lunes, 1 de marzo de 2010

"Soy de tres lugares": ONatarén

Fotografía de Murvin Andino
Entrevista cortesía de Claux López
A continuación una entrevista al poeta Otoniel Natarén (El Progreso, Yoro, 1975), durante la reciente presentación de su primer poemario, La piel de la ternera. El evento tuvo lugar en el Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula y contó con una regular cantidad e público, entre lectores, teatreros, pintores y amigos.

¿Quién y de dónde es Otoniel Natarén?
ON
: Soy de tres lugares puedo decir, El Progreso, luego pasé a La Lima y ahora resido en San Pedro Sula. Debo decir que me siento parte de los tres lugares, ya que no me quiero resentir ni con mi familia, ni conmigo mismo. A ver si somos profetas en nuestra propia tierra (refiriéndose a su natal El Progreso). Un hombre humilde, con un enorme grado de sinceridad, una sonrisa sincera, y un amplio criterio propio.

¿Por qué decidió estudiar la carrera de Letras?
ON: Más que un destino propio, soy libre de decir que las mujeres maduran antes que los varones y yo maduré mucho después para elegir mi carrera. Anteriormente elegí una carrera en la cual me había iniciado (Administración de Empresas), la cual hasta el momento está a la mitad, ya que mi vida me exigía algo que me reconfortara interiormente y sólo la literatura lo contenía.

Luego del cambio de la carrera y ver cómo es el ambiente de las letras, entender que se debe tener paciencia y dedicarle tiempo, ¿siente que valió la pena todo?
ON:
Sí, definitivamente que sí. Claro que de aire no se vive, pero lo de administración es algo que puedo continuar en cualquier momento pero sin abandonar la literatura.

¿Cuánto tiempo lleva ya en la carrera de Letras?
ON: (Risas...) Bueno, me cambié a la carrera desde el año 2000, y desde entonces ha estado casi cuatro años interrumpidos... Hay 10 clases nada más, pero ya estoy a punto de terminar.

¿Qué fue lo que lo inspiró para hacer este libro?
ON:
La mujer, en especial mi esposa, y todas las mujeres que veo a mi alrededor que son experiencias individuales, aún de mis amigos no se me escapan y ahí van inmersos.

¿Cuál es el significado que tiene el título?
ON: Es una metáfora, antojadiza diría yo, para algunos impura pero para mí es pura en mi concepto. Cuando menciono la piel ya está implícito algo, cuando digo "la ternera" se personifica un género pero ternera es lo anterior a la vaca, es decir algo más tierno.

¿Qué significa para usted la ilustración del libro y por qué eligió esa imagen?
ON:
Incluso los editores me sometieron a que pensara en otra imagen, pero este pintor de origen francés, William A. Bouguereau, en la mayoría de sus obras hace resaltar lo que es la figura y finura femenina, es decir la mujer es el motivo y puedo decir que también para esta poesía y también lo fue para mí.

¿Cuánto tiempo trabajó en este libro?
ON:
Son poemas viejos, pero no habían sido publicados ya que no me había detenido a revisarlos, ahora que lo hice y están publicados algunos son de 2001-2002.

Anteriormente mencionó que alguno fue inspirado en sus años de adolescencia, ¿qué significa para usted este libro lleno de recuerdos, lleno de sus años?
ON:
Bueno de todas las expectativas, gratificación total. Ya que todo lo que me esperaba me ha sucedido y todo ha sido bueno hasta el momento, tenemos claro que la literatura no es algo que se vende mucho pero si hay el apoyo de personajes privados y que es de la manera en que se puede seguir y mejorar incluso.

¿Seguiremos escuchando sobre Otoniel Natarén?
ON: Sí, me comprometo con una novela (nadie tiene que prometer nada en la vida), pero mi aspiración es una novela, quizás luego haga otro de poemas un tanto más escandaloso, pero mi fin es la novela. Del tipo de novelas que envuelven a lo humano, la tragedia, los hechos que no tienen que ver con el destino sino con la forma en cómo se confluyen las vivencias.

Según Otoniel Natarén, una novela necesita más respiración e incluso más experiencia de parte del autor.
ON: Hay que ser osado, creo que ya debo ir trabajando en una... pero sobre todo se debe ser disciplinado, creo que eso es lo principal de aprender al momento de entrar en esto...

