemos como un extranjero, continuemos el viaje adonde el autor invita y promete: “Donde mueren olas/ nacen países, hombres,…”, y añade con insistencia, como la del navegante ante un oleaje oscuro que lo provoca, “estoy otra vez pensando en partir/ y renunciar a los escombros,…” y, propone con entereza en un girar de ruedas y flotar de barcos, una marcha hacia la atmósfera donde se distingue el objeto de la vida y al hombre cuanto es ante ese sitio que podría ser “Cualquier ciudad, cualquier país,/ camino, aeropuerto, cementerio,” (…) el “lugar desconocido/ y abismal,/ que es el viaje.”


Otoniel Natarén

viernes, 1 de julio de 2011

Lectura para los amigos de San Juan de Pasto, Colombia






VII RECITAL INTERNACIONAL DE POESÍA DESDE EL SUR.

"Poesía, canción para un tiempo nuevo"

Países invitados

ANGOLA, EL SALVADOR, ECUADOR, MÉXICO Y COLOMBIA


1RA LECTURA VIRTUAL

INTERNACIONAL DE POESÍA DESDE EL SUR


PAÍSES VIRTUALES INVITADOS



ESPAÑA, BRASIL, URUGUAY, HONDURAS,PERÚ, VENEZUELA, CHILE y COLOMBIA.




Convocado y organizado por el Colectivo Cultural y Poético SOMBRILLA;

a abrir los sentidos y colmarnos de la energía dislocante de la vida, a continuar erigiendo con el arte, la cultura y la poesía la memoria histórica y así hacer un homenaje a todas las víctimas de la violencia en Colombia.


jueves, 16 de junio de 2011

Is there anybody out there?

Óscar Borge (Foto: Murvin Andino)









A continuación tres poemas de Óscar Borge Mejía, de su libro Is there anybody out there?(Ediciones Paradiso. Teg. 2011 ), cuyo texto resumiría en estos poemas que a mi parecer son de los mejores de su libro, los cuales considero poseen mejor ritmo y mayor fuerza expresiva.




Hay días raíces
gotas
lluvia martillando el camino
soles en batalla con nuestra frente
abriles perdidos en la incandescencia de un zapato
paraísos con gravidez de infierno

Y nos quedamos a la espera
de vasijas llenas
de barro luminoso

Hay días lluvia
soga
fotografías
en el armario de nuestra casa

Quizá las luciérnagas agotaron su brillo
o mordimos demasiado rápido la manzana
tal vez olvidamos hacer una pausa
y leer bien esa postal que nunca enviamos


*
No amo mi patria
Emilio Pacheco
Elegir es renunciar
Nací
fui hijo de Tomas Borge
y María Mejía
A los 21 años se me decía
tenía la obligación de elegir mi patria
elegir entre volcanes
lagos
bruma
montaña
cómo no entender que Nicarao era primo hermano de Lempira
que un 19 de julio
no tuvo puerto y rivera en Honduras

Hoy ya elegí
renuncio a tener patria
abandonar mi exilio permanente
a mi loca manía de coleccionar funerales
cantaré mi himno bohemia rapsodia
o la internacional
cantaré con estas mis manos que lees
que es esa absurda postura de una mano en el pecho
antes de cada acto cívico
yo no soy de una nación de liturgias y estatuas


*
Tu cuerpo
el verano
con el sol persistente en tu sonrisa
envejecido de lluvia

En alguna ocasión
me detuve a mirarte
con cierta caricia ingenua

Ahora
sólo veo
los obreros
el cielo de plata
los sueños apuñados

Óscar Borge mejía nació en Managua, Nicaragua. Cursó la carrera de derecho en la Unah y actualmente ejerce un cargo diplomático como consejero con funciones consulares en la embajada de Nicaragua en Honduras.

miércoles, 15 de junio de 2011

"Latinoamérica está hoy más cerca de Borges que de García Márquez": Ricardo Piglia

Jorge Luis Borges.





El escritor argentino Ricardo Piglia, renovador de la prosa en castellano con novelas como "Plata Quemada" o los relatos de "Jaulario", cree que la narrativa Latinoamerica actual está temáticamente más cerca de las "ciudades laberínticas" de Jorge Luis Borges que de la naturaleza mágica de García Márquez.

Piglia (Adrogué -Buenos Aires- 1940), ganador del XVII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con su novela "Blanco Nocturno", ofreció una hoy charla en Barcelona sobre "100 años de la novela en América Latina", en el marco del centenario de Casa América Cataluña.

El autor explicó a Efe que a pesar de la diversidad narrativa -la tradición andina, caribeña, mexicana, la rioplatense o la brasileña- que hay en ese inmenso territorio latinoamericano con cerca de 580 millones de habitantes, el arrollador "boom" de esta literatura en los años sesenta "se sintetizó en un par de rasgos".

"Con la cristalización del boom, se generó una ilusión temática en la narrativa latinoamericana centrada en asuntos campesinos, mundos con desarrollos económicos muy divergentes y de tradiciones arcaicas y fue Gabriel García Márquez quien lo delimitó con más nitidez narrativa", indicó.

Sin embargo, apuntó que la novela actual de este continente bebe más de la cosmogonía de Jorge Luis Borges, autor de una generación anterior, que de la del padre de "Cien años de soledad", del "realismo mágico" que durante décadas pareció inundarlo todo.

"Borges nos da hoy mejor la pauta de lo que es América Latina, esa mezcla de relaciones, de tradiciones culturales propias y una tentación europea cosmopolita".