Durante la lectura de sus poemas dijo haber leído mucho de Federico García Lorca... ¿Qué piensa de las declaraciones en el escrito de la Biografía de Salvador Dalí?
ON:
[Ríe] Claro, se han sacado muchos libros de ambos personajes pero pienso que en la genialidad viene emparentada con muchos temas que para uno son de escándalo o contrario, pero para otros nada más son su experiencia vital.

En su opinión, ¿qué le hace falta a la literatura hondureña para ser más tomada en cuenta?
ON:
Como ya sabemos la literatura hondureña siempre está en el último estante de las librerías, en otros países es difícil vender, sin embargo, hay otros países que se enfocan y ponen su interés en la cultura, los gobiernos se interesan mucho en conservar su lengua, tenemos España, Argentina, Chile, aquí cerca tenemos el ejemplo de Guatemala. A nosotros en Honduras nos toca como tarea tratar de llegar a esos ritmos.

Tres escritores de origen hondureño de los cuales ha podido disfrutar sus trabajos ON: Roberto Sosa, Rigoberto Paredes y en lo social Ramón Amaya Amador

¿Alguna mujer escritora?
ON: Juana la loca, me resulta bastante interesante. No es que uno debe optar por una sola vía.

¿Dónde puede adquirir el público su libro y qué valor tiene?
ON: Está a la venta en librería Caminante y Metromedia en el City Mall
(en el último estante, pero ahí están) su precio es de Lps. 100.00

Curiosidades:
*El libro contiene 29 poemas y consta de 62 páginas.
*El poema "Del camino" es uno de sus preferidos, ya que le hace recordar de sus tiempos de adolescente.
*El libro con un aire de humor, erotismo.
*Para el autor "La ternera" es un animal noble, lleno de tragedia, refleja tristeza y alguna vez tuvo la oportunidad de protegerse con su piel.
*Menciona que tomó ejemplo de otros autores a los cuales admira para poder dar forma y organizar bien su libro.

Al final el Autor nos deja el siguiente mensaje:
"Yo, tu autor, tu amigo imprescindible, te dejo estas experiencias en verso,
confusas, pero valiosas para quien logre congeniar con ellas; a mi modo, para
tu aprobación o desdén. Pero no intentes comprender estos artilugios, para
conservar nuestra integridad, para vivir en paz y ser partícipes el uno del otro,
testigos de nuestro tiempo, inmortales los dos".

Javier Marías: "El celular es una forma de esclavismo"

Fotografía tomada de Clarín.com

Los soldaditos de plomo invaden todos los rincones de la casa madrileña de Javier Marías, incluso la cocina. En la mesa, reposa su máquina de escribir electrónica. El escritor, tras la publicación en un solo volumen de Tu rostro mañana - su novela de 1.328 páginas-,recibe a este diario para hablar de Los villanos de la nación (Los Libros del Lince), una selección de los textos que, sobre temas políticos, éticos y sociales, ha publicado en diferentes medios de comunicación desde 1985.

Ya en 1985 decía que no hay que depositar grandes esperanzas en los gobiernos.
Tener entusiasmo por un gobierno viene a ser una ingenuidad o producto de la desesperación. En otro artículo propongo que haya la posibilidad en las elecciones de también votar en contra de un partido, y que, en el recuento, se le resten los votos negativos a cada formación. Sería lo más adecuado y lo más justo.

Se ocupa de describir la atmósfera de los años 80. ¿Qué hemos heredado de esa época?
Yo la llamo la edad del recreo. El valor básico era hacerse guapo, para lo cual a veces hay que ser rico. Se dio un proceso de infantilización de la sociedad que se ha coronado ahora. Ha ido a más la ausencia de responsabilidad por parte de todo el mundo ante cualquier cosa. La gente reclama su libertad de moverse, hacer, decir, iniciar negocios, irse a sitios peligrosos y cuando les sucede algo, dicen: que el Estado me lo arregle. Pero el Estado somos los demás. Nadie asume sus actos, nadie se responsabiliza de nada.

¿Por qué critica ciertos aspectos de la solidaridad?
Critico sus trampas. Aquí debajo de mi casa hay varios señores tumbados en el suelo a los que ningún transeúnte echa una mano. Nuestros pobres son concretos, sucios y desagradables, no los tocamos porque podrían transmitirnos su desesperación, pero, eso sí, efectuamos donaciones a Haití. No es muy simpático decirlo, pero me produce un efecto contraproducente ver cómo todos los famosos del mundo se vuelcan en Haití, y empiezan a donar dinero de manera ostentosa. Tengo la sensación de que estas solidaridades son mecánicas. Me suena a falsedad, a medalla que se pone la gente.

El trabajo y sus efectos negativos es otro de sus temas...
Hablo con mis amistades de toda España, y todos están igual, tengan el trabajo que tengan o cobren mucho o poco: no paran, no tienen tiempo de nada, trabajan sin cesar y cada vez les cunde menos. Amplían sus jornadas no para ganar más sino para dar abasto al trabajo diario. Apenas tienen ocio y están permanentemente agotadas, medio enfermas o desquiciadas. Es el gran mal de nuestros días. Las personas que están hoy a sueldo se desloman como no se había visto en los últimos 40 años. Es la opresión más grande que vive la gente corriente.

¿Sigue sin e-mail ni celular?
Sí. Me niego a utilizar celular, tengo uno sólo para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde estás. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que las empresas se los ponen a sus empleados.

¿A usted qué lo irrita?
No sé. Hay una serie de cosas que siempre habían sido de derechas, reaccionarias, puritanas y, de pronto, han resucitado presentadas como propuestas avanzadas.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, si se ve un culito en un anuncio, dicen que es una denigración de la mujer. ¿Pero por qué va a ser una denigración? Que salgan siempre mujeres en los anuncios de hemorroides, dentaduras postizas y dietas de adelgazamiento me parece más denigrante. Que salga un cuerpo de mujer agradable, en cambio, es una especie de aprobación y enaltecimiento de la mujer.

© La Vanguardia y Clarín

viernes, 5 de febrero de 2010

"Charles Bukowski me escupió en la cara"

Tomado de http://www.elmalpensante.com/

David Barker
Un salivazo es lo que une la vida de Buk con la de un imberbe fanático de sus versos. La víctima regresa a esa noche de comienzos de los setenta en que le tocó conocer al ídolo mucho más a fondo de lo que hubiera querido.


La Taberna 49 estaba oscura y llena. Charles Bukowski, el más grande poeta del siglo XX en Estados Unidos, estaba de pie en el estrecho pasillo entre las mesas de madera empapadas de cerveza y la fila de sillas ocupadas de la barra. Bailaba borracho, con los brazos por encima de la cabeza, con una sonrisa ciega y cansada que le atravesaba toda su cara de mil batallas.
Era una cara dolorosamente viva, como carne de hamburguesa cruda, con todas las terminaciones nerviosas y las heridas abiertas, mostrando el horror y la agonía de vivir con el genio que no transige en una tierra de imbéciles. Era Lázaro levantado de entre los muertos por un Jesús bendecido y sangrante. Era Zorba el griego con los brazos balanceados y meciéndose suavemente. Era Charles Bukowski bailando.

Me detuvo cuando pasé entre la barra y él. Quedé paralizado como un conejo asustado, detenido por la hipnótica mirada de una cascabel enroscada. Su amplio pecho se expandió y sus poderosos brazos se elevaron aún más, listos para golpear, para caer sobre mí aplastándome.

Luego me escupió en la cara. El poeta más grandioso de los Estados Unidos, mi ídolo, mi héroe. La saliva lentamente empezó a descender por mi cachete. Yo no me limpié.

Dije “Gracias” y me devolví para la mesa.

Era Bukowski, el mejor escritor del mundo. El Hemingway de su época pero mucho más rudo y real que el mismo Hemingway. Y nos odiaba cuando decíamos esas cosas de él porque sospechaba que de pronto eran verdad. Y él espantaba su grandeza como si fuera una mosca impertinente.

Le decíamos Bukowski. No Charles Bukowski sino Bukowski. Los amigos cercanos le decían Hank, por lo de Henry, que es su primer o su segundo nombre, no recuerdo cuál. Y muchos de los editores de las pequeñas revistas durante los años sesenta le decían Buk o el Buk (que en inglés rima con puke, es decir, vómito) pero a mí nunca me importó.