"Hemos pasado de cierta mirada a las selvas, a los grandes ríos y a las grandes dimensiones de la naturaleza, para pensar en mundos de ciudades con un orden en caos, que Borges atribuía a la acción de un Dios que delira", señaló el escritor argentino.

Piglia, que dice provenir de la tradición narrativa rioplatense, ajena a la poética predominante del resto del continente, cree que entre los escritores contemporáneos de este área hay cierta responsabilidad por la herencia recibida de nombres como Julio Cortazar, Juan Carlos Onetti o el propio Borges.

Ensayista habitual, el narrador argentino, que mantiene un diario personal que estudia cómo publicar, alterna relatos y novelas, aunque no se atreve a determinar si el cuento es el principio o el fin.

"Yo escribo como un desafío a un grado de perfección al que el cuento puede llegar; también me interesa narrar un relato con pocas palabras y que tenga el efecto de una novela, es una gran fantasía", explicó.

En este ámbito, trabaja ahora en un libro de relatos, unas "historias personales" surgidas de vivencias que, si no biográficas, al menos están inspiradas en el mundo que le rodea.

Autor de cuatro novelas -desde la reveladora "Respiración inicial" (1980) hasta la premiada "Blanco nocturno" (2010)- Piglia animó a sus lectores adelantándoles que quiere dedicar "tres o cuatro veces más tiempo" a escribir novelas para acortar así los plazos de entrega.

Aunque afirmó que no lo gusta tomar posiciones políticas, destacó lo logrado por el gobierno del fallecido Néstor Kirschner y su esposa Cristina Fernández, y añadió que ésta no sólo volverá a presentarse a la presidencia sino que renovará en el cargo.

"Han encarado ciertas cuestiones que parecían imposibles de tocar en Argentina, como el papel de los militares, o la relación con el FMI, se tomaron unas decisiones y uno valora estas decisiones fuertes", remarcó. EFE

miércoles, 18 de mayo de 2011

Extranjero, Murvin Andino Jiménez

Extranjero.

Murvin Andino (Mimalapalabra.2011)


A continuación una muestra de mi nuevo poemario, Extranjero, aún en imprenta y bajo el sello editorial Mimalapalabra.

Lotófago
No volví ni siquiera la mirada.
No había razón ni castigo.
Caí en la noche y me hundí
en una multitud de piernas y brazos,
de batallas sentimentales
y en una triste figura vagabunda
con extrañas cicatrices.
Decidí regresar,
pero no había lugar, ni otra noche,
ni nadie a la espera.
No había retorno a la ilusión,
sólo las luces,
la ebriedad como camino al paraíso.
No aprendí a cambiar mis sueños
ni a conocer las despedidas.
No volví ni siquiera a decir adiós,
no había existido nada ni nadie,
sólo una esquina con fantasmas
indiferentes y olvidados.
La mañana retumbaba en mi cabeza
con los estruendos de una luna intensa.
No había nadie más, quizá el espejo,
mi camisa boca abajo sobre el suelo
y cierto aroma a veneno.
La pared, el viento, el agua, la cama,
todo estaba frío,
como muerto,
la calle seguía su camino
con sus falsos jinetes a bordo,
sólo una estatua de Bolívar,
quizá Morazán,
o Juárez, o Artigas.
No lo sé, una plaza que quizá
tampoco recuerde.


Little boy
A Rolando Gabriel Andino Rivera
Perdón por dedicarte este poema
con ese nombre miserable.
Perdón por no entender cuando decías
algo que creí insignificante.
Eran tus ojos los que de verdad decían algo,
como cuando rojos por el maldito catarro
parecían no pertenecerte.
Créeme, hijo,
desde el instante de engendrarte, te he amado.
¿Recuerdas Mr Jones de Counting Crowns
o Welcome to the machine de Pink Floyd?
Eran las canciones que escuchabas
en el vientre de tu madre
y no eran sólo música,
también tenían mis mejores deseos
y mi esperanza de entenderte siempre,
de no abandonarte, jamás, aunque fuese lo peor.
Si lo he hecho ahora, es que fallecí
y soy un cadáver más,
otro insensible,
otro demonio,
pero no he dejado de quererte,
de acercarme a tu cama,
mientras duermes,
y besarte la frente,
con estos labios que han besado con pasión
y te he visto tantas veces feliz al recibirme
y te he visto con estos ojos tristes
que han mirado lo difícil y cobarde de la vida.
Pienso entonces, Little boy,
que eres casi un hombre,
y yo, un viejo incompetente.


Ella, viendo llover en mi corazón
A veces amanecer era caerse del espejo,
cerrar el vínculo sustancial del paraíso
y desprenderse de lo vivido,
cegar la estéril criatura
y afrodisciarse el apéndice subversivo
con algunos recuerdos
de cada amanecer.
Algunas horas e inciertos muros
tenían la virtud de desterrarnos,
distintos caminos fueron la salida
a la tristeza
y el viento cambió su forma
de revólver ciego,
su doble influjo de la noche
y nos dejó la lluvia pasajera
que tenía la mañana.
A veces ella
con su mirada de cementerio radiante
volvía a la aventura astral del clítoris acorazado,
ponía a temblar mi pequeño dios marino
que se aferraba a su guarida.
A veces costaba desprenderse
del carácter migratorio de su ser,
de su ave de paraíso
y miraba la lluvia caer sobre mí,
la insoportable lucha desnuda de mi corazón.