Él era nuestro dios. Todos queríamos ser como él. Es decir, queríamos ser él. Queríamos su cara, su barriga de cervecero, sus entradas en el pelo, las cicatrices del acné, su nariz protuberante y venosa como si fuera una inmensa espada o la cabeza de un pene, el cuerpo deteriorado por la bebida, la carne avinagrada. Queríamos sus borracheras, sus mujeres salvajes, su poesía brutal, su alma en pena. También queríamos vivir esa leyenda. Pero ella solo le pertenecía a él. Únicamente dios sabe cómo la había conseguido. Y no se la iba a entregar a nadie.

Charles Bukowski nació en Alemania en 1920 y creció en Los Ángeles, California. En muchas de sus historias dice que su papá le pegaba, que cuando era un adolescente sufría de un horrible caso de furúnculos del tamaño de pelotas de golf por toda su cara y espalda que lo dejaron por siempre con cicatrices. Feo y asocial, empezó con la bebida cuando estaba en la secundaria y nunca la dejó.

Bukowski asistió al City College de Los Ángeles durante un tiempo, se salió y se convirtió en un vagabundo que escribía cientos de cuentos que ahora están perdidos y que él enviaba a las revistas de literatura al ritmo de más o menos cinco por semana. Todos eran devueltos y rechazados. Pero en 1945, a los veinticuatro años, publicó su primer cuento “Secuelas de una larguísima nota de rechazo” en la prestigiosa revista literaria Story.

Ese mismo año dejó de escribir y se embarcó en diez años de borrachera, vagando de ciudad en ciudad, de albergue en albergue, de un trabajo de mierda al otro, de puta en puta. Lo golpearon en bares de maleantes, se casó con una millonaria texana que tenía un cuello deforme y de quien se separó, durmió en canecas de basura en callejones infestados de ratas, pensó en suicidarse.

En 1955, fue internado en la sala de caridad de un hospital de Los Ángeles con úlceras sangrantes debido a la bebida. Por poco muere, y cuando salió del hospital consiguió un trabajo en una oficina postal, se compró una vieja máquina de escribir y empezó a crear la poesía que le dio la fama de duro poeta de la calle.

La primera vez que lo leí fue en los sesenta cuando escribía una columna para la Free Press de Los Ángeles titulada “Escritos de un viejo indecente”. Eso era buena prosa, divertida, impactante, espontánea pero por supuesto yo no tenía idea en ese momento de la poesía que él ya había escrito, la inmortal “tragedia de las hojas”, los poemas de amor para Jane, su único y verdadero amor que murió joven debido al alcoholismo: “Pruebo las cenizas de tu muerte”, “Para Jane: con todo el amor que tenía, que no fue suficiente”, “Uruguay o el infierno”, “Despido”; los poemas de amor más tristes escritos alguna vez. Cosas que rompen el corazón. Ni siquiera sabía que escribía poesía, mucho menos que era el poeta más importante en hacer su aparición en más o menos los últimos cien años.

Yo trabajaba en la biblioteca de la universidad de Long Beach State. El único tipo que sabía de Bukowski era un negro alto con un ojo malo que le revoloteaba por la cara cuando sonreía. Se llamaba Tony y vivía con una muchacha que tenía un bebé de él o de otro. Era inteligente, pero no hablaba mucho, se enredaba con las palabras cuando hablaba.

Le mencioné la columna de Bukowski un día que estábamos recogiendo los libros devueltos en el cuarto posterior y la cara de Tony se iluminó. Luego empezó a gritar emocionado y sin control.

“¡Sí, sí, hombre; ya leí al tipo! ¡Ese hijueputa está loco! ¡Es genial!”.

Pero fue John Kay quien me habló de sus poemas. John y Leo Mailman editaban una pequeña revista que se llamaba Mag. Era una buena revista sobre todo teniendo en cuenta que salía de una universidad. John tenía buen gusto y sabía dónde había buena poesía cuando se topaba con ella.

Cuando lo conocí, John acababa de sacar un libro de Gerry Locklin que se titulaba Poop and other Poems. Poop era en cierto modo un best seller para una editorial pequeña ya que agotó la primera edición de 500 libros en un mes y con el tiempo fue reeditado muchas veces. Localmente el libro era conocido porque Locklin, profesor en Long Beach State, tenía una fama muy bien ganada y el libro tenía su encanto, con ese título y la foto de Gerry sentado desnudo en la bañera con una cerveza y su patito de hule. Qué bien.

Por medio de John Kay conocí a Gerry Locklin y finalmente a Bukowski. Entre los dos, a su modo, me alejaron de ser ese poeta de mierda oscuro, romántico y sin esperanzas y me llevaron a otra parte; hacia el poema como debe ser si es que debe ser cualquier cosa.

domingo, 31 de enero de 2010

"Escribo para destruirme a mí mismo", Guillermo Fadanelli

Guillermo Fadanelli. Foto Efe.


No se sabe por qué razón, de un tiempo a esta parte muchos escritores, en vez de hablar de editores hablan de mercado, palabra semánticamente infectada por tantas razones. Pero lo interesante, o lo llamativo, es que se refieren como antítesis del mercado al escritor “en soledad”. Imagen galdosiana que poco tiene que ver, salvando excepciones con autores actuales sometidos al ruido y la furia.
Guillermo Fadanelli es muy conocido en su México natal. Tiene gestos de estrella del rock pero con académica formación filosófica. Si no viviera en D. F. diríamos que su gorra de béisbol se la robó un vendedor ambulante aunque le delate citar a Phillip Soller. Siempre tiene una cita en la recámara y dado que lo único que aspira con su obra es a destruirse a sí mismo, habrá que creer que soporta a los estructuralistas y a los productores cinematográficos.
Trabaja para el cine además de para destruirse a sí mismo (ahí están “La otra cara de Rock Hudson” y “Elogio de la vagancia”). “A mí no me importa si el director destroza una novela… eso es imposible”, dice. Él sólo pide por contrato salir una noche con la protagonista principal. Es autor de “vídeos basura”, inspirados en las lecciones de John Waters (“Pink Flamingos”, etc.), de manera que los actores, cuanto más malos, “más cerca estaban de la creación”.
El editor Malcolm Barral le propuso un tema muy privado para la diserción, aunque demasiado sabido: el alcohol. Y empezó por Kinsley Amis por puro capricho: “Lo que más me gusta de una mujer cuando está desnuda son sus ojos”. Buena cita, sí señor. La de Scott Fitzerald no estuvo a la altura o comparar a su hígado con su mejor amigo. Al final, aceptó que “no se puede construir ni una ética ni una práctica literaria” por dos copas de más. “La literatura, como el beber, es dar vueltas sobre tu tumba”. Esa estuvo bien.
Fadanelli, un autor brillante, divertido, ocurrente, con menos sentido trágico (la culpa es de John Waters) que lo que parece, se despidió con una sentencia de la que un día quizá se pueda arrepentir: “un hombre feliz no puede escribir”.

jueves, 28 de enero de 2010

Goodbye Mr. Salinger

Imagen de: www.larazon.com.ar


Jerome David Salinger, el autor de «El guardián entre el centeno», ha muerto a los 91 años de causas naturales en su remota casa de Cornish, en New Hampshire. En el mundo nos hemos enterado de la noticia por su hijo, Matthew Salinger. Y la noticia es noticia porque nos empeñamos en que lo sea muy en contra de la voluntad del autor de la obra y de la vida de Salinger. Él hacía muchos años que nos había dado a los curiosos con la puerta en las narices.
Hablamos de alguien cuya alergia no ya a la fama, sino a la mera luz pública, sólo se ve superada por la de Thomas Pynchon, otro perfecto ermitaño de la literatura norteamericana. Entre los dos fundan una de las paradojas más hermosas del capitalismo: el éxito de sus libros les ha permitido vivir literalmente del cuento y no hacer otra cosa que escribir, y en cambio nunca se han dignado a pasar por el aro de complacer o ni siquiera atender al público. Miles de millones de lectores hemos aceptado sin rechistar que no se nos dé ni agua, sólo la obra a secas.
Pero qué obra. Sólo por «El guardián entre el centeno» uno se gana el cielo o por lo menos la presencia en todos los programas de lectura de todos los institutos de secundaria del mundo. La historia de Holden Caulfield, quintaesencia del adolescente eternamente atrapado entre las restricciones de la infancia y la trampa de la madurez, no ha dejado indiferente a nadie desde su publicación en 1951.
La obra es tan escueta y a la vez tan sugerente que tiene más partes sumergidas que un relato de Hemingway. Cada cual la puede leer a su gusto. El enganche es tan universal y tan fuerte que Salinger murió batallando porque no apareciera una secuela sin su permiso, obra de un autor que se había imaginado el mundo de Holden Caulfield de viejo. Ganó Salinger.
El caso es que ni Salinger ni su criatura parecían predispuestos en principio a llevar una existencia tan torturada. Holden Caulfield ya era el protagonista de un primer relato corto, Sligth Rebellion in Madison, que el escritor trató de publicar en 1941. Luego vino el bombardeo de Pearl Harbor y aquello se consideró impublicable. No había margen para la adolescencia frustradamente narcisista y tirando a nihilista en aquellas horas de sacrificio y de guerra.
La Segunda Guerra MundialOtro tanto le pasó al mismo Salinger. Judío, le mandaron muy joven a estudiar a Viena, de donde tuvo la suerte de salir muy poco antes de que Hitler iniciara su avance. Quizás sintiéndose vagamente culpable por ello Salinger sirvió de buen grado en la Segunda Guerra Mundial. Así conoció a Hemingway y a la que sería su primera esposa, la alemana Sylvia Welter.
Atrás quedaban unos escarceos con Oona O’Neill, la hija del dramaturgo Eugene O’Neill, a quien le gustó Charlie Chaplin. Atrás quedó también cierto gusanillo del mismo Salinger por el teatro.
Por delante quedaban la guerra y un desasosiego infinito. Como le diría con el tiempo a su hija Margaret, “el olor de carne humana quemada no se olvida nunca”. Salinger fue de los primeros soldados norteamericanos en entrar en un campo de concentración.
Ni él ni su escritura volvieron a ser los mismos. Holden Caulfield por fin vio la luz pero ya en una versión incurablemente amarga. Salinger agradeció el éxito pero lo utilizó para escapar del mundo. Se hizo budista acérrimo. Se casó con una joven estudiante de Radcliffe a la que casi obligó a dejar de graduarse para huir con él. Tuvo dos hijos. Se separó de su esposa y tuvo una amante con la que también acabaría peleando por su privacidad. Nunca volvió a dar la cara. La foto suya que circulaba era de décadas atrás.
El niño americano que salió de la guerra siendo sólo un hombre se ha ido de casa para siempre por fin. Ahora sí que ya no hay manera de devolverle al redil. Ya descansa en paz.

Tomado de Diario ABC.

sábado, 23 de enero de 2010

O HAITI SOMOS NÓS

Antonio Miranda. Foto Murvin Andino

Un poema de Antonio Miranda (Estado de Maranhão, Brasil, 5 de agosto de 1940), dedicado a Zilda Arns, fallecida este mes durante el trágico terremoto en Haití.


O HAITI SOMOS NÓS

Para Zilda Arns, in memoriam
Todos os furacões açoitaram o Haiti!!
E o Haiti é o nosso paradigma de liberdade!
Todos os ditadores devastaram o Haiti!
E o Haiti é nosso exemplo de iluminismo!
Espelho de Bolivar e admiração de Washington!
Todos os terremotos abalaram o Haiti!
Alejo Carpentier sabia ser ali, sem dúvida,
"el reino de este mundo", a Bastilha da América!
Reflexos, vestígios de uma herança maldita.
Devemos manipular magicamenteos elementos,
para exorcizá-los. Vudú.
Diante das imagens terríveis dos destroços,
vêm as perguntas de respostas já sabidas!
De horror, de indignidade, de indiferença.
Diante das imagens terríveis dos escombros,
a mesma pergunta que o Papa fez
quando visitou os campos de extermínio:
"Onde estava Deus?" Onde estamos nós?!

Antonio Miranda
Enero de 2010

HAITÍ SOMOS NOSOTROS
Para Zilda Arns, in memoriam

¡Todos los huracanes azotaron Haití!
¡Y Haití es nuestro paradigma de libertad!
¡Todos los dictadores devastaron Haití!
¡Y Haití es nuestro ejemplo de iluminismo!
¡Espejo de Bolívar y admiración de Washington!
¡Todos los terremotos sacudieron Haití!
Alejo Carpentier sabía ser allí, a buen seguro,
"el reino de este mundo", la Bastilla de América.
Reflejos, vestigios de una herencia maldita.
Debemos manipular mágicamente los elementos,
para exorcizarlos. Vudú.
Delante de las imágenes terribles de los destrozos,
vienen las preguntas de respuestas ya sabidas.
De horror, de indignidad, de indiferencia.
Delante de las imágenes terribles de los escombros,
la misma pregunta que el Papa hizo
cuando visitó los campos de exterminio:
¡"¿Dónde estaba Dios?" ¿Dónde estamos nosotros?!

viernes, 22 de enero de 2010

"A casa regresan los guapos"

Portada de La piel de la ternera de Otoniel Natarén
La piel de la ternera es el segundo poemario de la editorial Mimalapalabra, el primero publicado por Otoniel Natarén (El Progreso, Yoro. 1975).
Comparto con Otoniel desde hace varios años, aparte de los cafés, las cervezas y la amistad, muchas conversaciones que me hicieron entender que a pesar de su trabajo silencioso era un poeta que fraguaba en su obra algo importante y valioso, un libro de calidad y gran valor para la poesía de hondureña.
Nada más me queda invitarlos a adquirir el poemario de Otoniel en Librería Caminante en el barrio Guamilito y en Metronova del Citi Mall y, sobre todo, a conocer la piel de esa bovina irreverente. Para mi amigo mis felicitaciones por su publicación. (Nos vemos un día de estos donde Meche para el brindis, o mejor donde haya buenas ubres. Ahora que tenemos Corral y tenemos Ternera...)
A continuación les dejo tres poemas, nada más, para no gastar el poemario, como muestra de la obra de Otoniel Natarén.


LAURETTA

Para escuchar esas canciones fue que ella subió;
para ver los techos de la ciudad, en la noche.

Todo el apasionamiento se grabó en las escaleras y
los vitrales.

Después llevó sus muebles,
les sacudió el polvo, y se instaló... para esperarlo.
Le dijo, ¡adiós!, con las cortinas blancas;
ella hizo la cena;
ella gritaba a todos desde el balcón, diciendo:
aquí estoy, esta es mi casa, la sala toda, hasta la
cocina,
y mostraba complacida sus prodigiosos pasteles.

Ella elevó a todos en el humillo de su marihuana.

Todos se encargaron de matarla
por cuanto ella pudiere haber matado desde sus
barandas;
él se demoraba,
ella rompió los calderos
y lanzó los guisos por la ventana.

Mañana volverá a levantarse,
y volverá el hambre;
toda la obsesión desprendida de los vitrales.

(Para aprenderse aquellas canciones
fue que ella subió).

Todos se prometieron cantearla.

(Ella creyó en las luces).

La ciudad callaba… mientras amontonaba
las piedras.



A CASA REGRESAN LOS GUAPOS

A mis inmortales tutoras de Letras

Abajo, en las verdes estampas;
bajo la gruesa tapa está el membrete,
el sello,
la fascinante tumba que dio vida a sus voces,
para despertar un día,
juntos,
señor y señora.

Aunque los hombrunos brazos…

“Yo soy la Dulcinea, la del Toboso,
donde ciertamente esperamos
a tan alto caballero”.

LA PIEL DE LA TERNERA

Aquí comienza el libro,
los llamados de la piel;
de aquel encierro,
de aquella mujer;
el mismo deseo, el mismo encadenamiento,
cual si la bestia fuera,
cual si la bestia es,
donde desbocan los caballos.

Dios nos ampare a todos.

Dios se apiade cuando se frunza nuestra madera
y sólo el libro sobreviva.

Vayamos todos los demolidos,
los crápulas,
a reconocernos en nuestros cerrojos,
con las ventanas abiertas de nuestras almas
libertinas.

Vayamos a ser verdaderamente hipócritas
puesto que nada nos conmueve,
y trotamos el mundo, fementidos y rufianes.

Pero, algo guardamos del abandono;
porque algo nos conmovía;
algo nos llenaba de las ternuras,
y aunque, arrojados del seno,
alguna verdad se nos presentó amable,
para cumplir los días,
para tocar sus trompetas,
con nuestras supremas pieles en los supremos
pabellones,
cuando la voz le cante,
a ella carnal, sufriente, corruptible;
blanca y verdadera.